‘Eme’, el señor del cronómetro, otro grande del ciclismo
Emeterio Mazaga fue juez del Colegio Vizcaino de Árbitros
Basta apretar el botón y el cronómetro inicia su trabajo: contar el tiempo entre esa pulsación y la siguiente. Antiguamente, cuando empezamos, hace ya tantos años, el tiempo corría montado en una aguja que daba vueltas por una esfera blanca; después llegaron los aparatos digitales y los números negros saltaban en una pantalla gris, casi tan rápido o más que los ciclistas que cronometraban.
Muchas veces fue el dedo de Emeterio Mazaga quien puso en marcha esos cronómetros. Eme, además de buena persona y buen amigo, fue uno de los mejores cronometradores que ha tenido el Colegio Vizcaíno de Árbitros, al que llegó de la mano de otro referente del ciclismo como Javier Iturbe.
Bizkaia ha sido una de las mejores canteras ciclistas del mundo. De aquí han salido muchos corredores profesionales y, también, muchos y muchas deportistas que sin llegar a la máxima categoría han tenido la suerte –sí, la suerte– de crecer y formarse en los valores de las dos ruedas. En esa importante tarea colectiva de educar personas han participado aitas y amas, entrenadores, presidentes y directivos de clubes, patrocinadores, federativos, médicos deportivos… y también los jueces árbitros. Locos, todos, capaces de regalar sus fines de semana y su tiempo libre para que chavales y chavalas practicaran esa maravilla de la vida que se llama ciclismo.
Era un profesor para los chavales y para los directores. Y para nosotros sus compañeros. Un grande. Otro imprescindible del ciclismo
Emeterio era uno de esos chalados. Me resulta imposible calcular las miles de carreras que habrá arbitrado. Algunas de la máxima categoría, como su querida Subida a Urkiola, pero la mayoría de base. De pico y pala. Tenía genio, sí, pero mucho menos que buen corazón. Después del cabreo por alguna pifia –parar a reparar a la izquierda, no llevar dorsal, agarrarse al coche…– siempre había lugar para la explicación, la calma y la sonrisa. Era un profesor para los chavales y para los directores. Y para nosotros, sus compañeros árbitros. Un grande, Emeterio. Otro imprescindible del ciclismo.
Nunca era demasiado lejos ni demasiado pronto. Le daba igual ir a arbitrar a Karrantza que a Ondarroa. Lo mismo una prueba de carretera, una de pista o un triatlón subido en un barco. Incluso rallys de coches… y hasta la bajada de goitiberas de Goiuria a Iurreta. Sea donde fuera, allí estaba puntual Emeterio con su cronómetro al cuello, su cuaderno y su bolígrafo bajo el brazo, y esas gafas caídas en la mitad de la nariz.
Ahora que toca recordar, recuerdo un artículo de un periodista de hace muchos años. Escribía sobre el subcampeonato del mundo junior de Gaizka Lejarreta en ciclocross. Y venía a decirle que, entonces que todo eran flores, mirara la suela de los zapatos de quienes le alababan para ver si tenían barro. Las botas de Emeterio estaban llenas de barro, del de miles de campas y carreras de ciclocross, otra de sus pasiones junto al Athletic, que tanto le hacía disfrutar y rabiar.
La vida paró el cronómetro de Emeterio el pasado 21 de febrero después de contar 77 años, con unos últimos kilómetros muy cuesta arriba. El cronómetro ya no cuenta más segundos, pero su recuerdo seguirá contando siempre. Eskerrik asko lagune!