BILBAO. En la página "web" del obispado, Iceta ha recordado los últimos momentos que pasó junto al alcalde, enfermo en su domicilio, cuando tuvieron una "profunda y conmovedora conversación. Como médico, era plenamente consciente de su situación y de que estaba viviendo los últimos compases de su peregrinación en este mundo".

"Él sabía que marchaba a la casa del Padre y, como me manifestó, quiso despedirse de su obispo. Me confesó que, aunque desde nacimiento había profesado la fe, vivida en su Durango natal, posteriormente tuvo un periodo de unos veinte años en los que vivió de modo un tanto distante de sus convicciones cristianas. Mirando a una hermosa imagen de Cristo que tenía ante su cama me dijo: Ese salió a buscarme, me encontró y me llamó. Y desde entonces ni Él me ha dejado a mi, ni yo a Él".

"A veces no la entiendo, pero soy hijo de la Iglesia y estoy muy contento de ello", le confesó a Iceta, y le dijo: "por eso te he llamado, como pastor de esta Iglesia de Bilbao y obispo mío que eres. Quería despedirme de ti".

Iceta ha desvelado que el alcalde "me pidió un funeral sencillo. Que la gente sencilla de Bilbao pudiera acompañarle y estar cerca. Esa gente, -me confesaba-, a la que ha querido servir y a la que constantemente ha querido acercarse y escuchar".

El obispo ha recordado que el afecto de los habitantes de Bilbao "era patente cuando se estaba con él. Personas de toda condición se acercaban a saludarle, a pedirle cosas para su barrio, a quejarse de lo que no iba bien, incluso alguna señora se atrevía a lanzarle piropos". "Gracias y descansa en paz, Iñaki", ha concluido el prelado.