"Así fue la ocupación de Bilbao"

El periodista y gudari José de Abásolo Mendibil relató cómo se consensuó la entrega de Bilbao a los franquistas para que no destruyeran la villa capitalina ni asesinaran a más personas

19.06.2022 | 01:21
Imagen de la entrada de tropas franquistas en Bilbao.

durante más de 40 años, las autoridades del franquismo celebraron el 19 de junio como "el día de la liberación" de Bilbao. El periodista abertzale José de Abásolo Mendibil dejó escrita la otra cara de la jornada: su ocupación. Miembro del batallón San Andrés del PNV, Abásolo aguantó informando a la población republicana hasta horas previas a la rendición de Bilbao en manos franquistas para que la capital no fuera arrasada por los golpistas que, por cierto, hicieron una caza de periodistas en aquellos años deplorables. De su misma unidad fue uno de los últimos gudaris con vida que cada año en Artxanda denunciaba lo que él mismo había vivido en lo alto de la villa: José Moreno. Falleció en agosto de 2019 a los resistentes cien años.

Abásolo lamentó la "entrada" –según escribía en el periódico Euzkadi en 1983 días antes de las históricas inundaciones– de las tropas facciosas en Bilbao, cerrándose así, a su juicio, un capítulo histórico y dando apertura a los subsiguientes llenos de zozobra, dolor, represión y hasta luto. Este bilbaino nacido el 11 de marzo de 1917 y conocido en la época por su paso por cárceles, así como periodista de raza, informaba de que ya el 16 de junio de 1937 por la tarde, Bilbao estaba cercada por los franquistas. Ubicaban la plana mayor del batallón Otxandiano en Malmasin, donde estalló un obús y murieron el comandante Koldo de Larrañaga y su ayudante enlace Iñaki de Larrañaga, resultando además más compañeros heridos.

En ese contexto, se produjo un "hito de Humanidad de nuestro pueblo y gobernantes". El Gobierno vasco liberó y trasladó a presos enemigos a la posición de estos en Santo Domingo. A un reo afectado por reuma le llegaron a llevar a casa de un doctor cubano, en Alameda Urquijo. Era el comandante franquista Aguilar, quien, precisamente, medió en la entrega de Bilbao.

El día 18, el Otxandiano se reubicó en la orilla izquierda de la ría, entre el puente del Arenal hasta la factoría de Olabeaga. Se atendieron medidas de seguridad y hacia la población civil. El contacto entre ambos bandos, "aunque dificultoso", se mantenía. A las cuatro de la madrugada, las explosiones se sucedían. Se volaron puentes. Abásolo asegura que "comandos astures pretendían hacer lo mismo con el edificio 47 de la Gran Vía que acogía servicios de Euzko Gudarostea, y también la alhóndiga municipal, calles de Fernández del Campo, Iparaguirre, Alameda Urquijo y plaza de Arriquibar. Al no llevarse a cabo no se lamentaron muertes de civiles. Abásolo aseguraba que la voladura de los puentes de El Arenal, Ayuntamiento y Deusto "no fueron notificadas al Otxandiano". Fue entonces cuando se dispuso que los gudaris no permitieran este tipo de actuaciones.

Al día siguiente, 19, un mando que pudiera ser "francés" llegó al Hotel Carlton y pidió hablar con el comandante del Otxandiano. El militar les dio "una única salida posible para los oficiales exclusivamente", y que era deslizarse por los Astilleros de Euskalduna, y por la vía férrea alcanzar Olabeaga y Zorrotza contando con solo "media hora". El resto de gudaris debían "sacrificarse" y quedarse en la Bolsa de Bilbao.

El Otxandiano decidió rechazar aquellas "facilidades de huida", según siempre versión de Abásolo. Y se dirigieron a hablar con el cónsul de Cuba que acogía a Aguilar. El franquista accedió a ir a la sede vasca de Gran Vía. Se entrevistó con comandantes del Otxandiano y del Itxasalde. El español propuso envío de enlaces por San Roke, donde estaba el coronel faccioso García Valiño. Se concretó la salida por Pagasarri y Kastrexana.

puntos de acuerdo

El texto fue una propuesta de Aguilar a García Valiño. Se consensuaron unos puntos. El primero, que las "unidades indígenas marroquíes" no pasaran por la villa por lo temidos que eran por la población. El segundo: que se respetara la vida de los gudaris y sus posesiones. A continuación, que no se empleara ninguna clase de violencia, moral ni física, contra la ciudadanía ni contra fuerzas del Euzko Gudarostea, defensoras de Bilbao. Asimismo, que estas fuerzas conservaran su armamento hasta la retirada a los cuarteles, donde "serían depuestas, cuando todas las fuerzas de gudaris estuvieran a cubierto".

Dos horas después se recibió un enlace con una nota de Aguilar en la que se aceptaban las normas y que no solamente se respetaría la vida y hacienda de los gudaris sino la de todos los jefes y oficiales destacados en la villa, y que la entrada de las fuerzas invasoras se efectuaría hacía el mediodía, debiéndose retirar los demócratas vascos a sus cuarteles. "Los gudaris comenzarían el desfile, en su honrosa y humana retirada", valoraba Abásolo.

José de Abásolo, flanqueado por Iñaki Anasagasti y Carlos Garaikotxea. Foto: EAJ-PNV

éxodo de prisioneros

Aguilar solicitó que el interlocutor del batallón Itxasalde fuera quien le acompañara al Carlton, sede de Euzko Gudarostea, "a recibir al Estado Mayor de las fuerzas invasoras". Dos días después comenzó "el éxodo de prisioneros". Según Abásolo, entre 2.200 y 2.300 gudaris acabarían concentrados en el teatro Arriaga con el fin de que "sus vidas estuvieran a salvo de la población contraria". El día 25 fueron enviados en vehículos de los fascistas italianos a Gasteiz, "siendo hacinados en el patio del cuartel de artillería". La misma noche fueron trasladados a la plaza de toros de Logroño.

El periodista-gudari alababa la labor de sus compañeros que resistieron en Bilbao. "Así, fue la ocupación de Bilbao", titulaba e iba más allá: "Los gudaris defensores de la villa de Bilbao, mantuvieron el orden en todo momento y salvaron muchas vidas, a costa de sus propias. En su entrega total a la defensa de la población civil". l

El batallón Otxandiano habló con el cónsul de Cuba que acogía al comandante franquista Aguilar, que medió en la entrega


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