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Una despedida íntima, como él había querido

Las exequias se celebrarán hoy en la intimidad , tal y como fueron sus deseos Iñaki Azkuna no quería exponerse ni generar problemas a la ciudadanía, quería sencillez

Una despedida íntima, como él había queridoZigor Alkorta

BILBAO. Iñaki Azkuna estaba rodeado de familiares y sus amigos más íntimos cuando falleció ayer a última hora de la tarde. Durante las últimas semanas se había apagado, poco a poco, desde su recaída el día que celebraba su cumpleaños, el pasado 16 de febrero. Siendo consciente de que era el final se había despedido de las personas más cercanas y había dispuesto también cómo quería que fueran los actos después de su muerte. Con sencillez, sin ceremonias pomposas, una despedida austera. "El era así, por eso no nos sorprende. Si al llegar a un acto había una alfombra roja nos decía que aparcáramos un poco más adelante para no llamar la atención", recordaban las personas que le han acompañado, cada día, en los 15 años en los que ha sido alcalde de Bilbao.

Así, siguiendo sus deseos, sus colaboradores más estrechos han dispuesto hoy una despedida en la intimidad de la familia y de sus allegados, y solo será público el funeral previsto para el lunes, 24 de marzo, en la catedral de Santiago. "No quería ser expuesto, ni que hubiera largas colas. Nosotros no somos así y él así lo había expresado", dio a conocer Andoni Aldekoa, uno de sus hombres de más confianza, a las puertas del domicilio del alcalde. "El pueblo lo agradecerá", dijo convencido Aldekoa.

La discreción con la que se transmitió la muerte del alcalde de Bilbao hizo que la noticia tardara en extenderse y así, tal como él quiso, los momentos posteriores a su muerte se vivieron en la intimidad. Avanzada la noche, sin embargo, programas de radio, televisión y redes sociales difundían la trayectoria de un hombre que murió como el había querido. Porque Azkuna murió siendo alcalde.

Despedida íntima

Solo Andoni Ortuzar, presidente del Euskadi Buru Ba-tzar, acompañado por Itxaso Atutxa, presidenta del Bizkai Buru Batzar, acudieron a su domicilio tras conocer la noticia. Ortuzar, que se encontraba en Madrid donde iba a ser entrevistado por Televisión Española, suspendió la cita informativa y regresó a Bilbao al conocer que Azkuna estaba ya muy mal. Ortuzar y Atutxa no tardaron en acudir a la residencia del alcalde para estar en esos momentos difíciles junto a sus familiares y amigos. Visiblemente emocionado, Ortuzar, con la palabra entrecortada y lágrimas en los ojos, lamentaba la pérdida. "Se nos ha marchado el alcalde, una persona especial. Un gran abertzale, un amigo y en este momento, el mejor homenaje que podemos hacer es seguir su camino".

En la sede del PNV de Sabin Etxea, la ikurriña ondea ya a media asta, al igual que la bandera de la ciudad ubicada en la plaza junto al Ayuntamiento, la segunda casa de Iñaki Azkuna durante todos los años desde que en 1999 fue proclamado alcalde de Bilbao.

Azkuna estuvo consciente prácticamente hasta los últimos momentos y, según relatan sus enfermeras, dos jóvenes que han atendido al alcalde con mucho cariño en estos días difíciles en los que la enfermedad ya había decidido no darle tregua, "estuvo tranquilo hasta el final".

Esta última semana había restringido mucho las visitas y solo los muy íntimos estaban junto a él, entre ellos, José Luis Sabas, que visiblemente afectado abandonaba la casa del alcalde al anochecer cuando ya se había trasladado el cuerpo sin vida del alcalde al tanatorio en un furgón blanco, discreto, a las diez menos diez de la noche.

Unos vecinos del portal de al lado, alertados por los medios gráficos, se acercaron para corroborar su sospecha: "¿Ha muerto el alcalde, verdad? ¡Qué pena! Con lo que ha luchado. Le veíamos por aquí paseando estos meses que estaba convaleciente y da mucha pena que no haya podido superarlo".

La jefa de protocolo del Ayuntamiento, Begoña Ibargüen, se expresaba en el mismo sentido. "Es irrepetible. Era un hombre especial". Ibargüen, que ha estado junto al alcalde hasta los últimos momentos, decía con cierto sosiego que el alcalde se había despedido tranquilo.

La misma tranquilidad que se respiraba en los aledaños de su casa. El lehendakari, Iñigo Urkullu, en sus palabras de despedida señaló que "ha sido todo un honor". "A ti, a todas, todos quienes hoy -sin distinciones- os, nos sentís, sentimos en una medida huérfanos, doluminak, atsekabean lagun, eta besarkada estu bat! Zure, zuen esanetara nauzu-nauzue! Me habría gustado haber podido ayudarle más pero nunca habría estado a su altura".

Y es que el carácter directo y el verbo inteligente de Azkuna era su principal virtud. "Nosotros nunca tuvimos ninguna queja. Respetaba nuestro trabajo y se preocupaba por nosotros. Era, en el día a día, tan claro y sincero en su comportamiento como en público", recordaban ya con nostalgia las personas que han vivido su día a día.

Ayer, los miembros de su equipo de gobierno y colaboradores más estrechos no quisieron pronunciarse sobre la figura del alcalde. Hoy, los concejales celebrarán una junta de portavoces y posteriormente está convocado un pleno extraordinario.

El último pleno de despedida de un hombre que llevó hasta sus últimas consecuencias su pasión por la ciudad de Bilbao. Primero, en petit comité, cuando la enfermedad aún era una batalla que espera ganar, ya adelantó que el final le llegaría siendo alcalde. Después, cuando se encontraba ya muy afectado, lo tenía igual de claro. No pensaba dejar que la enfermedad le relegara de sus funciones. Y así fue, porque hasta el último momento vivió con la esperanza de recuperarse y agotar la legislatura. "Aún no he dicho que no me vaya a volver presentar", había dicho no hace mucho tiempo.