Lo que nunca dijo...

Entrevista inventada a Victoria Abril: "A Miguel Bosé y a mí nos afectó tanto el rodaje de 'Tacones Lejanos' que nos volvimos muy de llevar la contraria"

Ella es así. Se sintió más cómoda en La ley del deseo que en Tiempo de silencio.

28.02.2021 | 01:18
Victoria Abril.

Actriz, sex symbol bajita con lencería de oro, musa de la postmovida, madrileña residente en París y señora cantarina, Victoria Abril no es la tía exótica de la cómica Silvia Abril, entre otras cosas porque se apellida Mérida Rolas. Y, ojo, no le pregunten si es familiar de Silvia, porque la Abril, la de apellido artístico, se mosquea.

En su prolífica carrera como intérprete ha rodado en torno a ochenta largometrajes en varios idiomas, que se dice pronto, ha participado en un puñado de series y ha grabado tres discos. ¿Cantando? Bueno, digamos que hasta la fecha no ha sido nominada a los Grammy. Pero si es habitual de las nominaciones a mejor actriz: la Concha de Plata, el Oso, el TP de Oro, el galardón de la Unión de Actores, el César o los Feroz entre otros. Precisamente en la rueda de prensa de presentación del Feroz de Honor que recibirá esta semana, Victoria la volvió a armar con declaraciones que podrían pasar por negacionistas. Ella es así. Se sintió más cómoda en La ley del deseo que en Tiempo de silencio.

Con lo de "coronacirco", "plandemia" y su resistencia a las mascarillas, ha vuelto al centro de la polémica de sopetón, señora Abril.

—Ni buenos días ni nada, bonito. Ahí, a la herida sin rodeos. ¿A Silvia Abril la tratáis así? Claro, como es graciosilla y forma parte de la banda de Buenafuente, Berto y toda esa troupe, no tenéis cuajo para meteros con ella ¿No? Pero conmigo, sí. Porque soy madurita, vivo en París y ruedo pelis francesas, ya nadie se acuerda de mi. Que sepas que soy gloria del cine español, gloria. A mí me han llamado siempre los más grandes: Chávarri, Aranda, Díaz Yanes, Almodóvar, Saura€ ¡¡¡A que te doy con el bolso este de Gaultier que tiene más chapas que la chupa de un punki y, además, lleva dentro la petaca llena de Chartreuse y las planchas para alisarme el pelo!!!

Disculpe, señora Abril ¡Ay! Pare con el bolso, por favor.

—Ni señora Abril, ni ostras en vinagre. Victoria, leñe. Victoria a secas. A mi con recochineitos no, que te meto así con la punta del zapato y te dejo la espinilla en carne viva.

Por favor, cálmese. Qué carácter. ¿De dónde le viene a usted esta predisposición a la polémica?

—La culpa la tiene Pedro Almodóvar. Trabajar con Pedrolas resulta durísimo. Cuesta mucho entenderle las instrucciones porque habla muy rápido. ¿Te acuerdas del rollo que metió cuando ganó el primer Óscar? No eran los nervios, se expresa así todo el rato. Y luego, te mete cada rollo sobre su madre que te duerme. Desde ese rodaje me quedó muy mal cuerpo y unas ganas tremendas de llevar la contraria a todo el mundo. Si os fijáis, a Miguel Bosé le sucede lo mismo. Miguel y yo coincidimos en Tacones lejanos. Pero yo estoy mucho más afectada: fui chica Almodóvar también en Átame, Kika y La ley del deseo. Muy traumático. He gastado dinerales en psicoterapia. Y no creas, me han dejado así-así.

Tiene razón señ€ Victoria. Miguel Bosé también ha destacado por su negacionismo de la pandemia.

—A ver, no nos lo tengáis en cuenta: es solo por llevar la contraria. Yo, por ejemplo, si no me pongo mascarillas no es por negacionismo si no por que me cuesta encontrar mascarillas que combinen con el resto de mi vestuario. En cuanto Agatha Ruiz de la Prada o Desigual saquen una colección de mascarillas, asunto arreglado, me compro doscientas.

Ojalá salgan esas colecciones para los Feroz. Y, si no, para la Concha.

—Aclárate de una vez: las mascarillas son para la cara; para la concha me sobra lencería.

Me refería a la Concha de Plata, el premio del Festival de Cine de San Sebastián.

— Vaya, me he confundido. Rodé pelis con muchos argentinos y se me pegan muy rápido los modismos y los acentos.

Por ir terminando ¿Sigue prefiriendo usted el modelo sueco y la inmunidad de rebaño en lugar de la vacunación?

—A mí los modelos suecos me gustan todos, cariño. Conozco uno que se llama Bjorn Ingarsson que está para mojar pan, eso si, de espelta, que no engorda: 1,90, rubio, ojos azules y unas espaldas más anchas que el asesor fiscal del Emérito. Una pocholada. Entre Bjorn y la vacuna, qué quieres que te diga, no hay color. Mira, por ahí viene. Bjorn, cielo, explícale a este señor las ventajas del modelo sueco.

Disculpe, no sé sueco.

—No te preocupes. Esto lo vas a entender. Es internacional. Con la mano abierta.

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