Portero del Barça

La entrevista inventada a Ter Stegen: "¿En serio que se ha retirado Aduriz? ¡¡Yuhuuuuu!!"

24.05.2020 | 01:00
Ter Stegen.

Marc André Ter Stegen es un mocetón de 28 años que se ha labrado un sólido prestigio como portero de élite. A pesar de que el corte de pelo y el físico le dan para oficiar de portero de discoteca de élite, de las de mirar el color de los calcetines, Ter Stegen no es de esos: su trabajo es el de guardameta. Uno de los mejores del mundo. Ojo, que ser portero de discoteca y no dejar entrar a Cristiano Ronaldo debe tener su puntazo. Ter Stegen hace lo mismo, pero de otra manera.

Nació en ?Mönchengladbach? (no trate de leerlo, resulta inútil). Y saltó al profesionalismo en el Borussia de su ciudad. Club al que en el mundo del balón se conoce, con buen criterio, como El Gladbach a secas. Desde 2014 cuida la meta del F.C. Barcelona. Ha ganado títulos a cascoporro y ha sido nominado a todos los premios importantes de su gremio.

Aduriz se convirtió en su bestia negra. El delantero del Athletic le ha endosado seis goles de todos los colores, inluido un triplete. Ter nos atiende en su casa de Barcelona por videoconferencia imaginaria.

¿Qué tal se encuentra?

—Metido en el lío este de la desescalada. Para nosotros los porteros esto de volver a entrenar es más follón que para el resto. Nos tenemos que poner los guantes para jugar por encima de los otros guantes. ¿Qué te parece? Cada vez que tocamos un poste es obligatorio desinfectarlo. No podemos empujar a los jugadores que se ponen delante nuestro en los córner para molestarnos. Si manoseamos mucho la pelota, o le damos un beso porque hemos parado un penalti, sale un tipo de la banda y la incinera con un lanzallamas. Y, ojito, después de una palomita del copón en el minuto 90 que salva tres puntos, nada de abrazarse con los compañeros. Nos han recomendado que demos vueltas sobre nosotros mismo, como peonzas, para exteriorizar la alegría. Lo he entrenado. Me mareo.

¿Se ha enterado de la retirada de Aduriz?

—¿Qué me dices? ¿Se retira Aduriz? ¡No! ¿En serio? ¡Yuhuuuuu! ¡Cari, cariiiiiii, saca la botella de champán esa que tengo en el frigo desde 2015! ¿Donde he guardado yo los matasuegras, el confeti y las guirnaldas de papel? ¡Ya me acuerdo! Me los pidió Piqué después de la última goleada al Madrid para montar una conga por las Ramblas. Luego compro más. Ohé, ohé , oheeé.

¿De verdad que va tomar champán?

—Y del bueno, del francés. Eso que yo no bebo ni gota. Y voy a hacer como los pilotos de Fórmula Uno. Lo agito, tiro toda la espuma por el jardín y después me atizo un trago que ni del botijo de un peón caminero en pleno agosto. ¿Tu sabes lo que me ha hecho sufrir ese hombre? Jooooder. Cuatro me endiñó en los dos partidos de la final de la Supercopa de 2015. ¿Te lo puedes creer? Que yo tenía 23 años y él casi 35. Entonces fue cuando compré el champán y lo guardé en el frigo. Pensé: con 35 castañas se retirará el año que viene. ¡Y un jamón! Ya le estaban saliendo telarañas a la botella y tenía pegotes de tomate, centollo, rábano y esas gaitas que mete mi cari ahí dentro. A la botella, telarañas, pero a Aduriz no. Me enchufó otro bacalao en Copa. Hay que fastidiarse. En el minuto noventa. Me faltó un pelo para aplaudirle. Me quedé con las ganas. Ya está aquí la botella.

¿Le llegó a afectar Aduriz?

—Para que te hagas una idea, en 2016 contraté a un hechicero para un rito vudú. Pero ni así. A lo mejor es que los pelos de él que dieron para el sortilegio eran de otro. A mí nunca me ha parecido tan arrubiado. Ahora que lo pienso: ¿Me dieron pelos de Llorente? Mucho se reían aquellos traficantes del pelo de futbolistas del Athletic€

¿Qué es lo más temía de él?

—Me daban yuyu hasta los andares. Le oía respirar en el vestuario de al lado y me entraba un tembleque que ni en la noche de bodas ¿Verdad, cari? Oye, y toda la semana del partido a base de arroz blanco y merlucita porque el estómago me recibía mal. Para mí lo de Aduriz ha sido como un examen de selectividad, pero varias veces al año. Un sinvivir. Si es que hasta se me caía el pelo. Mira, mira.

En ese momento en el que Ter Stegen acerca la cara a la cámara del ordenador para señalar los vacíos de su rubicundo cuero cabelludo, se dispara el tapón de la botella de champán helado que sostiene entre las piernas. El impacto en la nariz es curioso. "Berdona, bero me he llevado una galleta en toda la pinocha. Además, se ve ha derramado todo el champán en la endebierna", se lamenta el guardavallas blaugrana.Parece que Aduriz persigue a Ter Stegen hasta después de retirarse.

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