Once mujeres migrantes ponen rostro a la capacidad de superación personal

La exposición 'Bertokoak-Mujeres de aquí', coordinada por Zabalketa, recorrerá varios municipios vizcainos

07.03.2021 | 12:57

"Siempre pienso en positivo, yo estoy intentando integrarme, inténtalo tú también", resume la georgiana Tea Bandzeladze, una de las once personas que ponen rostro a las dificultades que atraviesan las mujeres migrantes en Euskadi. Sus testimonios se recogen en la exposición fotográfica Bertokoak-Mujeres de aquí, una muestra coordinada por la ONGD getxotarra Zabalketa junto con Ongi Etorri Errefuxiatuak Sestaoko Asanblada, y con la colaboración de la Dirección de Víctimas y Derechos Humanos del Gobierno vasco.

La exposición, que recorrerá diversos municipios vizcainos, ofrece imágenes de mujeres de distintas edades y generaciones, que han venido de otros lugares y no lo han tenido fácil para salir adelante.

Historias duras, de superación, de lucha y reconstrucción, que ejemplifican a la perfección la necesidad de no arrojar la toalla por muy cuesta arriba que se ponga la vida. Un ejemplo de vida frente a la adversidad. "Gracias a esta exposición se muestra la capacidad de resiliencia y superación de las mujeres que, por un motivo u otro, se han visto obligadas a emigrar. Siempre desde una perspectiva positiva, destacando aspectos de convivencia y de relación de interculturalidad", destacan desde Zabalketa.

Así, a través de las miradas de fotógrafos como Gontzal Fernández, Nuria Castillo, Nestori Robakidze o Itsasne Diez, se busca reflejar una realidad multicultural y mostrar la capacidad de superación de las mujeres en situación de vulnerabilidad, destacando aspectos de convivencia y de relación intercultural.

La primera parada de la muestra será Sestao, a partir de mañana coincidiendo con el 8-M en la escuela de música. Después, en abril, cambiará de margen para recalar en Leioa, en la escuela de empoderamiento, y en mayo en Getxo, en la Romo Kultur Etxea. En junio permanecerá en la localidad getxotarra, pero esta vez en el aula de cultura de Villamonte de Algorta. Ya en septiembre se volverá a trasladar a Ezkerraldea y se instalará en el centro cultural Santa Clara de Portugalete. En octubre visitará Barakaldo, concretamente, en el centro cívico de Cruces.


Resiliencia 


Una de esas mujeres luchadoras es la nigeriana Ugochi Azuogu. "Llegué a Portugalete hace catorce años de la mano de mi hermano. Decidí dejar mi país porque allí no tenía familia y necesitaba tratamiento para mi discapacidad. A través de un celador del hospital de Cruces, me abrieron las puertas de la Asociación de Personas con Discapacidad Física de Sestao, Afises. Me encuentro bien aquí, gracias a Dios estos años me he cruzado con personas buenas que me han ayudado y acompañado", explica.


Tahra Abdlwadud, Josefa Santos Cuadrado, Maira Marleni Zepeda y Hanane Dahman.

Otra de esas supervivientes de la vida es la saharaui Tahra Abdlwadud. Madre de dos niñas, llegó a Euskadi hace siete años "empujada por la difícil situación que atravesaba mi país". "Decidí venir porque mi marido estaba aquí. Los primeros años fueron muy difíciles, los peores de mi vida, ya que la acogida en general fue muy mala, sentía mucha nostalgia y todo me resultaba desconocido. Actualmente me encuentro bien, soy madre soltera y rodeada de lo mejor de mi vida: mis hijas", destaca.

Constituye otro ejemplo de superación personal la salmantina Josefa Santos Cuadrado. Hija de labradores, a los 18 años marchó a Madrid a trabajar como doncella. Tras cuatro años en la capital, se trasladó a Bizkaia a recoger chatarra en Altos Hornos. "Este es el trabajo que menos me ha gustado porque es muy exigente físicamente y las mujeres no estaban aseguradas, a diferencia de los hombres", expone. Por suerte, después consiguió trabajo de limpieza y acompañamiento a enfermos del hospital de Cruces. "Entre ida y vuelta del trabajo a casa conocí a mi marido, Cándido, en el autobús. Formé una familia con él y años más tarde abrí una pescadería con mi cuñado", indica. "A pesar de todas las vueltas que he dado durante la vida y los momentos duros que viví, he sido muy feliz. Soy una mujer trabajadora, esposa, madre y abuela", sostiene.

Escapar de la violencia fue lo que llevó a la hondureña Maira Marleni Zepeda a Euskadi. "Tomamos la decisión de venir después de un escenario de violencia en el que fuimos objeto de amenazas y persecución. El desarraigo es terrible y el duelo se prolonga mucho tiempo", desvela.

A veces, las imposiciones familiares fuerzan también el desarraigo. Este es el caso de la marroquí Hanane Dahman, con dos hijas a su cargo, de 13 y 10 años. Casada por acuerdo familiar a los 17 con un hombre mucho mayor al que no conocía y que "nunca" le trató bien. Actualmente, está separada y lucha por salir adelante. "Siempre quise salir de Marruecos y cuando tuve las dos niñas empecé a ahorrar dinero por mi cuenta, preparando comida para otras personas. Durante cinco años y cuando tuve ocasión, con ayuda de una amiga, compré un billete a Bilbao. Hace dos años que vivo aquí. No es fácil, otro idioma, otra cultura y sin conocer a nadie. He hecho amistades y vamos saliendo adelante", señala.

La venezolana Yuri Lisbeth Becerra Páez sostiene que haber tenido que dejar atrás su hogar ha sido la experiencia más dura de su vida. "Lidié durante dos años con las traumáticas secuelas psicológicas y emocionales. Puedo decir que lo he perdido todo y lo he recuperado todo. Pido que le brindemos el mismo trato y cariño a toda aquella persona que llegue", concluye.