Diario de un teletrabajador

El marinero y el capitán

22.03.2020 | 00:23
La cuarentena hace que los niños se den a la lectura.

EL marinero y el capitán se reunieron en un bar. Así empezó a cantar Andrés Calamaro mientras yo fregaba los platos. "Pues qué suerte tenían el marinero y el capitán". No pude evitar envidiar a dos personajes de ficción. No echo en falta especialmente los bares, pero sí reunirme con alguien. Ayer fue sábado, o eso dicen. Porque en la práctica ya da igual que sea día laborable, festivo o fin de semana. El mundo se reduce a una casa y toda la sociedad a tu familia. Quisiéramos o no, ahora todos somos participantes de Gran Hermano. Eso sí, sin nominaciones y sin Mila Ximénez.

Tras el habitual trajín de los desayunos, los cuatro de casa hicimos trabajo de equipo y, alrededor de un cazo, pelamos las cuarenta y siete vainas de habas que mi mujer había recolectado en nuestra minihuerta. Después de tan reconfortante trabajo nos animamos a jugar al parchís. Al de media hora, Lur se aburrió de lanzar un dado que no sabía para qué servía y todo se redujo a un mano a mano entre Malen y yo. ¡No recordaba que una partida de parchís pudiera ser tan larga! Y he de confesar, que en contra de mi voluntad, no gané la partida.

Es difícil, pero intentamos que el televisor esté encendido el menor tiempo posible. Más que nada porque tenemos miedo a convertirnos en zombis mirando la pantalla sin tan siquiera darnos cuenta. Pero también es cierto que el televisor te da margen para hacer más cosas. Eso de poder poner YouTube en el televisor es un avance. En mi casa ya se ha hecho alguna sesión de yoga para principiantes y, sobre todo, sesiones de baile. La clave es que cada uno escoja una canción por turnos, de lo contrario irremediablemente terminamos en un bucle sin fin de canciones de Pirritx eta Porrotx o de Ene Kantak. Ayer me hizo ilusión bailar a todo trapo con los enanos temas de Tina Turner, Fito o Walk off the Earth. Es algo muy recomendable para quemar energía acumulada.

Después de comer llegó mi habitual bomba de humo, momento en el que me desvanezco para trabajar en el ordenador. Los enanos se quedaron inmersos en alguna manualidad con su madre. Por cierto, creo que he descubierto por qué esa psicosis de la gente por comprar paquetes y paquetes de papel higiénico. ¡Los quieren para tener tubos de cartón para hacer manualidades con los críos! Ahora, junto a los yogures vacíos, son de los objetos más codiciados. Es más, en nuestra casa tenemos un gran dilema con los yogures: no sabemos si utilizarlos para hacer algún taller con los niños o para hacer un semillero de pimientos. En los próximos días veremos cuál es la decisión final.

El objetivo es ocupar la mente y el cuerpo con algo, por absurdo que sea. Cualquier cosa sirve para no pararte a pensar que estás encerrado para no toparte con un virus que te puede llevar al otro barrio, que cuando todo esto pase habrá con quien no puedas juntarte en un bar como el marinero y el capitán.

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