Andrés Egaña Muruamendiaraz gudari

El benjamín de tres hermanos gudaris del batallón Loyola

09.02.2020 | 18:03
Andrés Egaña.Foto: Mauro Saravia

Bilbao - Andrés Egaña Muruamendiaraz falleció a los 100 años de edad. El viudo de Amelia Iza Urquijo fue uno de los 200 bergareses, entre gudaris y milicianos, que defendieron la democracia y la libertad tras el golpe militar de 1936. Formó parte del batallón 18 Loyola del PNV. Fue superviviente tras haber sido apresado en la localidad cántabra de Limpias por los fascistas italianos, de donde fue enviado a campos de concentración.

Egaña era uno de los últimos soldados del Ejército vasco o Euzkadiko Gudarostea, dirigido por el lehendakari Aguirre, vivo. Aún permanecen Eduardo Larrouy, Mateo Balbuena, Juan Azkarate, Gregorio Urionaguena, Ignacio Ernabide, Alejandro del Amo, Gabriel Nogues, Javier Brosa y Miguel Arroyo.

Nacido el 5 de diciembre de 1918, cuando estalló la Guerra Civil se alistó como gudari voluntario, al igual que otros dos de sus hermanos, al Batallón Loyola. Los orígenes de esta unidad, según el investigador Francisco Manuel Vargas Alonso, se remontan a las Milicias Vascas acuarteladas en Loiola en septiembre de 1936. Lino Lazkano era quien mandaba la unidad. Más tarde, a partir de mayo de 1937, Juan de Beiztegui.

Egaña y sus compañeros participaron en la ofensiva de Villarreal, en 1936, donde sufrieron bajas apreciables, la mayoría el primer día del ataque. El 1 de enero de 1937 dejó el frente del Albertia pasando al cuartel de Gernika a descansar, regresando al frente alavés, en Pagotxiki. Por entonces el batallón contaba con 776 gudaris en línea y veinte en el cuartel.

Tras Pagotxiki y Mendigain, tuvieron como destino Barazar, Mañaria, Oba, Igorre, Gordexola y Balmaseda. Permanecieron casi dos meses en la línea del frente de Karrantza, hasta iniciar la retirada hacia Laredo el 23 de agosto. Vargas Alonso estima que "la pérdida de Bilbao sumió a la unidad en un decaimiento moral, lo que motivó que a principios de julio el batallón, durante su estancia en Karrantza, se negase a volver al frente. El 26 de agosto de 1937 el Loyola se entregó a los italianos en Limpias, al incumplirse el llamado Pacto de Santoña. El batallón sufrió, según uno de sus capellanes, más de 52 muertos".

Un hijo de Egaña, de mismo nombre que el padre, recuerda los lugares de guerra que revisitó junto a él. "En el arkupe de la parroquia me explicó que allí un cargo italiano le dijo que tirara su fusil. A su capitán, sin embargo, que la pistola que portaba se la quedaba para él".

En Laredo les reunieron en un campo de fútbol. Allí, los fascistas italianos les comunicaron que "acabó la guerra, os vais a casa a trabajar". Sin embargo, un militar español "les insultó y les dijo: Ahora vais a ver lo que es bueno", según versión heredada del finado.

Campo de concentración Y se cumplió la amenaza. Enviaron a Andrés Egaña a campos de trabajadores, es decir, esclavos de Franco. Del campo de concentración de Miranda de Ebro a Huesca. En este último lugar, un funcionario invitó a los presos que quisieran a ir a una misa. "Los euskaldunes que eran católicos decidieron ir y cantaron, lo que asombró al capellán que en la misma eucaristía se dio la vuelta, ya que entonces se daba la misa de espaldas a los feligreses", matiza Egaña hijo.

En una ocasión, le trasladaron de Zaragoza a Iruñea, Altsasu y Zumarraga. "Pensó que por ser católico le podían llevar a casa". Pero no fue así. Le subieron al tren de Urola y en Zestoa los requetés le hicieron vestir sus ropas, es decir, pasaría a luchar obligado con ellos. "A mi padre no le hizo ninguna gracia. No le gustaba contar aquello", agrega Andrés. Y le enviaron de instrucción a Castellón. El fin de la guerra le pilló en Valencia, tras lo cual tuvo que cumplir el servicio militar. La vuelta a casa se demoraba una vez más. Incluso al acabarla, trabajando en Otsein, el franquismo le movilizó "para retener al maquis".

Con todo, faltó de su hogar durante nueve duros años. A partir de ahí, montó una empresa de transportes. Primero con un socio y luego con la familia: Egaña Hermanos. "Nuestro aitxa era un padrazo", se le entrecortan las palabras a un Andrés hijo lógicamente emocionado. Fue uno de los últimos gudaris que lucharon por Euskadi y las libertades.