bilbao - “La primera temporada con Howard en el banquillo nos clasificamos para la UEFA. En la segunda peleamos hasta el final. Faltaban ocho partidos y Howard decía: UEFA posible, quedaban cinco y decía UEFA posible... hasta que no lo fue”. Ese empeño, esa positividad describía Howard Kendall, recuerda Patxi Ferreira, que se asentó con el inglés en la elite del fútbol después de debutar meses antes a las órdenes de José Ángel Iribar. Kendall, que arribó al Athletic en una época complicada -el club vivía una era de transición- dio la alternativa, entre otros, a Rafa Alkorta, muy afectado por el fallecimiento del que fuera su primer entrenador profesional. Apunta Alkorta que el técnico inglés tenía “un gran entendimiento del juego y que se acercó mucho a los futbolistas”.

Esa proximidad con los jugadores, herencia directa del fútbol británico, marcó a todos los que trabajaron a sus órdenes. “Tenía el toque de los entrenadores ingleses, muy cercano, muy próximo. Te llamaba, se preocupaba por cómo estabas y eso cala en el jugador”, rememora Patxi Rípodas, uno de los fichajes de la era Kendall. Xabi Eskurza también destaca el lado humano del técnico inglés, “alguien entrañable, muy buena persona”. El que fuera extremo rojiblanco, que debutó en el último curso de Kendall en Bilbao, subraya que “tenía un poco de dificultad a la hora de comunicarse por el tema del idioma, pero sabía llegar al jugador. Era muy campechano, alguien muy especial”. Howard Kendall, que “estaba más cercano a los jugadores que a la directiva”, atribuye Ferreira, conectó con facilidad con el vestuario. “Entrenaba con nosotros, jugaba las pachangas, era muy divertido y afable”, conceden los exjugadores. El tercer tiempo después de las sesiones preparatorias fue una de la huellas de identidad de un hombre que se fundió con celeridad en el paisaje y las costumbres de Bilbao. “Tras los entrenamientos solíamos tomar alguna cerveza con él. Le gustaba esa cercanía”, desgrana Rípodas. Alkorta cuenta lo que ocurrió en un cumpleaños de Howard. “Acabó el entrenamiento y en el vestuario había cajas de cerveza. Decía que los cumpleaños no se celebran con champán, que hay que hacerlo con cerveza”.

Aunque de muy buen trato con los futbolistas, “confiaba en nosotros”, expone Rafa Alkorta. Kendall no descuidaba el juego. “Era un entrenador muy bueno, un técnico de primer nivel. Sabía mucho de fútbol”, argumentan los exrojiblancos, en los que Kendall confiaba a ciegas. “Era listo. Una vez en Madrid, después de obtener un buen resultado dejó que saliéramos. Habitualmente no era de los que ponía hora de regreso porque confiaba en nosotros. Aquella vez nos dijo que para la 1.30 horas teníamos que estar en el hotel. Algunos nos retrasamos y fuimos a coger las llaves a la recepción, pero no estaban. Las tenía él en su habitación. Así que tocamos la puerta para pedirle las llaves con cara de corderitos. Nos castigó por aquello. Tuvimos que pagar una comida a toda la plantilla”, remata Alkorta sobre Howard Kendall.