Javier Uriarte no podía disimular cierta envidia sana cuando se enteró ayer del programa BBK Bizi puesto en marcha desde el hospital de Cruces. Él, junto a su esposa y su suegra, pasaron más de cuatro meses y medio en Madrid pegados a su hijo Ibai, de cuatro años, después de haber sido sometido a un trasplante de cinco órganos en el hospital de La Paz. "Nosotros llegamos un 3 de diciembre y no teníamos nada, le iban a operar a Ibai, y nos tuvimos que buscar la vida", recuerda Javier a la hora de plantearse la logística de vivir en Madrid varias semanas. Su primera opción fue acudir a una vivienda que ofrecía una congregación de religiosas que le sirvió durante el primer mes de convalecencia del pequeño. "Era un buen lugar y con un precio arreglado, siete euros por cada persona que estábamos y éramos tres", indica. Pero la situación económica de la familia no era la más boyante y, al final, acudieron a la solidaridad social a través de exponer su caso en los medios de comunicación. "Todo el mundo se volcó", concreta el aita de Ibai, por lo cual "siempre estaré agradecido infinitamente", reconoce. La dura situación que vivía entonces el pequeño vecino del barrio de Arkotxa, en Zaratamo, caló hasta en la empresa de seguridad donde trabaja Javier, de forma que, a través de una de sus divisiones sociosanitarias, le facilitó un piso a unos 20 kilómetros de Madrid "pero a pocos minutos del hospital y de forma gratuita. Fue nuestra salvación", asegura.
El aita de Ibai considera que "es muy importante tener una vivienda en estos casos, porque nosotros conocimos padres que iban camino de un año de ingreso de sus hijos, gente que venía de Sevilla o de Galicia y que tenía que seguir allí". En este sentido, reconoce la cama supletoria que el hospital de La Paz ofrece en la habitación a uno de los familiares de los pequeños ingresados, "pero eso se queda corto; es importante tener una vivienda donde dormir bien para luego poder estar a la altura durante el día siguiente y poder atender a tu hijo enfermo", concreta Javier.
Por cierto, después de pasados más de tres años de la intervención múltiple del pequeño Ibai, ahora ya con siete años, "evoluciona muy bien y ya le han quitado dos medicamentos para el riñón". Eso sí, cada tres meses todavía tiene que viajar a Madrid para revisar su estado, "aunque ahora solo dormimos una noche en el piso de la congregación religiosa".