NO es acaso la felicidad un sentimiento interior; no puede interpretarse, entonces, que no depende tanto de lo que tenemos como de lo que somos...? Ayer -y como ayer un hatajo de semanas atrás, toda vez que desde el primer día se han combinado reventones de clavel como grandes taquillas, nunca por debajo de tres cuartas partes del aforo, según aseguraba ayer Jon Rozadilla, hombre de la casa...- vimos salir a los asistentes al Teatro Arriaga con una sonrisa de oreja a oreja. Parecían felices de lo que se deduce que fue la música lo que les cautivó, las melodías del musical Sister Act que se ha convertido en un fenómeno de masas en Bilbao, en lo que a asuntos de escenario se refiere.
Quiere decirse que el libreto de Cheri & Bill Steinkellner, con música de Alan Menken y letras de Glenn Slater, inspirados en la entretenida película de Whoopi Goldberg, da con la tecla justa para entretener al personal, para hacerle feliz en esas dos horas y media largas, con receso incluido. Ni siquiera esa longitud de Niágara del entretenido musical ha frenado la asistencia del público. Se diría que está cargada de razones la voz de la calle al recomendar que cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír. No en vano, viendo tantas cosas tan torcidas, el pueblo todavía se apunta a la sonrisa.
emocionados En la plazuela que antecede al Teatro Arriaga aguardaban, emocionados, la apertura de las puertas hombres y mujeres de muy diversas generaciones, desde los 72 años de José Luis García a los 19 de Aintzane Martín, todos ellos convencidos de que les aguardaba una sorpresa sobre el escenario, donde la coreografía de Anthony Vanj Laast recreaba un universo singular. En el papel principal de Deloris can Cartier le esperaban a Mireia Mambo Bokele, ya reconocible por las calles de Bilbao. Y tras ella a Ángels Gonyalons, Fermí Reixach, Edu Engonga, Benjamí Conesa, Gara Roda y todo un largo reparto.
Vivieron esa aventura del baile y el canto desde el patio de butacas gente como Edurne Dalmau, David Guerreo, Alaitz Uriarte, Laura Anilla, Carmelo Ortega, María José Gutiérrez, Xabier Odriozola, Nekane Marín, quien acudía por segunda vez en tres semanas, Iskander Etxebarria, Paz Vicente, Asier Delgado, Gizela Soos, Alazne Ibáñez, Mikel Endorika y María Zalaberria entre otros. Ni una mueca de desagrado entre ellos. Como tampoco la hubo entre Manuel Mateo, Inés Díez, Cristina Mateo, Alba Ortega, Joaquina Llarena, Asier Bikandi, Mikel Míguez, Xabier Magdaleno, Mari Carmen Bilbao, María Teresa Olmos, Izaskun Martínez, Olga Urrutia, Ander Iglesias, Kontxi Ortiz de Zarate, Jon Madariaga, Idoia Palacios, Miren Urrutikoetxea, Andoni Zarate, Joxean González, José María Agirre y así hasta completar un entradón de órdago a la grande. Viéndoles tan felices, digo, uno intuye que caerán en los brazos de la conversión a una religión de nuestro tiempo: el musical.