Un jeltzale disciplinado pero díscolo
A Azkuna no le dolían prendas a la hora de expresar públicamente sus opiniones, aunque resultaran polémicas
Algunos consideraban a Iñaki Azkuna un alcalde díscolo, en el sentido que no aceptaba los convencionalismos ni las directrices del partido a pies juntillas, pero él siempre se consideró un hombre disciplinado, al que no le dolían prendas para expresar públicamente sus opiniones aunque estas no estuvieran al cine por cien en la línea más ortodoxa del PNV. Azkuna era conocedor de la fama que le precedía por sus declaraciones públicas, en las que en más de una ocasión se mostró discrepante. Por eso, a menudo hacía alusión a ello, siempre con la pretensión de aclararlo. "Siempre he estado cómodo en el PNV, a pesar de que haya tenido fama de díscolo y de michelín", dijo en una entrevista a DEIA.
El pragmatismo y el espíritu pactista del alcalde de Bilbao no siempre fueron del agrado del sector más soberanista del PNV. Arzalluz llegó a incluirlo entre los michelines que soporta el partido. Y a punto estuvo de no ser presentado a la reelección en su momento. Al final, el estilo y el carisma de Azkuna se convirtieron los últimos años en el mejor activo del PNV hasta el punto de que en los comicios de 2011 consiguió por primera vez la mayoría absoluta para el PNV en Bilbao. Precisamente, ese carácter pragmático le hizo merecedor de la confianza de otros 11.000 bilbainos que sin ser afines al PNV le dieron su voto para que así pudiera gobernar en solitario.
Fue precisamente ese carácter suyo el que, en más de una ocasión, obligó a sus líderes a cerrar filas. Una de aquellas ocasiones fue la surgida ante las críticas de Azkuna sobre el planteamiento del entonces lehendakari Juan José Ibarretxe. "Veo imposible que salga adelante", afirmó el alcalde sobre el Plan Ibarretxe. El entonces portavoz de la ejecutiva del PNV y ahora lehendakari, Iñigo Urkullu, se vio en la necesidad de minimizar las discrepancias surgidas en el seno de la formación.
También fueron públicas las discrepancias que mantuvo el alcalde con el diputado general de Bizkaia cuando quiso que la institución foral construyera su torre foral en terrenos de Abandoibarra, proyecto que finalmente desestimó porque José Luis Bilbao consideró que no era el momento de realizar ese tipo de inversiones.
Con el tiempo, alcalde y diputado habían limado sus diferencias y hablaban de ello abiertamente, incluso públicamente. "Han pasado muchos años en los que nos llevamos estupendamente y ustedes siguen queriendo recordar aquellas diferencias", solía quejarse el alcalde.
Cuádruple A A finales del pasado milenio y comienzos de este, José Antonio Ardanza, Juan María Atutxa e Iñaki Azkuna empezaron a reunirse regularmente en Bilbao alrededor de una mesa y mantel, como se celebran los encuentros más fecundos de este país. Acababan de abandonar el Gobierno vasco del que fueron lehendakari, presidente del Parlamento y consejero de Sanidad y, tras un periodo intenso, querían compartir y contrastar sus puntos de vista sobre las cosas de la vida de una manera informal. Muy pronto, se les unió Javier Atutxa, otro con apellido empezando por A y que nutría así el histórico grupo, aunque fue el primero en abandonarlo.
Les gustaba conversar y analizar la realidad política y social de cada momento con la experiencia que albergaban de su dilatada trayectoria profesional y personal. Así, los encuentros pasaron a formar parte de la rutina de los cuatro y durante más de una década se mantuvieron como una constante en sus agendas. Eran encuentros privados en los que las conversaciones que se fraguaban suscitaban más de una suspicacia. "Las tertulias se alargaban mucho. Hablábamos de política, del partido, de las cosas de ETA...", confesó en más de una ocasión el propio alcalde.
Con el paso del tiempo y los cambios en el país, el alcalde también pareció templarse, aunque hay quien cree que siempre hizo de su capa un sayo, siempre dentro de un orden.
Sus últimas declaraciones cuando el PNV convocó la declaración por los presos que fue negada a Bildu y en la que se manifestaron conjuntamente dieron cuenta de ello. Azkuna dijo entonces que comprendía aquella convocatoria conjunta a la que en todo caso no acudió, pero no pudo evitar recordar a su partido que mantuviera aquel gesto como un acto aislado y dentro de la excepcionalidad. Ese carácter le acompañó al final, persistente y recio en sus convicciones.
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