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El callejón de las botxerías

Un estilo de cine nacido para la eternidad

En imágenes: Un estilo de cine nacido para la eternidadMarkel Fernández

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El cine italiano nació como nacen las cosas destinadas a la eternidad: entre la ruina y el deseo. Italia acababa de salir de la guerra con los bolsillos vacíos y el alma llena de polvo, y entonces apareció la cámara como un espejo compasivo. En las calles heridas de Roma, entre bicicletas robadas y niños que aprendían demasiado pronto la gramática del hambre, el celuloide se convirtió en pan y en conciencia.

El neorrealismo fue más que una corriente: fue una forma de mirar. Roberto Rossellini abrió las ventanas con Roma, città aperta y dejó entrar el aire crudo de la posguerra. Vittorio De Sica, con la ternura severa de quien sabe que la pobreza no admite metáforas, filmó la dignidad derrotada en Ladri di biciclette. Aquellos personajes no actuaban: sobrevivían. Las calles eran el decorado y la verdad el único guion posible. Italia se miró en esa pantalla y no apartó los ojos.

Luego llegó el milagro económico y, con él, la voluptuosidad de los sueños. El país se peinó hacia atrás, se puso gafas oscuras y aprendió a pronunciar la palabra “dolce” con una sonrisa ladeada. Federico Fellini convirtió la memoria en carnaval y el exceso en una forma de melancolía. En La dolce vita, la noche romana dejó de ser sombra para volverse espectáculo: periodistas como equilibristas morales, actrices que parecían diosas cansadas, fuentes que prometían una pureza imposible. Fellini no filmaba historias; filmaba nostalgias anticipadas. A su lado, con una elegancia más fría, Michelangelo Antonioni descubría que el vacío también tiene paisaje. Y luego siguieron, qué sé yo, Mario Monicelli, Ettore Scola, Sergio Leone y sus spaghetti western o Roberto Benigni quien angustió a medio mundo con La vita è bella entre otros tantos realizadores.

Viene al caso toda esta larga reflexión para poner en contexto el acto inaugural de la 8ª edición de Zinecittà, el Festival de Cine Italiano de Bilbao, ayer representado por Antonella Mele, que se celebra durante este febrero, consolidándose como el referente del cine italiano contemporáneo en Euskadi. La inauguración tuvo lugar en la Sala BBK, con Koldo Bilbao como anfitrión, destacando la región de Liguria, con estrenos tan sobresalientes como el anunciado para el último día del mes: La Grazia de Paolo Sorrentino, protagonizada por Toni Servillo. El festival cuenta con la colaboración de ZINEBI - Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao por lo que Joseba Lopezortega, su director, hizo ayer acto de presencia, al igual que Ana Gutiérrez, directora de Zinemakumeak gara.

No fueron los únicos. Por ejemplo, Iñaki López de Aguileta, director de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao, departió con Umberto de Marco, promotor y director de Euskaditalia; el director de Il ritorno di Maciste, Maurizio Sciarra, película con la arrancó el festival y el actor Giuseppe Abbagnale, campeón olímpico de remo; el cónsul general italiano, Giacomo Grandesso, Andrea Lazarri, Pierto Davide Jone y Gabriella Lanzilli, coautores del documental Sotto Nuovi Cieli que habla sobre la historia de las mujeres italianas que emigraron a España, Joseba Martínez, Vanessa Fernández, Carlos Aranguren, Luis Eguiraun, Isabel Garrigues, Francesco Rocanglia, José Luis Etxebarria, María Jesús Fernández, Carmen Bilbao, Karol Izagirre, Begoña Etxebe, Idoia Sánchez, Merche Novoa, Raquel Bustinza, Begoña González, Ane Zulueta, Itxaso García, Asun Molinero, Josune Olaskoaga, Beatriz Mendizabal, admiradora confesa de Ettore Scola y de Roberto Benigni, Gontzal Azkarate, María Begoña Ruiz, Elena Ugarte, Maite Bilbao, Begoña Olmos y un largo etcétera de hombres y mujeres que vivieron de cerca la fiesta del cine italiano. El festival se extiende ahora hacia otros espacios como Itsasmuseum, Bizkaia Aretoa, EOI-HEOI y el Auditorio Guggenheim. Si pueden, no se lo pierdan.