Escapadas de fin de semana

Garraitz, isla testigo de la historia de Lekeitio

Accesible solo en marea baja, sus restos remiten a una vieja ermita, un convento y una batería militar

02.07.2021 | 01:18
Imagen de la isla, que los lekeitiarras suelen visitar con la marea baja.

iCONO y remembranza histórica de Lekeitio, la isla de Garraitz, también conocida como San Nikolas, es un pedazo de tierra abrupto, desconocido para gran parte de los vizcainos y solo accesible en bajamar, que esconde el pasado de la localidad ya que sus ruinas y viejos fantasmas remiten a una antigua ermita, un convento, una batería y los años de peste.

Vista del fortín de la isla.

Ubicada frente a la desembocadura del río Lea, la isla de Garraitz, abrupta y de difícil acceso, aparece unida a Lekeitio como un cordón umbilical que alimentara a la localidad. Al menos, a su historia. Es conocida también como isla de San Nikolas, porque en el siglo XVI se asentó en ella una ermita con esa advocación y fue liderada por frailes, religiosas militares, y seroras, mujeres vinculadas a las actividades culturales de las parroquias y a la vigilancia de las ermitas en zonas rurales.

La historia confirma también que allí se fundó un convento de franciscanos que sobrevivió pocos años en el siglo XVIII por la falta de agua dulce y la dureza meteorológica de la zona, y que en las epidemias de peste que asolaron Lekeitio en 1525 se confinó en la isla a los enfermos. De ellas sobreviven algunas ruinas y muros en el islote, así como un fortín con sus troneras alineadas, levantado en el siglo XVIII, y un polvorín.

Islote que fue objeto de un programa de Cuarto Milenio que indagaba en su misterioso pasado, estuvo cubierto de matorral con algunos pinos marítimos y ejemplares de ciprés, plantados a principios del siglo XX. El suelo de roca calcárea y la influencia del mar obligaron a la Diputación de Bizkaia a impulsar una operación de revegetación de la isla con 700 árboles. En 2019 se descubrieron monedas de los siglos XIV y XV.

Se sugiere visitar la isla por la mañana, en horas de marea baja, y conocer sus ruinas, además de disfrutar de "las espectaculares vistas". Y tras comer en alguno de los muchos establecimientos hosteleros del entorno de Lekeitio, dedicar la tarde a recorrer el casco histórico, con guía contratada o autoguía, visitar la basílica Santa María de la Asunción y concluir la ruta en el faro de Santa Katalina.

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