Patxi Irurzun: "Tenía que escribir la gran novela sobre el Rock Radical Vasco"

En una novela (en este caso Tratado de 'h'ortografía, Pamiela 2020), el autor puede bordarlo o tirarlo por la borda. Aún se corre más peligro si la creación tiene como telón de fondo los para algunos sobrevalorados y para otros nostálgicos años 80 musicales vascos.

15.10.2020 | 20:46
Patxi Irurzun, posando en Pamplona.

Patxi Irurzun (Iruñea, 1969), colaborador más que habitual en esta revista, es un camaleón de la pluma en materia de géneros literarios, aunque siempre desde la trinchera. Sale de ella, en esta ocasión, pegando tiros y quitándose innumerables escamas. Lo hace mutando a protagonista de su nuevo libro cuyo heterónimo –al modo Pessoa– no tiene, en este caso, ni nombre. Esa es la paradoja o límite de este cuentista que se presenta en el escenario de la editorial Pamiela como punki venido a menos. No obstante, llega a tu vida con un tratado en sus manos, manifiesto con miles de frentes abiertos durante sus fugaces 157 páginas. La celebrada segunda edición ya corea "ay, ay, ay, ay, ay, ¡cabrón!".

Patxi Hirurzun, ¿es usted un cuentista?
En el perfil de alguna de mis redes sociales eso es lo que pone, al menos. Aunque a veces se utilice en tono despectivo: "Anda, dedícate al cuento" (o a la poesía), grita la gente, de hecho, cuando un futbolista falla un penalti o hace una pifia. Igual es que no saben lo que cuesta, lo difícil que es dedicarse al cuento. Yo lo intento, llevo escribiendo historias toda la vida y ya forma parte de mi modo de ser. Antes me daba lacha decirlo, y tuvieron que pasar varios libros hasta que me atreví a decir que era escritor, pero eso es lo que soy con más convicción, desde luego, y a mucha honra.

Cuentista también porque nos hace preguntarnos si el protagonista del libro es usted.
Tratado de hortografía es eso que llaman ahora una autoficción, que a mí me parece que es lo que toda la vida se ha llamado novelar. Es decir, hay algunos aspectos y vivencias del personaje que coinciden conmigo: yo, como él, soy escritor, bibliotecario, tímido... pero otras cosas no tienen mucho que ver, o tienen a veces más que ver con los que me hubiera gustado ser. El protagonista, por ejemplo, es una antigua estrella del Rock Radikal Vasco (RRV). Y hay también circunstancias que, afortunadamente, yo no he vivido: no soy viudo, a pesar de que hay mucha gente que me ha dado el pésame muy afligida después de leer el libro. Nadie me ha preguntado, sin embargo, en qué grupos estuve, o qué discos grabé. Igual eso no lo habría desmentido.

¿Cómo elige la primera frase para una novela?
En esta novela en realidad está por la mitad del libro. Es una frase que me llevaba persiguiendo tiempo: "Para nosotros que no creíamos en nada, el punk-rock era una religión". Pensaba en escribir desde hacía mucho una novela sobre mi juventud y el RRV, que yo viví con mucha intensidad, pero me encontraba con varias dificultades. Desde el punto de vista de la ficción me parecía que no había mucho escrito sobre el tema y por eso yo creía que tenía que escribir la gran novela sobre el RRV, que empezaría con esa frase grandilocuente. Luego ya me di cuenta de que eso era intentar abarcar mucho, y tras varios intentos di con la solución, que fue escribir una historia más sencilla, más doméstica, y que surgió de un modo casi casual.

Fue en estas páginas de ON.
Sí, a partir de una de las colaboraciones que escribo en mi Rubio de bote. Una vez acabada, me di cuenta de que lo que había escrito podía ser el diario de un músico, empecé a tirar del hilo y todo fluyó de una manera muy natural. La clave fue dar con ese formato, el diario, que tiene muchas ventajas, como la proximidad de la primera persona o que es un cajón de sastre, lo cual para esta historia me venía muy bien, porque podía saltar de los recuerdos ochenteros del protagonista a su día a día hoy, sus problemas con sus hijos adolescentes, o con sus trabajos precarios...

¿Leería un diario de su hijo?
Yo soy un lector de esos enfermizos, a veces recojo papelitos que me encuentro por el suelo, listas de la compra, o leo hasta las etiquetas de los champús, los correos spam, así que me imagino que sí. De hecho, otro de los alicientes para el lector de un diario es que lo convierte en un voyeur. Y en el caso de mi novela, que ese lector acaba empatizando con el narrador y se siente reconocido en él. Desde que se publicó este libro a principios de julio no hay día en el que no haya recibido algún mensaje de lectores felicitándome, diciéndome que se han emocionado, o que se ha reído con mi historia, o que lo que le pasa al personaje les podía haber pasado a ellos. Eso es muy bonito. En Babelia o en El Cultural no me sacarán, pero esos mensajes lo compensan todo. De todos modos, volviendo a mis hijos, si me encontrara un diario en realidad lo leería solo para comprobar que no estaba soñando.

Tendrá más comunicación como padre con su descendencia que la que tiene el protagonista con Janis y Silvio.
Lo intento, pero no sé qué decir. Ahora mismo estoy en una etapa en la que ya he dejado de hacerles gracia, en la que se avergüenzan y hasta me odian un poco. Igual la manera de comunicarme con ellos sea precisamente escribir un libro como este, del que ahora pasan olímpicamente, pero que algún día leerán, supongo.

De hecho, se percibe al starring como gris, triste –quizás por la muerte de su mujer–, y acomodado en esa su soledad rodeada de gente. ¿Es un punki venido a menos y crecido en intelectualidad?
Sí, es un personaje un poco perplejo, que siente que pertenece a un mundo, el del rocanrol, la literatura, que se va perdiendo o transformando, porque se viven de un modo completamente distinto a cómo él los vivió, un mundo en el que la música ya no es una religión, ni la literatura tiene el prestigio o la capacidad que antes tenía de influir en el mundo.

Y de la soledad, a un libro no escrito en cien años, como el título de García Márquez, sino en cien días. ¿Jamerdana es el Macondo de su imaginario novelesco?
Sí. Como he dicho antes, el libro fluyó muy rápido y en tres meses lo escribí, recuperando además esa ciudad imaginaria, Jamerdana, que había utilizado en mis primeras novelas. Tratado de hortografía, en ese sentido, es un libro creo que muy importante para mí, porque en él hay guiños a muchas de mis obras anteriores, que los patxirurzunianos reconocerán, y porque mientras lo iba escribiendo notaba que servía para cerrar un universo, o un organismo literario mayor que, casi de un modo inconsciente, he ido construyendo durante años. Eso ha sido muy emocionante.

Su protagonista escribe para hacer frente a sus monstruos. ¿Usted también?
Sí, la literatura en general me ha servido para sobrellevar algunas de mis carencias, la timidez o un carácter asocial. A menudo digo que escribir es un mecanismo de compensación para todo eso, hasta tal punto de que a veces pongo demasiado peso en esa balanza y cuando escribo no tengo ningún pudor, me desmeleno y voy con el cuchillo en la boca. También, y eso creo que es algo que tengo en común con el punk y el RRV, escribir es una manera de mostrar la extrañeza y la disconformidad.

Veo que se autorreivindica mucho y quita escamas€ ¿Cierto?
Sí, pero porque al protagonista del libro tampoco le han sacado nunca en El Cultural o el Babelia, a pesar de llevar 30 años escribiendo.

Escribir para usted es lo que el euskera para Joseba Sarrionandia: su "único territorio libre".
Sí, esa es otra de las cosas buenas de la literatura, del hecho en sí de escribir, que mientras lo hago siento que yo soy dueño de mí mismo, que no hay nadie que mande sobre mí. Es la anarquía, o sea, la ausencia de autoridad... Al menos hasta que el libro entra en un proceso industrial, y entonces hay una serie de aspectos que en los que hay que ceder o resignarse, por ejemplo, eso que pasa ahora de que los escritores nos tenemos que convertir en una especie de comerciales de nosotros mismos, explicar nuestros libros€

En el libro crean un comando de corrección ortográfica.
En ese comando ortográfico del libro hay un intento algo patético de recuperar la juventud y el espíritu rebelde, más aún si tenemos en cuenta que los punks escribían todo con k. Eso sí, entonces para escribir mal las cosas primero había que saber cómo se escribían bien.

Cita mucho a su madre. Robert Smith decía: "Le enseño una canción nueva a mi madre y si le gusta, va a la basura". ¿Usted le hace el mismo caso?
No, es al revés, mi madre siempre ha sido mi lectora cero, como se dice ahora. Desde muy chaval le pasaba los cuentos que escribía a ver qué le parecían. Y tenía muy en cuenta su criterio. Ella, por cierto, siempre me reconoce en los personajes, da igual que sean mujeres, o de otra época, o mayores que yo. "¡Pero si eres tú!", dice, y yo le contesto que no, que es ficción, y los dos tenemos razón y no la tenemos, y eso es al final la literatura, o si se quiere, la autoficción que mencionábamos antes.

Si en el libro ha cambiado a Vulpes por Los Tampones y la versión de Stooges por una de Demis Roussos. ¿Qué le queda de dignidad?
Igual con lo de Demis Roussos me he pasado.

¿Le han encargado en alguna ocasión un monólogo? El comienzo lo parece.
¿Sí? No sé, no me hacen gracia los monólogos, al menos no cuando están forzando todo el rato el chiste. El chiste se construye con un clima, una contención... A mí, cuando me río todo el rato ya no me hace gracia y me duele la cabeza.

¿Cree que Vulpes y el periodista Carlos Tena –que fue despedido de TVE por programar su canción Me gusta ser una zorra en el programa Caja de Ritmos– estarían orgullosos de esta novela?
No sé, me gustaría, pero tendrán que decirlo los aludidos. Espero, por ejemplo, con impaciencia la impresión de Loles o de Mamen, digo yo que no me demandarán. De otros rockeros la respuesta ha sido muy positiva. Otra de las dudas que tenía era que yo no soy músico y no estuve en el ajo en los 80, así que igual el libro podría flaquear por ahí, pero luego algunos que sí lo vivieron me tranquilizaron porque me dijeron que ellos no se acordaban de nada. La primera opinión que tuve sobre el libro, por cierto, fue de Kutxi Romero, de Marea, que en cuanto lo acabó cogió el teléfono para llamarme y darme la enhorabuena y para decirme que se lo había ventilado igual que se fuma uno de sus lukiestrais, con la misma ansiedad y gustico. A mí, claro, eso me emocionó y me hizo comprender que si los Marea dicen cada vez que sacan un disco que es el mejor disco de rocanrol de los últimos doscientos años, Tratado de hortografía es la mejor novela que se ha escrito desde el Lazarillo de Tormes (pero esto no lo pongas en el titular).

Tiene una fobia confesada. Soy runner, ¿qué tiene que decirme a la cara?
Yo te diré lo que decía no recuerdo si La pandilla voladora o Bosco el Tosco: del deporte también se sale. De todos modos, no haré spoiler, pero los runners finalmente tampoco acaban tan mal parados.

Un poco de spoiler sí hace. ¿Se atrevería a hacer un club de lectura de este libro junto a quienes cita: Pérez Reverte, Ana Torroja e incluso le hemos pillado un guiño a Mariano Rajoy?
No es algo que me preocupe, porque emulando a este último, eso no puede ser, y como no puede ser es imposible.

Muere esta entrevista. ¿Un epitafio?
No sé, no soy muy ocurrente en las distancias cortas. En una lápida quedaría muy bien RIP, y debajo: "Es el fin", como en la canción.