Bilbao - Suena el teléfono en la recepción de un céntrico hotel de Bilbao. El cliente solicita un masaje. "Ese puede ser el perfil de un turista especial, de mayor poder adquisitivo", dice Elena Pérez. Sus dotes comunicadoras dejan entrever la experiencia que acumula en la promoción turística de la villa. Se percibe su pasión por Bilbao. ¿Está la villa preparada para acoger turistas VIP?
Sí. Tiene buena infraestructura hotelera, buenos restaurantes, lugares para visitar y tiendas como Gucci, que están en todo el mundo; por eso, los turistas prefieren algo más local y me gusta llevarles a tiendas de diseño local, que componen el hecho diferencial de la ciudad.
¿Le falta algún ingrediente a la ciudad para completar su oferta turística de lujo?
Bilbao es auténtico, tenemos todo lo que se puede desear. Una buena mezcla de cultura y gastronomía. El turismo más VIP se activó en Bilbao a partir de la instauración del Museo Guggenheim hace 17 años. Es lo primero que se ve, pero luego descubren otras cosas.
¿Quiénes son y de dónde proceden los turistas de nivel más elevado?
Normalmente es gente de negocios que ha hecho dinero a través de empresas. El turismo más VIP con el que he trabajado es, sobre todo, de procedencia americana. A raíz del vuelo que conecta Bilbao con Oslo, por ejemplo, se ha notado también el incremento de turistas noruegos en Bilbao.
¿Hay nuevos ricos?
No hay tipos de ricos; depende de la educación que hayan tenido. Generalmente, la gente rica que viaja suele ser discreta. En las visitas, veo asomar relojes o zapatos de una marca que para mí sería impensable, pero no alardean.
¿Qué buscan cuando viajan?
No perder el tiempo. Cuando alguien contrata un guía de forma particular y paga lo mismo que un grupo por el mismo servicio busca algo muy concreto. El hecho de ir al grano es fundamental, porque no suelen disponer de mucho tiempo para las visitas.
¿Para cuántos días vienen?
He trabajado incluso con viajes de ida y vuelta en el mismo día. Suelen ser clientes con base en Madrid o Barcelona, que cogen vuelos casi a diario. Las comunicaciones son muy buenas y eso supone que con un chófer se tenga tiempo de visitar los museos principales, el Casco Viejo, comer en un restaurante relajadamente, ir de tiendas y volver por la noche a tu ciudad.
¿A los turistas VIP les gusta caminar por las calles de la villa?
Hay de todo. Es más una cuestión física y depende del tiempo que dispongan. Se les ofrecen todas las alternativas. Generalmente, les gusta recorrer la ciudad en coches cómodos, oscuros y discretos.
¿Las mujeres con alto poder adquisitivo hacen turismo en tacones?
Suelen presentarse con atuendos cómodos, sin tacones.
¿Y usted?
Los tacones se aguantan las horas que haga falta con la adrenalina que este trabajo supone.
¿Cómo se tiene que comportar el guía con este tipo de clientes?
Hay que crear un ambiente especial y una conversación con ellos. Hay momentos audio-guía para darles información, pero se trata de hacer un viaje o un recorrido a la carta. Hay que ser muy flexible, porque quizá lo que has planeado no les gusta, hay que tener recursos y saber amoldarse a sus necesidades. Muchas veces surge la conexión con el cliente, ya que aunque sean pocas horas, son muy intensas.
¿Qué clientes VIP recuerda?
Estuve con los directivos de un banco suizo que hicieron un viaje puramente gastronómico, o con la mujer de un jugador de baloncesto de la NBA o los adinerados dueños de una revista argentina. He ejercido de guía con directivos, familias que viajan en minibuses de lujo o personas que aterrizan en avión privado.
¿Ha realizado algún recorrido con turistas que viajen con personas de seguridad?
Sí, pero suelen ser muy discretos y no sabes ni que existen. También he hecho recorridos con personas que viajan con médico o asistente.
¿Se prepara las visitas?
Sí, ya que las jornadas suelen ser muy intensas. Este tipo de cliente no suele pedir mucha información, pero hay que estar en alerta permanente. Siempre me gusta llevar un detalle que me haga sentir más segura, como un bolso o unos zapatos especiales.
¿Qué importancia tienen los pequeños detalles?
Son muy importantes: que el chófer esté a la hora y que sea él quien esté esperando, no tener que hacer cola en los museos para coger entradas, que no tengan dificultades a la hora de efectuar pagos en tiendas, que no tengan que subir escaleras si no lo desean... Eso permite que todo sea más fácil.
¿Qué rincón de Bilbao le parece más atractivo para enseñar?
Artxanda, pues ver Bilbao desde ahí arriba, incluido el mar, es una manera de aproximarse a la ciudad. A los turistas de mayor poder adquisitivo les encanta la zona residencial del parque de Doña Casilda o la vista del Guggenheim desde Avenida Universidades.
¿Hay un sexto sentido para identificar a la gente que dispone de dinero?
No siempre se intuye. Trabajé ofreciendo información a bordo de los barcos que llegaban a Santurtzi. Hubo una ocasión en que en el crucero The World vi pasar a un señor durante varios días que si le hubiera visto en la calle, le hubiera dado un euro. Llevaba un polo con unos agujeros e iba desaseado.
¿Ha cambiado la forma de viajar?
Completamente; ahora se viaja para captar ambientes.
¿Cambiaría su trabajo?
Es un trabajo que agota mucho, sobre todo físicamente, porque hay que estar en continua tensión. Me encanta y no lo cambiaría por nada del mundo.