Tres expertos analizan cómo y por qué protestan los ciudadanos de Bilbao
Tras el significativo aumento de movilizaciones registrado en los últimos años en la capital vizcaina, tres expertos analizan cómo y por qué protestan sus ciudadanos
QUÉ les indigna a los bilbainos hasta el punto de levantar el trasero del sofá y echarse a la calle? ¿Se han quedado las pancartas obsoletas? ¿Lo que se lleva ahora es protestar a golpe de clic? Tres expertos analizan el significativo aumento de manifestaciones registrado en los últimos años en la capital vizcaina. Una realidad que hilvanan con “la mayor conflictividad laboral” y “la situación de descontento social y político que vivimos”.
Los datos son los datos y los ofrecidos por el Departamento de Seguridad del Gobierno vasco dicen que en 2011 se celebraron 342 manifestaciones en Bilbao. Una cifra que prácticamente se duplicó, hasta alcanzar las 659, el año pasado. Se trata de las protestas notificadas a la Ertzaintza -la inmensa mayoría- que lograron reunir a más de 20 participantes. Porque una cosa, distingue Braulio Gómez, politólogo de la Universidad de Deusto, es la cifra de movilizaciones y otra, la de asistentes. “En el último año no ha habido un incremento del número de personas manifestándose, pero sí que ha habido un incremento del número de convocatorias”, certifica.
Este aumento de llamamientos para movilizarse podría responder, reflexiona, al incremento de los problemas laborales registrados durante el pasado ejercicio. “Todos los indicadores de conflictividad laboral han aumentado y esto ha hecho que haya habido más microconcentraciones relacionadas con las condiciones laborales en diferentes sectores o empresas”, explica Gómez.
No en vano, el grueso de las manifestaciones celebradas en 2015 en la capital vizcaina tuvieron una motivación política o laboral, con 251 y 206 convocatorias, respectivamente. “Más que celebrarse grandes movilizaciones sectoriales, se han atomizado las protestas. El Museo de Bellas Artes, el Guggenheim, la Diputación... Todos han tenido una pequeña movilización de trabajadores”, cita como ejemplos.
Viendo a los bilbainos enarbolando carteles, la pancarta como avanzadilla, pudiera parecer que nada ha cambiado a la hora de reclamar derechos o denunciar injusticias. Pero lo cierto es que las nuevas tecnologías también han irrumpido en el mundo de la reivindicación. “En el Deustobarómetro hay una pregunta relacionada con las actividades informales de participación más allá de las elecciones, como las manifestaciones, contactar con un político o contactar con una plataforma. La actividad que más hacen los bilbainos y vascos es firmar una petición on line, con mucha diferencia, más que manifestarse en la calle. O sea, que sí que ha habido un cambio real en esa participación”, subraya.
Pero si son más proclives a hacerse oír ratón en mano, ¿cómo es posible que hayan aumentado las manifestaciones en los últimos años? “Porque son compatibles. Es como la democracia participativa, que haya referéndums no anula las elecciones regulares o que haya más mecanismos de participación vía on line no anula las protestas en la calle”, expone el politólogo. De hecho, apunta, “la tendencia en Europa, tanto en España como en el País Vasco, se ha caracterizado siempre por haber tenido más manifestaciones de esas antiguas de pancarta. Se ha canalizado más por ahí la protesta y la reivindicación”, señala.
“Descontento social y político” También la directora de Identidad digital de la Universidad de Deusto, Lorena Fernández, considera que manifestarse en la calzada es compatible con hacerlo desde la intimidad del hogar. “Siempre que hablamos de tecnología tendemos a verla como un elemento sustitutivo y no como un complemento que vitamina nuestras acciones. Por ejemplo, nos ayuda a conectar y comunicarnos con más personas, o en el caso de las protestas, nos ayuda a orquestar mejor nuestro espacio analógico. No debemos renunciar a nuestras calles y plazas, a pesar de que contemos adicionalmente con un ágora digital”, considera.
Puestos a analizar con qué tipo de movilización, virtual o presencial, se obtienen mejores resultados, esta experta en redes sociales sostiene que “la efectividad no depende tanto de la herramienta como de la viralidad e impacto de la misma”. En ambos casos, la repercusión mediática ayuda y mucho a lograr su fin. “Por ejemplo, una recogida de firmas en una plataforma digital puede ser más o menos útil dependiendo de si logra llegar a las personas destinatarias de la denuncia. En ocasiones, si no dan el salto a los medios de comunicación, no consiguen el efecto buscado a través de la presión social. Pero exactamente lo mismo ocurre con las manifestaciones a pie de calle. La clave aquí está en visibilizar la causa”, destaca.
Ahora que resulta tan fácil difundir una convocatoria a través de las redes, cabe preguntarse si estas han tenido algo que ver en que las manifestaciones en Bilbao se hayan multiplicado. “No deberíamos buscar la razón del incremento de manifestaciones en el medio que se usa para organizarlas -ya sea digital o analógico-, sino más bien en la situación de descontento social y político que vivimos. Otra cosa es que, no siendo la causa directa, las redes sociales sí han actuado como excelentes catalizadores para que los sentimientos de indignación, pesimismo e incluso ira se compartan entre personas”, argumenta Fernández, quien recuerda que varios estudios realizados por Facebook prueban “ese contagio emocional”. “En 2012 manipularon su algoritmo con una muestra de 700.000 usuarios. A un grupo se le mostraron noticias positivas y al otro, lo contrario. Los que vieron más publicaciones negativas, usaron palabras más pesimistas al cabo de una semana y viceversa”, relata.
Más citas a favor de la mujer Si hay una cifra que se ha disparado es la de manifestaciones feministas o en favor de la mujer. Según los datos que maneja el Departamento vasco de Seguridad, en 2014 apenas se celebraron las dos citas ineludibles -el 8 de marzo y 25 de noviembre, día internacional de la mujer y en contra de la violencia ejercida contra este colectivo, respectivamente-, mientras que en 2015 esa cifra se disparó hasta las 40 convocatorias. “Concentraciones está habiendo muchas, porque por desgracia han aumentado tanto las agresiones como las violaciones”, confirma Zuriñe del Cerro, portavoz del colectivo feminista Lanbroa. Sin embargo, este aumento de movilizaciones no se traduce en una mayor participación. “Fuera de las dos fechas instauradas, en las que el año pasado notamos un incremento de asistentes, en el resto de concentraciones cuesta muchísimo que la gente participe, que se incorpore gente nueva. Las personas que vamos nos conocemos casi todas”, lamenta y muestra su “enfado” por el hecho de que “todo el mundo se tire a la calle contra el cáncer de mama, que es importantísimo y yo tengo alrededor cantidad de gente y sé lo que es, pero luego en el tema de la violencia y las agresiones no haya esa sensibilización para salir a la calle”.
Las condenas, tras cada agresión a una mujer, corren de boca en boca, pero colocarse tras la pancarta es otra cosa. “Todo el mundo está encolerizado, pero luego hay una convocatoria y la gente no existe. Esa es la pelea, cómo atraer a la gente para que las convocatorias sean mayoritarias, porque en la medida en que hay un rechazo social fuerte, la cosa cambia”, se muestra convencida.
Tras recordar cómo “la Ley de violencia contribuyó a desmovilizar a la gente porque parecía que estaba ya todo solucionado”, la portavoz de Lanbroa apunta que las redes sociales “también han dificultado mucho porque el paro o las condiciones que estamos viviendo no se solucionan a través de la red, sino saliendo a la calle”. Por eso, piensa “cómo hacer que la gente reaccione porque en este país estamos acostumbrados a la queja de bar, no a venir a cambiar la realidad que estamos viviendo”.