La lluvia no agua las vacaciones
Turistas y bilbainos disfrutaron de las actividades en la ciudad en el Domingo de Resurrección a pesar de los aguaceros que sí provocaron la suspensión de la última procesión religiosa que iba a recorrer el Casco Viejo
A nosotras ni la lluvia nos deja en casa", bromeó ayer María Dolores que paseaba por Bilbao a primera hora de la mañana, junto a sus tres amigas. Tiene 87 años y camina con ayuda de un bastón. Pero la Semana Santa, aunque sea pasada por lluvia, no la deja en casa. "Si hay que mojarse, se moja una", sentenció provocando la risa desenfrenada de sus amigas, también de edad similar.
Las cuatro, dos de ellas agarradas entre sí, se perdieron entre la multitud. Y es que, a pesar de la lluvia, ayer nadie se quedó en casa. El tirón que la villa ha tenido estos días festivo supuso que la ciudad se atestara ayer de personal con ánimo suficiente para disfrutar del Domingo de Resurrección en Bilbao, aunque no todo salió como estaba previsto.
Quince minutos antes de la una, la Catedral de Santiago daba el aviso con sus campanadas. Aún quedaba tiempo suficiente para que la gente, previsora, se acercase poco a poco para despedir la última procesión religiosa del año.
Sin embargo, la incesante lluvia que azotó durante la mañana mojó cada barrio de Bilbao y caló hasta en las más pequeñas ilusiones, que a medida que pasaban los minutos, se iban desvaneciendo. La procesión de la Luz y la Resurrección se había cancelado. "Es una pena, mi hija y yo veníamos corriendo para no perdernos la salida. Nos encanta", aseguró Aurora Hervas, que llegó sobre la una y cinco y todavía le costaba recuperar el aliento. Su tristeza fue compartida, pero sin embargo no detuvo el ritmo de Bilbao.
La pelota Con paraguas en mano, todos los ciudadanos salieron de sus casas preparados para disfrutar del domingo, día en el que, además, se celebró el día del Aberri Eguna, por lo que el Casco Viejo se abarrotó con más gente de lo habitual. Pero ese no fue el único motivo que empujó a los ciudadanos a salir de sus casas. Y es que gracias al programa cultural Basque Fest muchos disfrutaron como niños de la pelota en el frontón de la Esperanza. "Queremos enseñar el universo de este deporte porque esto sí que es un gran símbolo de la cultura vasca", explicó Iranzu Arginzoniz, presidenta de Bilbao Jai Alai. "Esto es lo más nuestro que tenemos, lo que mejor representa nuestra cultura y que, además, lo hemos llevado por todo el mundo. Por eso hoy ofrecemos talleres de pelota de todas las modalidades y se hace un partido de exhibición a 15 tantos", añadió la presidenta orgullosa. Desde el pasado jueves, Óscar Aguas y José Mari, más conocido como Txele, están jugando prácticamente sin descanso para que todos los ciudadanos puedan disfrutar de esta disciplina. Ayer las gradas también se llenaron de niños y mayores que no quisieron perderse la batalla entre los dos cestapuntistas. Incluso se hicieron apuestas, gratuitas, en las que se podía ganar desde una txapela hasta una camiseta. "Yo de mayor quiero ser como ellos", repetía Unai, de cinco años, que se acercó hasta el frontón junto a sus aitas. Apenas pestañeaba, y no se quería perder ni un golpe de los pelotaris. Pero no era el único. Juan Larrea, de 82 años, tampoco se perdía detalle. "Me encanta la pelota, me convierto en un niño cuando lo veo", decía ilusionado sin apartar su mirada.
Pero el ambiente también seguía fuera del frontón donde muchos caminaban sin prisa hacia la Plaza Nueva. Otros muchos se dirigían hacia El Arenal, donde desde hace doce días Eskutartie vende sus productos artesanos hechos a mano y también con el corazón. Ayer el recinto reunió más gente de lo habitual. "Desde el jueves se ha notado más ambiente", explicó Iñaki Gorrotxategi, que vende chocolates para los paladares más exigentes. "¿Qué tipo de chocolate es ese?", le interrumpió una mujer de avanzada edad. "Es una boina de chocolate con...", intentó responder antes de ser interrumpido nuevamente. "Ponme dos". Y así continuó su jornada de ayer. Cinco puestos a su derecha, William Gorostiza también trabajaba con su mejor sonrisa. Él vende ropas. Y también txapelas. "Es un complemento muy vasco por lo que los bilbainos lo quieren, pero los turistas también", dijo William.
Doce procesiones La buena marcha de las procesiones de Semana Santa se vio oscurecida por la suspensión de la última cita que debía tener lugar ayer en la Catedral de Santiago, en Bilbao. Sin embargo, "el balance es muy positivo y estamos muy contentos", aseguró Javier Diago, portavoz de las cofradías de Bilbao. El buen tiempo de días atrás permitió salir a las doce procesiones penitenciales, nada que ver con el año pasado ya que se suspendieron, total o parcialmente, las procesiones del Nazareno y las de Jueves y Viernes Santo. Además, "ha aumentado mucho la presencia de los niños en las procesiones. Nos ha llamado la atención ver más de 150 personas de medio metro vestidas de cofrades", dijo Diago. Y es que la pasión que se siente en Semana Santa aumenta año tras año. Ayer no fue excepción y la villa se llenó de alegría en Domingo de Resurrección.