Bilbao - Ainara Basurko acaba de cumplir cuatro meses al frente del Departamento de Promoción Económica de la Diputación. Su paso por la dirección de la sociedad pública Beaz le ha permitido tener un detallado conocimiento sobre todos los ámbitos de actuación del departamento, además de un contacto directo con todo lo que rodea al sector en Bizkaia, desde los centros tecnológicos a las propias empresas. Una de sus prioridades en estos cuatro años será mantener una estrecha relación con ellas, siguiendo muy de cerca su situación ante la desaceleración actual, además de lanzar el Centro Internacional de Emprendimiento, el nuevo plan estratégico de turismo o las actuaciones prioritarias en Ezkerraldea, Meatzaldea y Enkarterri.

¿Ha tenido ya la oportunidad de reunirse con empresas del territorio? ¿Qué le han transmitido?

-Menos de lo que quisiera. La impresión es distinta según el sector; pero sí te transmiten incertidumbre. Es la palabra que más se repite, por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el Brexit, Alemania... Algunos no notan nada pero otros empiezan a ver que no crecen tanto. La automoción es quizá el que en este momento más está empezando a preocupar, por las grandes preguntas que hay en el aire sobre hacia dónde girará el sector o con qué velocidad.

Es, precisamente, uno de los sectores estratégicos en Bizkaia.

-No se han encendido alarmas rojas pero es el sector en el que más incertidumbre hay. Hay incógnitas que están ralentizando decisiones. El sector es fuerte porque ha hecho las cosas bien, invirtiendo en I+D+i, y tenemos una posición competitiva.

¿Teme una nueva crisis?

-Todavía no pero sí hay una desaceleración: el PIB está creciendo menos de lo esperado. En la anterior crisis se dieron otra serie de factores a nivel de sistema financiero, de los que hemos aprendido.

¿Afronta Bizkaia esta situación de forma diferente a 2008?

-Estamos en otra situación más fuerte. En los últimos años las empresas vizcainas han hecho muy bien los deberes; aunque no estemos en los niveles que quisiéramos en cuanto a innovación, han hecho un esfuerzo por diferenciarse de la competencia. También en internacionalización: hay carteras de clientes diversificadas, empresas que están en diferentes sectores y países, y eso ayuda en momentos duros. El reto es que cada vez sean más y nos preocupa especialmente la pyme: que no se produzca una ruptura entre las grandes, que cogen rumbo, y los proveedores y auxiliares que tienen que seguirles.

¿Cómo se va a abordar desde la Diputación?

-Revisaremos nuestros programas de ayudas para ver cómo podemos conseguir que lleguen a más empresas y las adaptaremos a las necesidades. Sí o sí aparecerán empresas con dificultades y las atenderemos. Pero nuestro punto de mira tiene que estar en conseguir que sean las menos posibles, activando esas tres palancas de las que siempre hablamos: innovación, internacionalización y de forma colaborativa. Ahí el papel de las empresas tractoras es fundamental, porque son las que más recursos tienen para I+D+i; hay herramientas para que esas empresas puedan apoyar la inversión en esos proveedores y deducirse ese crédito fiscal.

Llevan años trabajando en ello. ¿Se notan los resultados?

-Los proyectos innovadores que apoyamos tienen una supervivencia del 75% y emplean a una media de 4,7 personas; al año impulsamos 220 proyectos de innovación y 140 de internacionalización. Y siempre suman; algunas empresas se lo toman más en serio y otras menos, pero el simple hecho de que se hayan sentado para pensar qué pueden hacer para mejorar les va llevar un análisis. Estamos intentando también que cada vez sea más fácil solicitar nuestras ayudas.

¿Tienen contacto con empresas que están en dificultades?

-Sí. Aplicamos el protocolo: coordinación con el Gobierno vasco, comunicación con los trabajadores, los dueños y en algunos casos con el administrador concursal... Hacemos un seguimiento de las máximas empresas posibles de Bizkaia. Tenemos monitorizadas las 1.500 que han recibido ayudas en los últimos años y queremos llegar a más; nuestra labor fundamental tiene que ser estar cerca de las empresas y escucharlas. Debemos dar prioridad a esa cercanía.

Pero en una situación difícil, ¿qué está realmente en su mano?

-Hay grados; se puede analizar el mercado, participar en misiones comerciales, el programa Bideratu si está en crisis... Pero hay situaciones en las que, por mucho que nos preocupe el impacto social que pueda tener, es muy complejo hacer competitiva la actividad en sí. Se hacen esfuerzos pero es una situación muy compleja. Ahí puedes intermediar, buscar contactos... Pero poco más.

La Naval, Cables y Alambres, Araluce... ¿Tiene futuro la industria?

-Quizá alguna empresa concreta no, pero la industria de Bizkaia tiene futuro porque es competitiva y nuestro trabajo es que siga siéndolo. Nos tenemos que subir a la digitalización, interpretar muy bien la transición energética para identificar nuevos modelos de negocio, traducir el envejecimiento en nuevas actividades...

¿Le preocupa la situación del sector del metal?

-Me preocupa cualquier sector de actividad que se encuentre en conflicto. Tienen que seguir hablando para buscar puntos de encuentro.

¿Tomarán parte?

-Animando, a ambas partes, a que se sienten y no dejen de hablar. Nos conviene a todos, a ellos y a Bizkaia.

¿Qué va a hacer con esos 78,5 millones de euros de presupuesto?

-El emprendimiento y el talento van a ser un área fundamental, y seguiremos impulsando la internacionalización y la innovación en la industria. Algunos de los proyectos estratégicos van a ser, obviamente, el Centro Internacional de Emprendimiento y los centros de conocimiento colaborativo como el EIC, y tenemos un nuevo servicio de ventanilla única para atender a las nuevas empresas e inversores. En el ámbito del turismo tenemos que revisar el plan estratégico que termina en 2020 y queremos darle fuerza al turismo interior poniendo en valor elementos que tenemos en las diferentes comarcas, sabiendo que Bilbao va a ser el enganche, aprovechándolo a través de eventos. También lanzaremos los planes estratégicos de Ezkerraldea, Meatzaldea y Enkarterri, que van a ser zonas de atención prioritaria, identificando proyectos tractores hasta 2030.

“El mejor lugar del sur de Europa para emprender”. ¿No es un objetivo demasiado ambicioso?

-Hay que ponerse objetivos realistas pero ambiciosos.

¿Cuáles son hoy las referencias?

-Madrid y Barcelona. Y Bilbao puede serlo también. Así nos lo dicen las empresas que vienen aquí, sobre todo las que tienen que ver con nuestros sectores estratégicos.

¿Qué le falta?

-Tamaño. Si fuera un inversor, ¿dónde iría? ¿A un lugar con cuatro start-ups o con doscientas? Tiene donde elegir, su riesgo es menor... Y lo mismo una empresa que quiera hacer innovación colaborando con start-ups. El Centro Internacional de Emprendimiento va por ahí; hagamos algo visible que sirva de atracción. Bizkaia es pequeño; aquí surgen una media de 45 al año. Si estamos dentro de una red y nuestro tejido quiere innovar, habrá más start-ups y empresas.

Tendrá dos millones de euros el próximo año. ¿Qué se hará?

-Por una parte, habrá una cantidad que adjudiquemos al operador internacional que dinamice el ecosistema: identificando a nuestras empresas tractoras y sus necesidades de innovación, y que dentro de su red empiece a trabajar para que vengan start-ups de fuera. Y otra parte es para acondicionar las primeras cuatro plantas de la torre por dentro.

¿Cuándo se elegirá ese gestor?

-En enero.

Y el centro en sí, ¿cuándo abrirá sus puertas?

-En 2021, pero mientras tanto habrá actividad. A partir de enero, aunque la puerta esté cerrada, habrá un trabajo muy fuerte para que cuando se abra haya actividad. Y si tenemos movimiento antes ya buscaremos el sitio para que transitoriamente podamos ubicar a start-ups que vengan.

¿El futuro de la economía de Bizkaia se basará en ellas?

-No, pero va a contribuir a ello; conseguiremos acelerar los procesos de innovación de nuestras empresas, mejorando su competitividad. Va a ser un elemento positivo.

¿Cuántas empresas han confirmado su presencia en la torre?

-En estos momentos, una veintena, con un tamaño medio-grande. La mayoría, vizcaina.

¿Cómo atraer y retener talento cuando muchos jóvenes se siguen marchando fuera a trabajar?

-Es cierto, pero es el 20% el que se va por falta de oportunidad. El pasado fin de semana estuvimos en París, juntamos a 150 jóvenes que viven en Francia y les preguntamos; el resto lo había hecho para mejorar sus estudios o por nuevos retos profesionales y de vida. En 2030, la tasa de cobertura de personas cualificadas será del 75%; les necesitamos aquí. Estamos muy ilusionados, por ejemplo, con el nuevo campus con Telefónica para perfiles digitales, una de las demandas de las empresas. Hoy en día, estudiantes de informática, ingenieros electrónicos o matemáticos están vigilados desde primero de carrera.

Pero una de las principales variables es el sueldo y ahí la Diputación no puede intervenir.

-He estado en encuentros con vascos que viven en París, Londres o Munich; es verdad que uno de los factores es el salario pero aparecen otras cosas, como el proyecto empresarial, la flexibilidad... Y valoran muy mucho, y ese es nuestro punto fuerte, la vida aquí, su familia y su entorno.

A nivel de eventos, ¿volverá a repetirse un año como 2018?

-Los eventos de cierto impacto son buenos para Bizkaia y los vamos a seguir haciendo. Se sigue trabajando en ellos pero no sé si volverá un año como 2018...

Otro de los objetivo es lograr una Bizkaia más conectada al mundo. ¿Hacen falta más conexiones aéreas?

-Es fundamental tener un aeropuerto competitivo, con líneas lo más directas posibles a los principales nodos de actividad que son interesantes para nuestras empresas.

¿Echa alguna de menos?

-En este momento no veo ninguna.

¿Y Nueva York?

-No es estratégico.

Otro de sus ámbitos de actuación es el equilibrio entre comarcas. ¿Tantas diferencias hay?

-Hay un par de zonas que están por debajo de los indicadores: Enkarterri y Ezkerraldea-Meatzaldea. ¿El resto? No hay grandes diferencias, más allá de las propias: no es lo mismo Getxo, con más comercio y micropyme; Durangaldea, donde la industria tiene mucha presencia, o Lea-Artibai, con un fuerte cooperativismo.

¿Cómo se va a actuar en esas comarcas más críticas?

-El pasado jueves tuvimos la primera reunión del grupo motor de Ezkerraldea-Meatzaldea, con todos los alcaldes de las comarcas y el Gobierno vasco. Tras hacer un diagnóstico, el objetivo es que para el 31 de marzo hayamos identificado los proyectos tractores para 2030. Va a ser un plan integral que abordará también regeneración urbana, cohesión social, infraestructuras, formación y empleo...

¿Por dónde se pueden recuperar?

-En Enkarterri hemos trabajado la competitividad de las empresas, haciendo un trabajo casi artesano con ellas, y la conectividad. En todos los sitios hay empresas competitivas y con futuro; Enkarterri tiene un centro profesional de primer orden como San Viator, especialista en ámbitos de la automoción y la energía; Ezkerraldea tiene una ría con espacios de desarrollo y el Puerto, el futuro parque tecnológico, el BEC... Hay bases sobre las que vamos a poder construir proyectos interesantes.