Consorte profesional

Entrevista inventada a Felipe de Edimburgo: "El día a día es jodido cuando tu suegra vive hasta los 101 años y tu mujer manda en todas partes"

11.04.2021 | 00:55
Felipe de Edimburgo.

Fue el propio Mounbatten quien solicitó la publicación póstuma de esta entrevista inventada en la que revela detalles de su vida familiar. La actividad pública del campechano consorte Windsor es de todos conocida: consistió durante décadas en ponerse uniforme marinero y estrechar la mano de cientos de personas vestidas con los más diversos trajes folclóricos mientras hacía comentarios de pub británico. No es poco mérito teniendo en cuenta que, en realidad, era griego.

"Nací en Corfú, bajo el sol del Mediterráneo, y estos Windsor me nombraron duque de Edimburgo, una ciudad bonita, pero en la que llueve 400 días al año y pega una rasca del carajo. Lo hicieron a posta por verme tiritando con una falda a cuadros y las canillas al aire. Cosa de mi suegra, seguro, menuda elementa", desvela el príncipe consorte Felipe II, la sombra de Isabel II.

La entrevista tuvo lugar hace unas semanas en la zona de copas de la cafetería del Royal Health Institute for Holy Caphrulas de Londres. "Ponen unos gimlets buenísimos. Pero, si te fijas, en toda la clínica no verás una sola enfermera. Mi mujer no se fía un pelo. Ni que fuera yo un chaval de ochenta años. Isabel lo controla todo, todoooo", remacha.

¿Qué balance hace de su larga y provechosa vida?

—Comparado con un minero de Gales no me puedo quejar. Pero, chico, tampoco ha sido todo coser y cantar. He visto, de pie y en directo, más danzas tribales de las que puedes encontrar en los recopilatorios del National Geografic. Te lo juro. Desde Mongolia hasta el Bantustán, pasando por la India, Trinidad y Tobago, Nueva Zelanda y las islas del ártico canadiense. Y lo peor no es eso, que hay que llevarlo sonriendo dentro del uniforme de almirante, lo peor es que luego tienes que probar un plato de cocina tradicional y soltar un "mmmm, excelente". He comido patas de camello cocinadas en tripa de carnero del desierto, chaval. ¿Cómo te quedas? Isabel siempre se ha librado de esas con un "yo no, que estoy a régimen, que lo pruebe Felipe, que come de todo. Si está crudito, mejor, que le gusta más". De verdad, me he tirado años soñando con que me pongan huevos fritos con bacon.

Hombre, ha vivido usted a todo trapo. Si lo que acaba de relatar era lo peor, pues tampoco€

—Lo peor es que los padres de Isa no me querían para consorte. Bueno, ella, la Reina Suegra. Él era un pedazo de pan. Le gustaba navegar a vela, leer el The Times, tomar el té y la caza del zorro. Como los reyes ingleses de toda la vida. Pero ella, ellaaaa...un bicho, con esa pinta de abuelita de cuento de hadas. Nada más casarnos Isa y yo tuvimos la mala idea de ir a vivir al palacio de ella. De la Reina Suegra. Pues era meternos a la cama y aparecía en la puerta de la habitación, con su camisón de seda rosa, cofia a juego por encima de los rulos y pantuflas con pompón, y me decía: Felipe, creo que te has dejado encendida la lámpara de la salita 13 del pasillo 57B. ¿Puedes ir a apagarla por favor, que yo estoy mayor y la niña es muy friolera?. Oye ¿sabes cuántos kilómetros de pasillo y cuántas escaleras hay en Buckingham? Tardaba unas siete horas en encontrar la puñetera lámpara y volver. Ojito, en camiseta de tirantes tipo imperio, calzoncillo boxer y descalzo. Para cuando regresaba estaba todo el mundo desayunando en el office. Lo que se reía la Reina Suegra. Me pillé tres pulmonías y tardamos meses en consumar el matrimonio, pero sobreviví.

Supongo que, con el tiempo, su relación mejoraría.

—Quiá. Después le dio por hacerme de menos. Empezó con lo de este, me llamaba este, no sabe ni cambiar un enchufe. Cada vez que se estropeaba un enchufe o un casquillo, le largaba la indirecta a Isa. Y claro, me mandaban a cambiar el dichoso enchufe. ¿Sabes cuántos enchufes hay en Buckingham Palace? ¿Y en el castillo de Balmoral?

En tales circunstancias ¿Se planteó divorciarse?

—Nunca. No tenía casa a la que volver. Lo podría haber intentado pidiendo el favor a alguna de mis cuatro hermanas. ¿Pero sabes cómo se llaman mis cuñados? Godofredo Germán, príncipe de Hohenlohe-Langenburg; Bertoldo Federico, margrave de Baden; Jorge Donato, gran duque de Hesse; y Jorge Guillermo de Hannover. Son alemanes, Bertoldo, Godofredo, Jorge Donato€ Las cenas de Nochebuena hubieran sido un infierno con esos cuñados. Que lo saben todo, pero de verdad. Un horror. Jamás tuve escapatoria alguna.

Llegaron los hijos y seguro que aliviaron su situación.

—Hombre, algo sí. ¿Pero has visto al mayor nuestro, a Carlos? Se dedica a plantar arbolitos vestido de agricultor millonario. ¿Qué fuste es ese? De Andrés prefiero no hablar. Con la que yo me llevaba bien de verdad era con mi nuera Ferggie. Ibamos al pub juntos a ver los partidos de rugby, a tomar unas pintas y luego al karaoke a cantar una de Tom Jones. Maja chavala, muy sana. A la vuelta, entrábamos en Buckingham y encendíamos todas las lámparas tarareando el God save the Queen de los Sex Pistols ¡Qué tiempos!

Para terminar, le han acusado a usted de realizar comentarios de tinte racista o machista. ¿Qué tiene que decir?.

—¿Machista yo? Lo que pasa es que el día a día resulta muy jodido cuando tu suegra, que no te puede ver, vive hasta los 101 años en plena forma y tu mujer manda en todas partes. Para que me entiendas: me mosqueo con Isa, salgo de casa al pub, y me la encuentro hasta en la sopa, desde los sellos de correos hasta los billetes de diez libras con los que pago las cervezas. Y lo peor, llega la hora, tocan la campana y el barman dice: por orden de su majestad la Reina, cerramos en quince minutos, vuelvan a casa. ¿A qué hombre le pasa que su mujer mande cerrar el pub? Es verdad que alguna vez he reaccionado mal, pero es comprensible ¿O no?. Además, mi suegra me ganaba todas las partidas de bridge. ¡Y aguantaba más gimlets que yo! ¿Quien puede llevar bien eso? ¿Eh?

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