"Hay gente que no se va a poner la tercera dosis por aburrimiento"

El hartazgo se refleja en una sexta ola con menos gel, más mascarillas FFP2 y pasaportes sin revisar

22.01.2022 | 00:19
Ciudadanos con mascarilla cruzando una calle.

A estas alturas de la sexta ola quien más y quien menos ha entrado a un bar desenfundando el móvil con el pasaporte covid y lo ha vuelto a envainar porque nadie se lo solicitaba. O ha presionado en alguna tienda un expendedor de gel vacío con la última gota solidificada. Son tan solo dos muestras de la relajación de medidas ante una pandemia que se antoja infinita. El hartazgo es tal que hay incluso a quien le está dando pereza vacunarse. "Hay gente que no se va a poner la tercera dosis por aburrimiento", afirma Inés, una comerciante de Bilbao.

Asomada al mostrador de su tienda de ropa, que no es otra cosa que un balcón con vistas a la sociedad, Inés sentencia que el cumplimiento de algunas medidas anticovid "en estos momentos está en declive", como el lavado de manos, que brilla, pero por su ausencia. "Prácticamente nadie se echa hidroalcohólico, excepto aquellas personas que son de muy alto riesgo, y hay algunas personas mayores que vienen con la nariz por fuera de la mascarilla porque se ahogan, no la aguantan", señala esta comerciante, a la que antes la clientela le pedía "permiso para tocar la ropa". "Ahora hay una normalidad. La gente toca las prendas, se las prueba, no me preguntan dónde pueden dejarlas... Se comportan más o menos como antes de la pandemia", asegura.

"Mucha gente pasa ya del gel" 

Carlos, que trabaja en un establecimiento donde venden productos para protegerse del covid, confirma que "mucha gente pasa ya del gel. Nosotros antes vendíamos mogollón y ahora no vendemos casi. Tenemos cinco o seis botes solo", señala. Otra cosa son las protecciones faciales, cuya venta determina la tendencia de la pandemia. "Se venden muchas mascarillas quirúrgicas y, cuando se pone la situación mal, vuelven las FFP2. Desde que empezó el ómicron se venden más las FFP2", asegura este trabajador, al que en el bar donde toma café todas las mañanas le pidieron el pasaporte el primer día. "A mis compañeras no se lo piden en casi ningún sitio", comenta.

En el gimnasio al que acude, sin embargo, "solo te activan la pulsera que necesitas para entrar si enseñas el pasaporte en recepción", por lo que todos los usuarios están vacunados. "Antes todo el mundo limpiaba con el desinfectante los bancos, ahora no. Ahí sí se ha notado un poco de relajación", dice Carlos.

"El pasaporte lo piden pocos" 

"El pasaporte covid lo piden en pocos bares", suscribe, por su parte, María, una bilbaina para quien la sociedad había bajado la guardia. "Estábamos relajados hasta que nos ha atacado el ómicron porque ahora se ven más mascarillas FFP2", señala. Tampoco Ainhoa le da mucho uso a su pase covid. "Los primeros días sí, yo creo que estaban más serios, pero ahora no me lo piden en ningún sitio", asegura y añade que "con las mascarillas las personas están siendo bastante respetuosas". Nerea echa en falta gel. "Con suerte encuentras un dispensador que funcione o tenga relleno. Es casi como el papel higiénico en algunos bares", compara.

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