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Despega la farmacia del siglo XXI

Despega la farmacia del siglo XXIfoto: juan lazkano

Viéndola da un punto de curiosidad. Es como si una nave espacial hubiese aterrizado en el corazón de Bilbao y abriese las puertas, invitando al viandante a visitar su interior antes de levantar vuelo. Nada de eso sucede, por supuesto. Aunque la farmacia del siglo XXI sí recuerda a un espacio sobrenatural, algo así como la cueva del mago Merlín o la estancia de un alquimista del Callejón del Oro de Praga, diseñadas por la NASA. Al menos las farmacias de quienes apuesta por el futuro como es el caso de Sonia Saenz de Buruaga y su equipo, es decir, Blanca Zabala, Agurtzane Ortiz de Eribe, Beatriz Fortes y Oscar de la Roza.

Entre todos han levantado los pilares del porvenir en la botica que se posa sobre el número 14 de la calle Henao. Allí, entre un robot dispensador de última generación -increíble ver cómo distribuye, sin margen de error alguno...-, mostradores de formas gráciles y una atención farmacéutica tan certera como cortés, tuvo lugar el despegue a este nuevo mundo. El paciente de los tiempos modernos se deja asesorar pero está informado, pide consejo pero pregunta; sabe más de lo que dice, en resumidas cuentas. Y allí aparece Sonia, la hija del inolvidable Javier Saenz de Buruaga, uno de los albañiles del primer Gobierno vasco y que hoy da nombre al centro de salud vecino de la farmacia. Sonia sonríe y atiende con diligencia. Ayer, mientras solucionaba, sotto voce, algún que otro carraspeo de garganta entre los invitados, la farmacia que atiende era un puro rebosar. Asistieron a su reapertura la presidenta de Vascofar, Josune Ereño, Jabier Etxebarria, Leire Ramírez, Pedro Zumarraga, Enrique Thate, encargado de aromatizar la atmósfera aséptica del local con su muestrario de embutidos y encurtidos; Ángela Angoitia, Amaia Blanco, María Antonia Díez, Javier Lacaza; el ciclista de otros tiempos, Iñaki Gastón, quien hizo fortuna en el asfalto allá por los años ochenta, Alvaro Ortega, Jenaro Ruiz, Koldo Bengoa; el barítono inglés Kris Robertson, y un sinfín de gente del mundo de la farmacia; de vecinos y usuarios de amigos de la casa y de gente de paso que se quedó para ver el prodigio de una remodelación que llama la atención y que coloca a Sonia y los suyos en la vanguardia, con la salud por bandera y la profesión corriéndole por las venas.