El sacerdote patriota que murió en el frente de Asturias

21.06.2020 | 09:53
Funeral multitudinario de José Mari Korta en Bilbao, en 1937.

El comandante de capellanes José María Korta perdió la vida en el lugar al que viajó para dar ejemplo a los religiosos del batallón Amayur que no quisieron ir

el Ejército de la República de España vivió un caso único en aquella Euzkadi de 1936. Solo los vascos contaron con capellanes en los batallones nacionalistas del PNV, STV y Jagi-Jagi. Fueron un total de 114 los sacerdotes que estuvieron en el frente, "un capellán por cada compañía del batallón, aproximadamente cuatro", precisa el investigador Aitor Miñambres.

El jefe del Cuerpo de Capellanes, Jauparijak, con empleo de comandante, fue José María Korta Uribarren. Este bilbaino fue el sacerdote de mayor rango que acompañó al Cuerpo Expedicionario Vasco en Asturias durante la ofensiva sobre Oviedo en febrero de 1937, lugar donde encontró la muerte en la línea del frente. "Su entierro en Bilbao, fue una gran manifestación de duelo que quedó plasmada en una filmación documental", agrega Miñambres.

El investigador Germán Cortabarria, por su parte, ilustra que Korta nació en la capital vizcaina el 27 de enero de 1905. Cursó estudios sacerdotales en el Seminario de Vitoria-Gasteiz, ordenándose en 1926. El vizcaino ejerció su ministerio en la parroquia de San Vicente Mártir de Abando.

Al conocer el golpe de Estado dado por militares españoles antidemócratas en julio de 1936, "se incorporó inmediatamente a las milicias vascas como capellán, agrega Cortabarria. Poco después, fue nombrado Comandante del Cuerpo de Capellanes del EuzkadikoGudarostea. Acompañó a las fuerzas vascas del comandante Saseta en su apoyo a la ofensiva contra Oviedo.

Tanto Saseta como Korta perdieron la vida en aquellas tierras y en el caso del religioso el 17 de marzo de 1937. La muerte de José María Korta la describe Julio Ugarte en su libro Odisea en cinco tiempos. "Resulta que a dos capellanes del batallón Amayur les daba miedo ir a Asturias porque igual los extremistas les hacían algo. Para dar ejemplo, allí acudió su jefe, José María Korta, que tenía la graduación de comandante. También le acompañó Julio Ugarte, del batallón Araba", señala Miñambres, director del Museo Memorial del Cinturón de Hierr, con sede en Berango.

El libro de Ugarte pormenoriza cómo fue la muerte del bilbaíno. "Korta se asomó a un parapeto, recibiendo el disparo mortal. Durante su paso por Asturias, además de asistir espiritualmente a los gudaris, también incluso bautizaron a unas niñas asturianas, alguna de las cuales tuvo nombre vasco".

La muerte de Korta fue recibida con dolor en Euzkadi, donde se celebraron solemnes funerales por su alma, con la presencia del lehendakari Aguirre presidiendo los actos junto a sus consejeros. La comitiva fúnebre por las calles de Bilbao fue multitudinario, como se aprecia en la foto que acompaña a este texto. El audiovisual de la Filmoteca Vasca diferencia la actitud del clero republicano vasco y el golpista español. "El vasco es compatible con la justicia social", mantiene el narrador.

La revista Gudari lamentó el fallecimiento en el frente del "sacerdote patriota", como le define. "Murió cumpliendo su ministerio cerca de nuestros gudaris que luchaban en aquellas tierras. ¡Cumpliendo su sagrado ministerio, naturalmente!", enfatizaba y apostillaba que su pérdida la"lloró toda la familia vasca".

El Diario Montañés, rotativo santanderino, también se hizo eco de su fallecimiento. "Korta marchó a la guerra y pereció en ella; empero digámoslo en son de la postrera, no mancilló las palabras de Cristo. Cuando hincaba las rodillas en el suelo, no empuñaba el fusil homicida, musitaría en voz queda una oración, por ser ésta el arma única que sus sentimientos le permitían", publicaban contraponiendo la actitud de los curas del bando golpista.

A juicio del corresponsal de Gudari, Korta obró movido por imperio de un sentimiento personal y que coincide con la línea social del vídeo citado. "El patriotismo vasco ha fomentado y ha mantenido enhiesto un puro concepto de la religión. Luchó constantemente contra toda desviación de los altos fines religiosos. Supo siempre, y cuidó de que no se olvidase nunca, que toda obligación religiosa no solo es perfectamente compatible con la defensa de los derechos y las conveniencias nacionales del pueblo vasco, sino que tienen en la confesión de las mismas un cauce natural para su observancia y para su desenvolvimiento; sabía, y ha enseñado en todo momento, que la religión debe y puede mantenerse en toda su pureza dentro del amor a Euzkadi. Y tuvo buen cuidado de que la fe en Dios y el amor a Euzkadi discurriesen en nuestro pueblo con ese paralelismo que no es involucración arbitraria, sino armonía".