Gernika-Lumo

Pemain Paling Bagus di Dunia o los mejores pelotaris del mundo. Ese era el reclamo del frontón Hailai de Yakarta, el 21 de abril de 1971, en su jornada inaugural. Hasta allí había llegado un grupo de jóvenes puntistas, en su mayoría de Lea Artibai y Busturialdea, y que estos días se han encontrado para rememorar el 40 aniversario de su aventura.

Un total de diecisiete de los 38 puntistas que compusieron aquella plantilla de pioneros en la capital de Indonesia se congregaron el pasado sábado en el restaurante Portuondo de Mundaka, donde volvieron a recordar aquellas épocas doradas de la cesta y de su juventud más aventurera. "Nos hicieron un recibimiento como a estrellas de cine, con collares de flores y todo. Lo hicieron en la pista del aeropuerto a donde acudió el gobernador de Djakarta, Ali Sadikin, que era rival de Suharto, por lo que más tarde le tendría en arresto domiciliario durante 25 años", recuerda el gernikarra Juan Mari Uribe.

Junto con él -además de otros puntistas de Durango, Garai, Bilbao, Eibar, Mutriku, Haro o Mallorca- viajaron a tierras asiáticas el también gernikarra José Domingo Gaztelua, el muxikarra Ireneo Ajuria, el aulestiarra Juan Ángel Ibarra Maruri, el bolibartarra Esteban Lejardi, los berrituarras Pedro Mugartegi y Carlos Aranzeta Irusta, además de los ondarrutarras Enrique del Aguila, Luis Mari Azpiri, Ondarru II, José María Antiu Galdos, Isidro Olea Clinton y José Mari Urrutia. Este último es quien guarda innumerable material, tanto fotográfico como documental, de este periplo -y muchos otros- por lo que es una auténtica enciclopedia de la pelota.

Venidos desde Madrid, Estados Unidos o Australia, en la cita recuperaron recuerdos de la expedición que abrió el frontón asiático. "Las obras se retrasaron un año más de lo previsto y cuando llegamos aún no habían concluido. Cuando el intendente Aldekoa botó la primera pelota en la cancha, el suelo se cascó porque estaba construido sobre una base de bambú y mortero y hubo que rehacerlo", recuerda Uribe. Esto no fue obstáculo para poner en marcha los partidos, que se jugaron pese a estar en obras. "Cada día se hacían dos cuadros y si la pelota botaba en el cemento húmedo se hacía vuelta y se jugaba otra vez el tanto", añade.

Las quinielas vivían entonces sus días de esplendor, con el que los puntistas se embolsaban ingresos extra además de su sueldo de 600 dólares mensuales. "Era mucho dinero entonces pero el intendente nos pagaba solo la mitad del sueldo, mientras que el resto lo mandaba a nuestros padres, porque gastábamos lo que teníamos y lo que no. Si no hubiésemos vuelto a casa con deudas", ríe José Mari Urrutia.

Eran tiempos en los que "pasamos de cosas como no poder ver la película Los Intocables, a desmadrarnos allí", reconoce. Urrutia, con 17 años, era de los más jóvenes y tan solo cuatro de ellos habían jugado fuera anteriormente, en Filipinas. Las salidas nocturnas, las deshidrataciones por la alimentación, el interminable viaje de ida o la bomba que encontraron en el mar y expusieron inconscientemente en el frontón -que hubo de ser acordonado por el equipo de explosivos de la marina indonesia-, jalonan las anécdotas de aquella época que duró poco para algunos, aunque otros se casaron y se quedaron.

La reunión ha sido recogida en vídeo, para que quienes no han podido acudir tengan acceso a las imágenes, y han recogido por escrito numerosas anécdotas "para elaborar un libro para 2012". No faltarán en él tristes sucesos aunque, como se vivió en la comida de hermandad, sobre todo desprenderá la alegría de aquellos jóvenes que emprendieron su primera gran aventura en Yakarta.