Ima Gutiérrez, el 'the end' de una ilusión

10.01.2021 | 01:04
Las trapagarandarras Ima Gutiérrez y Estíbaliz Fonseca han mantenido abierto hasta la semana pasada el último videoclub que existía en Trapagaran.

El cierre de las actividades no esenciales debido al coronavirus dio la puntilla al negocio que Ima Gutiérrez abrió con gran esfuerzo hace una década en Trapagaran. La aparición de las plataformas 'on line' fue el principio del fin

A pesar del enorme trago que supone cerrar un negocio en el que has puesto alma, corazón y vida a lo largo de una década, la trapagarandarra Ima Gutiérrez, gerente del Metrópolis, el último videoclub activo del municipio minero, aún tuvo el suficiente pundonor de escribir en redes sociales una emotiva carta de despedida y agradecimiento a los cientos de clientes y amigos que se han dejado ver a lo largo de estos años por el local de la calle Nafarroa. Un templo del ocio del que uno podía salir con el pack completo de película o videojuego y chucherías para la sesión. "Es que es verdad, es así", señala Ima con los ojos henchidos de emoción. "Han sido diez años de trabajo en los que hemos vivido de todo. Son diez años de trabajo, pero sobre todo de amistades, de gente que se ha muerto, de gente que ha nacido y a la que hemos visto crecer en la tienda, de anécdotas, de gente que nos ha estafado, que nos ha robado, años en los que hemos hecho de guardería de animales y de paquetes, de oficina de objetos perdidos, de confesionario,... Ha habido de todo, pero en el fondo nos lo hemos pasado bien y con cosas malas puntuales, porque la gente se ha portado bien con nosotras", resume Ima con el asentimiento de Estíbaliz Fonseca, su fiel escudera y colaboradora en este periplo que comenzó en noviembre de 2010.

"Yo me animé cuando cerró uno de los dos videoclubs que había entonces en El Valle", enuncia Ima. "Mi hijo tenía apenas un año y yo me quedé entonces sin trabajo. Se lo comenté a mi marido, que regenta un bar aquí en Trapagaran, y además de que a mí me gusta mucho el cine, lo planteé como un negocio cualquiera en el que había un hueco a cubrir y lo hice aunando las películas, los videojuegos y las chucherías. Curiosamente, empezó siendo un videoclub con chucherías y acabó siendo una tienda de chucherías con videoclub", explica.

Un establecimiento que en su momento álgido consiguió reunir a cinéfilos y amantes de los videojuegos de varias generaciones que no dudaban en convertir el Metrópolis en un pequeño cenáculo para el intercambio de opiniones. Aunque sobre todo, tal como relatan Ima y Estíbaliz, "en el Metrópolis hemos arreglado el mundo más de una vez con nuestros clientes".

Una dilatada trayectoria que da para un extenso anecdotario del que Ima tiene grabada una ocasión en la que entraron dos chicos en sillas de ruedas. "Se dieron una vuelta completa por el local y lo miraron y remiraron todo durante un buen rato y de la misma se fueron sin decir ni mú. Nunca entendimos por qué pero nos llamó mucho la atención", recuerda Ima, cuyo hijo ha crecido entre los pasillos llenos de ficción. "Era un renacuajo, pero no le daba reparo aconsejar a los clientes a los que acompañaba a buscar las películas", recuerda Ima.

reinicio 

"Realmente nos da pena dejarlo porque, además, creo que teníamos una buena clientela fija. Pero el aumento del alquiler y la situación que atravesamos con la pandemia unido a que la aparición de las plataformas de televisión de pago nos lo han puesto muy difícil y no me veía trasladándome a otro sitio y empezar otra vez", declara Ima Gutiérrez. En estas fechas del año está resolviendo los papeles para el cese de negocio mientras Estíbaliz hace lo propio para ingresar en el desempleo. "Hemos puesto punto final a la tienda, pero ahora estamos viendo qué vías vamos a emplear para poder deshacernos de todo el material videográfico y de videojuegos que tenemos acumulados, ya que son todos nuestros. No sé si pondremos un puesto en el mercadillo o acudiremos a tiendas de segunda mano y de intercambio donde estos productos tienen buena salida", plantea esta emprendedora.

Reconoce que echarán de menos a muchos clientes. "Sobre todo a los más cinéfilos que venían a buscar sus películas en Blu-ray porque les gusta ver los extras, el making of, entrevistas y cosas así y, por otro lado, a los abuelos y adultos que acudían a comprar chucherías para sus nietos o hijos y aprovechaban de paso para darse un capricho. Ellos eran los que nos daban mayor gasto que los propios niños", rememoran Ima y Estíbaliz con gesto agradecido y agridulce en el hasta pronto.