'Arx ex industria', eje central del 40 aniversario de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública
Javier Puertas Juez, presidente de AVPIOP, diserta en el Itsasmuseum sobre el patrimonio industrial europeo
Europa fue durante al menos dos siglos un taller abierto al viento. En sus riberas y cuencas mineras se forjó una épica de carbón y acero que todavía resuena en los muelles del Nervión. Desde esa geografía simbólica, la conferencia del presidente de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP) Javier Puertas Juez convocó no tanto a la melancolía como a la lucidez: el patrimonio industrial no es una reliquia oxidada, sino un sistema nervioso que aún transmite impulsos a la ciudad contemporánea.
El escenario no fue casual. El Itsasmuseum Bilbao, antiguo espacio portuario transformado en museo marítimo, encarna la metamorfosis de una ciudad que aprendió a convertir la escoria en relato y la memoria en motor económico. En el marco de Ars ex Industria, exposición y proyecto que conmemora el 40 aniversario la intervención se situó en la frontera fértil entre arte, industria y ciudadanía.
El riesgo actual oscila entre dos extremos: la ruina romántica que se desmorona en silencio y el parque temático que trivializa la experiencia obrera. Puertas Juez defendió un equilibrio crítico que preserve la autenticidad material sin renunciar a la viabilidad económica. Algo de eso también saltó a la palestra en una charla de Javier, moderada por Maite Ibáñez, anterior presidenta de AVPIOP. La vieja Europa, ya les dije, que tanta industria cargó a sus espaldas.
Sin ánimo de impartir una charla paralela (Dios me libre, sería horroroso por mi parte...) permítanme que les espolvoree un puñado de ideas al respecto del tema. Las antiguas infraestructuras energéticas interpelan hoy a la sostenibilidad, por ejemplo. O que la memoria industrial es también memoria de conflicto y solidaridad. O que el patrimonio no se hereda, se negocia.
A medida que se acercaba la hora de la charla, la terraza de Itsasmuseum iba despoblándose. No en vano, la buena tarde invitaba a esa espera plácida. En una mesa de tres, Javier González, Carmen Ortuzar y Maite Urquijo hablaban del paisaje a la vista, tan industrial y marítimo. Es lo que les gusta. Maite, de quien ya les hablé, se saludaba con Maribel Delgado, Joaquín Cárcamo, aparejador. investigador y divulgador sobre Patrimonio Industrial y de la Obra Publica de AVPIOP, y Miguel Mateos, entre otros como, por ejemplo, Eugenio Villar, Marta Zabala y Begoña Salinas. Todo eran saludos.
Iba y venia por todas la latitudes del museo su director Jon Ruigómez, saludando, repartiendo bienvenidas, interesándose con curiosidad por lo que iban a contar.
Por la cita pasaron gente como Ángel Txentxo Asensio, hombre de la cultura y hombre que se saludaba con efusividad con Arantza Garaikoetxea, compañera de viaje de José Ignacio Homobono, el fotógrago Santi Yániz, Agustina Mararón, Francisca Nieto, madre de nuestro compañero y artista gráfico Asier Sanz, acompañada por Ángel Comontes, Charo Pérez Mazón, Lourdes López, Daniel Martínez Añón, Pilar Monasterio, Luis Mazón (hubo bromas con un apellido que hasta hace nada pasaba desapercibido...), Jaime Fernández; el arquitecto Iñaki Iriarte, José Luis Agirre, José María Alonso, María Jesús Olarreaga, Luis Redonde, Joseba Uriarte y un buen puñadito de gente interesada.
Flotaba en la atmósfera la idea de que, en última instancia, repensar implica aceptar que Europa no solo se edificó sobre catedrales y palacios, sino también sobre altos hornos y astilleros. Allí donde el óxido dibuja mapas sobre el metal, persiste una lección: el pasado industrial no es un lastre, sino un espejo donde el continente puede reconocerse mientras aprende a reinventarse.
En los corros se hablaba que Ars ex industria cerrará con llave un 26 abril, un día que recuerda aquel otro terrible en Gernika.
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