Una joya en forma de caserío
Landetxo Goikoa, en Mungia, cumple su quinto centenario siendo todo un ejemplo de arquitectura
Mungia
MUNGIA guarda un tesoro. Una joya centenaria que estos días celebra su medio milenio de vida. Hace 500 años que la villa y anteiglesia está vigilada por el caserío Landetxo Goikoa, situado en la zona de Landetxo. La localidad se apresura a celebrar diversos actos para la ocasión, con el baserri, centro de la vida de los vascos, como protagonista.
El caserío mungiarra es un referente, una de las edificaciones más importantes de Bizkaia. No en vano, se dice que es el edificio que sirvió como modelo de los demás caseríos vascos. Por ello, es también denominado como el primer baserri, en el más amplio concepto de la palabra, dando pie al lugar donde los vascos han desarrollado durante muchas generaciones toda su vida. El caserío, baserri en euskera, significa Basoko herria, el pueblo del bosque. Este, históricamente, no ha sido sólo un lugar para vivir, también era el puesto de trabajo y todo giraba en torno a la edificación.
"Todo lo que necesitaban los baserritarras se lo garantizaba el caserío y sus tierras", indican desde Izenaduba Basoa, el parque mitológico vasco que organiza también visitas especiales para conocer la historia del caserío mungiarra y algunas tradiciones típicas vascas.
El carácter eminentemente rural de la economía de la comarca durante muchos siglos, se refleja en el hecho de que los antiguos vascos buscaran soluciones a unos edificios que debían albergar tanto a los seres humanos, como a sus animales y cosechas; de este modo, no es difícil encontrar casas de labranza con innovaciones técnicas y formales en su construcción en Mungia. Algunas de ellas permanecen en pie desde los siglos XVI y XVII, dando a la zona una gran riqueza arquitectónica. El más importante de entre estos caseríos, es el de Landetxo Goikoa, considerado como el caserío más antiguo de Bizkaia y, quizás, el de mayor valor arquitectónico de todo el occidente de Euskal Herria.
Según fuentes del Ayuntamiento mungiarra, "este tipo de construcciones prosperaron cuando los banderizos y sus continuas guerras dieron paso a un período de paz y bonanza económica aquí".
A día de hoy el caserío sigue imponente sobre la colina, vigilando la localidad que queda a sus pies, ya que está orientado al sur. Su nuevo uso, como sede de Izenaduba basoa, el primer parque mitológico vasco, conocido popularmente como la casa de Olentzero, no impide que siga guardando su estructura. Se trata de un caserío en el que nada fue construido al azar.
Conservación Landetxo Goikoa brilla con luz propia. La reconstrucción, que finalizó en 2007, con la apertura del parque mitológico, muestra el caserío tal y como fue ideado. Un modelo arquitectónico, después imitado en el que la novedad más importante se encontraba en la distribución del espacio, con habitáculos propios para la familia habitante, los animales o la cosecha obtenida.
En Landetxo Goikoa no es correcta la aplicación de la denominación de arquitectura popular. Son artesanos y directores de obra con oficio los responsables de la edificación. Se cree que estos eran conocedores de las técnicas constructivas de la época, primeros del siglo XVI, aprendidas seguramente de maestros, carpinteros en este caso, del centro de Europa. La tesis que manejan desde el Ayuntamiento e Izenaduba Basoa, es que los maestros fueran expertos en construcciones de otro tipo, quizás catedrales. El caserío mungiarra tiene elementos relacionados con las construcciones centroeuropeas anteriores al XVI. Su construcción es de un gran valor arquitectónico y muestra la presencia de un arquitecto director, con un plan de obra y unos oficiales con gran dominio de la técnica empleada.
La tecnología de vanguardia utilizada durante su construcción confiere al baserri un carácter especial. Está edificado como una jaula, con grandes piezas de madera que se unen entre sí como un puzzle tridimensional. Hay piezas que encajan con hasta siete u ocho vigas diferentes. Eduardo de Felipe fue el arquitecto encargado de la recuperación del caserío, ya que su habitabilidad hasta finales del siglo XX hizo que muchos elementos hubieran cambiado. Hoy en día, el visitante encuentra un baserri parecido al de los inicios, incluso, con elementos de aquella época. Se pueden realizar dos visitas en el interior: una la mitológica, conociendo a todos los personajes, y otra, la histórica, recorriendo la proyección de los caseríos y las tradiciones vascas, comprendiendo, así, la forma de vida de nuestros ancestros.
Familia Landetxo No se sabe bien si la familia Landetxo, que habitó la casa desde su construcción, dio nombre al caserío o si fue a la inversa. Sin duda, lo que la casa demuestra, es que se trató de una familia pudiente. Estos se encontraban en la escala social de Aitonen semeak, o campesinos ricos. Todo ello se demuestra en la estructura de la casa, en su tamaño o en la utilización de la piedra para revestir el exterior. También las tallas, que se encuentran en el pórtico de la entrada, que hoy recuerdan el colorido que originalmente emplearon.
De hecho, es posible contemplar algunas de las vigas originales, que aún mantienen las tallas, desgastadas por el paso de estos cinco siglos a sus espaldas. Una visita ofrece, ahora, la posibilidad de descubrir la vida de esta familia. Dónde dormían, dónde comían o cómo se las arreglaban para conservar la cosecha.
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