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Angel María Villar: "San Mamés ha sido mi vida"

Ángel María Villar (Bilbao, 1950) se pone sentimental al hablar de 'La Catedral'. El presidente de la Federación Española de Fútbol creció y se hizo un nombre como futbolista en San Mamés, su barrio. Ahora que el mítico campo encara su recta final tras un siglo de vida, el exjugador rojiblanco repasa para DEIA sus sensaciones

Angel María Villar: "San Mamés ha sido mi vida"Oskar Martínez

Madrid. Entre dedicatorias de Michel Platini y Julio Grondona, Ángel María Villar guarda en un lugar especial de su despacho de la ciudad deportiva de Las Rozas una fotografía en la que conduce el balón en un partido en San Mamés. Han pasado más de tres décadas desde que colgó las botas, pero el presidente de la FEF tiene aún frescos los recuerdos. El Chule -así le conocían de niño en el barrio- destacó pronto entre los chavales de Luis Briñas, los mismos con los que se colaba para ver jugar al Athletic. "Las gradas, la paredes externas de San Mamés eran donde mis amigos y yo jugábamos al fútbol. Las porterías eran las entradas de las puertas de la General, de la Misericordia, todo aquello ha sido mi vida, porque me he educado allí", subraya Villar, que todavía recuerda de forma irónica a los aficionados y periodistas que le acusaban de jugar siempre el balón para atrás. Aunque le da pena, considera normal que se derribe: "Se ha tomado la decisión acertada de construirlo justo al lado, y estoy muy feliz, porque es mi barrio".

Ha contado en alguna ocasión que lo primero que vio al nacer fue el campo de San Mamés.

Sí, mi madre me dio a luz un 21 de enero de 1950 enfrente del campo, ya que la ventana de su habitación daba a San Mamés. Antes a las parturientas se les atendía en casa, y nací a poco más de veinte metros del campo. También tengo que decir que mi madre siempre me decía que había nacido jugando el Athletic, después lo he mirado. Contra el Valencia, perdió 6-3, y debía estar nevando.

Siempre con el Athletic en su vida.

Mi vida ha sido el barrio de San Mamés, es decir, Luis Briñas. Tengo tantos recuerdos? Tengo doble motivo para acordarme, porque ha sido mi barrio, porque San Mamés estaba ahí, porque en mi niñez el campo lo utilizábamos, y, además, porque después jugué en el Athletic. Muchos jugadores tienen su motivación por haber jugado en San Mamés, pero yo tengo un recuerdo especial por haberme educado allí. Las gradas, la paredes externas de San Mamés eran donde mis amigos y yo jugábamos al fútbol. Las porterías eran las entradas de las puertas de la General, de la Misericordia, todo aquello ha sido mi vida, porque me he educado allí, porque he jugado de niño.

Parece que tiene lo recuerdos de la niñez muy presentes.

Recuerdo partidos en la calle Felipe Serrate, el caserío San Dios que estaba al final, un caserío muy famoso donde el Athletic lavaba la ropa. Yo he ido muchas veces dentro de ese caserío, a jugar, a ver cómo limpiaban las botas y la ropa de los jugadores. Después, dentro de San Mamés, he hecho perrerías. Entrábamos al campo, nos colábamos tanto si había partido o no. Durante la semana recuerdo que jugábamos con las almohadillas que se alquilaban para estar más cómodos sentados y que se guardaban en los cuartos de baño del campo. También recuerdo la fiesta de San Mamés, que se celebraba allí en agosto.

¿Cómo fueron sus primeros entrenamientos como proyecto de 'león'?

Me entrenaba a las siete de la tarde en la tribuna principal de San Mamés. Yo ya estaba involucrado con el Athletic, era un crío de catorce años, y nos entrenábamos con Jesús Garay en el cemento, no en el campo. De niño también iba a ver los entrenamientos del Athletic: Orue, Garay, Canito, Artetxe, Markaida, Arieta, Gainza? A todos les he visto entrenar. San Mamés es mi vida de niño, ha sido un componente de mi formación y educación como hombre.

¿Quién imaginaba que era cuando le daba las primeras patadas al balón?

Como todo niño de entonces, de hoy y del futuro que juega al fútbol en Bizkaia, quería hacerlo en el Athletic. Pero una cosa es querer y otra poder o tener la suerte de poder hacerlo. Todos queríamos jugar en el Athletic. Y con catorce años fueron mis dos hermanos mayores los que me llevaron por primera vez a entrenarme con el Athletic. Empiezas aquello, y cuando estás en infantiles o juveniles quieres llegar al primer equipo, pero todos no pueden. Yo tuve la gran suerte de llegar, aunque cuando cumplí 18 años los técnicos de entonces consideraron que no era apto para el primer equipo.

¿Lo pasó mal después de que el Athletic le enseñara la puerta de salida después de acabar juveniles?

Yo era muy delgadito, pienso que no estaba debidamente desarrollado. Pesaba 60 kilos, y creo que ese fue el motivo, porque jugaba bastante bien. A los dos años ya estaba jugando otra vez en el Athletic. Recuerdo que tuvo un protagonismo muy activo para que regresara al club el señor Venancio, famoso interior derecho del Athletic. Era directivo y me había visto jugar varios partidos y planteó a los técnicos la posibilidad de ficharme. Y así fue. Un camino que empezó en la temporada 71-72.

¿Cómo fueron sus primeros días en el vestuario? ¿Le impuso estar de tú a tú con los que habían sido sus ídolos?

Sí, evidentemente. Estaba un poco cohibido, porque yo soy tímido. Ves a Iribar, Sáez, Arieta, Fidel Uriarte, Txetxu Rojo, Argoitia?

¿Le gastaron muchas novatadas?

Tengo una anécdota de la primera vez que me convocaron para un partido oficial. Voy al tren, porque viajábamos en coche-cama a Madrid. Me pongo en la habitación del centro y me viene Iñaki Sáez, que era el capitán, y me dice: "Las habitaciones del centro son para los veteranos, tú, a las de la rueda". Son detalles que aún tengo frescos.

¿Eran buenos con usted los veteranos de la caseta?

Han sido extraordinarias las enseñanzas que me han dado todos mis compañeros. Además, con una predisposición por mi parte de querer aprender lo que ellos sabían. Pero de todo, tanto dentro de la profesión, como en la relación humana.

Y llega la titularidad...

El señor Artigas, que era el entrenador, me empezó a sacar con asiduidad. Tuve ocasión de que me alinearan en el medio del campo marcando, aunque solía jugar de mediapunta, y aproveché esa oportunidad, porque hasta que dejé el club jugué como titular. Tengo unos grandes recuerdos de toda mi carrera en el Athletic y le estaré siempre agradecido a esta institución, me ha enseñado a mejorar el fútbol que yo practicaba, me ha enseñado muchas cosas de la vida, he tenido grandes compañeros, me ha posibilitado estudiar una carrera en la Universidad de Deusto, a ser feliz en aquellos momentos de mi vida...

Tenía fama de buen negociador.

Me preocupaba de debatir con los dirigentes los derechos de los jugadores, y muchos de mis compañeros me decían que yo no iba a ser entrenador al dejar el fútbol, que yo iba a ser dirigente, y así ha sido. Discutíamos las vacaciones, los sueldos, las primas?

Era la época de los sueldos de solteros y casados.

Sí, yo entré como soltero, y después, a los 24 años, me pagaron como casado. También, por supuesto, al final de los entrenamientos, en los partidos que jugábamos entre solteros y casados cambié de bando. También había otra manera de jugar los partidos en Bilbao, que era entre los de la margen derecha y los de la margen izquierda. Yo era de la margen izquierda.

¿Cuándo se da cuenta de lo que aprieta la grada de San Mamés?

El aficionado de San Mamés tiene un gran arraigo por el Athletic y las nuevas generaciones están manteniendo ese apoyo, además, con una política que hoy es muy difícil de mantener y con la que se juega en desventaja con el resto de los equipos. Por eso cuando el Athletic, una vez más, juega de tú a tú contra el resto de clubes de Primera, año tras año, eso trae consigo que se le admire y que las nuevas generaciones de hinchas le apoyen. Tiene una forma de ser y de actuar que es muy querida y admirada no solo por el fútbol español, sino por todo el mundo. Es impresionante. Y cuando esa afición te anima en el campo desde el primer minuto hasta el final tienes algo más que te hace correr y jugar por encima de tus posibilidades. También es cierto que cuando las cosas no salen tan bien tienes un gran respeto por esa afición que se vuelca con el equipo y muchas veces haces la reflexión de si estás a la altura de lo que el hincha te da sin pedir nada a cambio. Creo, sinceramente, que todos los jugadores que hemos pasado por el Athletic hemos sido responsables y hemos intentado corresponder al público. Algunas veces lo hemos conseguido y otras no. Existe esa conciencia de corresponder a un público totalmente leal al equipo y a los jugadores.

¿Se acuerda de su debut en San Mamés?

Sí, fue ante la Unión Deportiva Las Palmas en septiembre de 1971. Me sacaron diez minutos. Perdimos el partido. Antes ya había jugado en un torneo de verano. En aquel momento no te das cuenta de lo que supone, porque al estar compitiendo, estás pendiente del partido. Yo me di cuenta de la importancia que tenía a posteriori, cuando ya estaba en mi casa. Porque al sacarme tan poco tiempo, lo único que hice fue correr como un loco tras el balón. No sé si lo hice bien o no. Pero sentí una gran satisfacción porque aquello que deseaba de niño lo había conseguido finalmente.

¿Tenía buena prensa?

Había de todo, algunos me ponían muy bien y otros, todo lo contrario. Te habitúas a lo que dicen de ti, pero lo mejor, sin duda, es que no hablen de ti en un partido. Aunque algunos aficionados y parte de la prensa iban predispuestos a decir que yo solo jugaba para atrás. Yo les decía que si solo jugaba para atrás, imagínate si lo hacía para adelante... Pero no me puedo PASA A LA PÁGINA SIGUIENTE>

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quejar. Además, he estado sometido a críticas desde muy joven, algo que me ha servido para el cargo que ostento, porque si hay una persona que está sometida a la crítica ese es el presidente de la FEF.

¿Se planteó cambiar de equipo una vez que el Athletic no le quiso renovar? Tenía solo 31 años.

Intenté cambiar de equipo un año antes de terminar. Yo me daba cuenta de que mi carrera como futbolista se acababa, me di cuenta que lo mejor era que me traspasaran, pero no quiso el Athletic. Sé que el Atlético estaba interesado por mí, pero no fructificó.

¿Era normal que los jugadores de su época estudiaran una carrera universitaria?

No, entonces, si no recuerdo mal, Carlos, Amorrortu y yo éramos los tres de la época que estudiábamos. Lo que aconsejaría a los deportistas profesionales es que se formen.

¿Qué noche de San Mamés recuerda especialmente?

Para mal, la que todo el mundo me recuerda, que es la de la agresión a Johan Cruyff. Hace poco estuve con él en la final de la Europa League en Amsterdam. He tenido mucho contacto con él, no tenemos ningún problema. Pero fue una jugada con mucha proyección en el mundo entero. Después ha habido partidos que me han dejado huella, como un encuentro contra Las Palmas, en el que el míster me hizo cubrir al argentino Brindisi. Este te buscaba muy bien la espalda, algo que Iribar me advirtió. Pero le marqué muy bien.

Sobre el césped, con tanto cántico, ¿ya oía las órdenes que le daba Iribar?

Al que no queríamos oír era al entrenador (entre risas). Lo que pasa es que los técnicos tienen un defecto, que se fijan más en los jugadores que tienen más lejos, porque piensan que se esconden, cuando los que están en su banda pueden estar jugando fatal. Es una broma. Pero al que se le oía era a Iribar, era la prolongación del entrenador sobre el campo. Tenía un don especial para colocarnos a todos. Me acuerdo que siempre me decía: "Ángel, no te vayas al lado que no te corresponde, tú siempre a la derecha, y ahí, barre. Tienes que coger una vertical desde la derecha de nuestra área hasta el área rival, no te salgas y arrasa".

¿El césped de San Mamés era la moqueta de ahora?

No puedo decir que era mejor. Pero siempre ha estado perfecto. Menos en los meses de enero y febrero, sobre todo por la zona en la que yo jugaba, por la zona de la antigua General, con la sombra y lo que llovía se hacía muy espesa la hierba y lo notabas, porque tenías dolores en los aductores y en el pubis. Había barro y tenías que aguantar todos los domingos, jugando para atrás, imagínate si juego para adelante (entre risas).

¿Quién es el mejor jugador que ha visto en 'La Catedral'?

Fidel Uriarte y luego, Txetxu Rojo. Sin olvidar a Iribar, el gran especialista en la portería. Después, de verle desde la grada, tendría que decir a Di Stéfano, defendía, atacaba, metía goles, era espectacular... Salvo Eusebio, Pelé y Bobby Charlton, todos han pasado por Bilbao.

¿Por qué Iribar era el mejor?

Porque sí. Lo tenía todo. Era elástico, paraba mucho, era alto, delgado, la primera jugada la hacía con la mano?

¿Le metían goles en los entrenamientos?

Fidel Uriarte y esos que eran muy buenos algunos ya le metían, yo muy pocos.

¿Hay alguien que ha encarnado el sentimiento Athletic mejor que Iribar?

El sentimiento Athletic no es solo patrimonio de Iribar, es patrimonio de todos los que hemos estado.

¿Platini le ha hablado alguna vez de San Mamés?

Quiere mucho a nuestra tierra y claro que me ha hablado del campo, sobre todo cuando estuvo en el Mundial 82 con Francia. Un estadio centenario, donde juega un histórico como el Athletic, se conoce en todo el mundo. Pero la institución realmente conocida es el Athletic.

¿Usted hace de embajador del Athletic siempre que puede?

Hago de embajador de todo lo que represento, pero yo no puedo soslayar mi pasado, mi formación y mis recuerdos. Pero, realmente, el Athletic necesita pocos embajadores, porque ya se le conoce.

Todos los jugadores hablan de lo empinadas que son las escaleras de los vestuarios de San Mamés.

Sobre todo, cuando venías de hacer un gran esfuerzo. Salías en la segunda parte del vestuario y tenías que coger aire para tomar las escaleras.

¿Era de los que llevaba bien los nervios?

Los nervios se dejan en el campo. Tiene más nervios un dirigente que el futbolista.

¿Nunca se planteó entrenar o presidir el Athletic?

No, nunca. Entrenar no, porque mis compañeros ya me decían que yo iba para dirigente. Y lo de ser presidente del club tampoco me lo planteé. Fui directamente a dirigir la Federación Vizcaina de Fútbol, no tardé ni cinco meses después de colgar las botas.

¿Sintió algo especial cuando le dijeron que el viejo San Mamés iba a ser derrumbado?

Si soy sincero, al principio pensé que tendrían sus motivos. No reflexioné. Pero con el paso del tiempo, al analizar la situación, pensé en la historia, lo que ha sido San Mamés para el Athletic, lo que ha supuesto para mí, de todos los jugadores que han jugado, los millones de espectadores que han pasado por las gradas? Pero es normal que el Athletic necesite un nuevo campo, San Mamés con cien años no es un estadio moderno. No se adapta al momento actual. Se ha tomado la decisión acertada de construirlo justo al lado, y estoy muy feliz, porque es mi barrio.

¿El cambio va a ser a mejor?

Por supuesto. Es que tiene ya cien años. Se va a adaptar a las necesidades actuales.

Ahora Bilbao y San Mamés se va a poder postular para acoger alguna final europea.

Siempre que se inaugura un estadio que reúna las condiciones para acoger una final, es normal que se solicite. Otra cosa es que te la adjudiquen, y el nuevo San Mamés va a poder solicitarla.

¿El Athletic va a echar en falta el viejo campo?

No, si está en el mismo sitio... La gente se va a desplazar a San Mamés, no va a ver variadas sus rutinas. El edificio se ha adaptado a los tiempos modernos.

¿Se va a despedir de 'La Catedral' antes de que entren las excavadoras?

Si tengo posibilidades, sin duda. Pero no sé cómo voy a tener la agenda.

¿Su rincón favorito de San Mamés?

La General, siempre, porque ahí me colaba, iba con mis hermanos, con mis amigos. Era incómoda, pero tenía su atracción. Además, teníamos el marcador detrás. Ese que se ponía a mano. Además, al otro lado estaba mi casa.

Seguro que su madre no le podía ni controlar?

No, pero es que antiguamente, que es lo que se echa en falta ahora, los niños jugaban en la calle. ¿Dónde están los niños ahora? No los veo. Yo salía de casa y estaba en San Mamés. Piru Gainza lo decía: "Hoy no hay tantos jugadores y no son tan buenos por la falta de campas para practicar el fútbol".

¿Por qué le llamaban 'Chule' de pequeño?

Porque era un chuleta (entre risas).