Rincones perdidos en la memoria

Fábrica de harinas de Zorrotza, cuando Bilbao se convierte en Marte

Su último uso fue en una webserie norteamericana pero Grandes Molinos Vascos fue la primera fábrica de hormigón armado y hoy se distingue en el paisaje fabril de la Ría con vocación de museo aunque han pasado más 90 años de su cierre

17.05.2020 | 00:34
En un paisaje lunar, casi marciano, el 'esqueleto' de la fábrica Grandes Molinos Vascos se recorta en el horizonte. Foto: Pablo Viñas

DIGAMOS que Utopia Planitia (en latín "llanura de ningún lugar"...) es una extensa llanura localizada en el hemisferio norte del planeta Marte, donde aterrizó la sonda de superficie Viking 2 el 3 de septiembre de 1976. Viene al caso esta localización geográfica extraterrestre porque Utopia Planitia es el título de la webserie que a finales de 2019 rodó en Bilbao George Reese, quien escogió la villa como escenario de los dos últimos episodios de esta serie de distopía futurista, cinco de los cuales ya habían sido rodados en los Estados Unidos. He dicho en Bilbao y me quedo largo. En realidad los exteriores se filmaron junto al edificio de Grandes Molinos Vascos, la emblemática fábrica de harinas de Zorrotza, construida en 1924 en la confluencia de los ríos Cadagua y Nervión y declarado Bien Cultural calificado por el Gobierno vasco en 2008. He ahí la magia del cine, capaz de convertir Bilbao en Marte por unas horas.

La fábrica se puso en pie, ya lo dije, en 1924 según proyecto del arquitecto Federico de Ugalde que ya había participado unos años antes en el proyecto de la fábrica de harinas La Ceres, en el área de Bilbao La Vieja. En este edificio, que acogió la harineraGrandes Molinos Vascos, plantea una composición equilibrada, sobresaliendo los quince enormes silos de almacenaje adosados a la nave principal como capillas o ábsides, destacando el remate de la torre en voladizo con carácter regionalista en la fachada principal orientada hacia la ría. Su actividad industrial apenas duró cinco años. En la década de los 60 del siglo XX el edificio pasó a manos de Almacenes Comerciales, que durante años alquiló sus pabellones. En 2008 fue declarado monumento por el Gobierno vasco, por ser uno de los principales elementos del patrimonio industrial del País Vasco.

El espacio interior cuenta con varios pisos que se destinaron a almacén y molienda de cereal, trigo y maíz que se traían en barco hasta el muelle. Su ubicación le permitía descargar el grano, directamente desde el buque a los silos, por procedimientos neumáticos y transportar sus productos a través de los ferrocarriles de vía estrecha. Alberga en su interior 23 silos, 15 de ellos con envergaduras de 22 metros y con capacidad para almacenar hasta 75 toneladas de grano. Con semejantes capillas cualquiera hablaría de una catedral industrial de altos vuelos pero tanta ilusión se vino abajo bien pronto. Dejó de utilizarse en 1929 debido a la crisis de precios y las malas cosechas.

El crack del 29, escenificado en el desplome de Wall Street,hacía estragos no solo en Nueva York, donde se firmaba el acta de defunción de los happy twenties, sino en medio mundo. No en vano, una de las razones consideradas como claves para su expansión fueron los excedentes del sector agrario sin vender que provocaron la precipitación de los precios del grano en medio mundo. He ahí una de las circunstancias que provocaron el cierre de una fábrica el mismo año en que nacía la Liga de fútbol y en la que Mr. Pentland llegaba al Athletic para hacerlo más grande si cabe de lo que ya era.

Revisemos la historia de esta tierra con una postrera vida marciana. En 1925 la Sociedad Grandes Molinos Vascos compró 6.800 m2. en el barrio de la punta de Zorrotza en los cuales edificó una gran factoría harinera. Este edificio se levanta sobre un antiguo astillero y acogió en los años 20 la harinera Grandes Molinos Vascos S. A. Desde 1920 la empresa se dedicaba a la elaboración de harina fina usando los métodos más avanzados de la época. En 1920 se consideraba que la industria de la molinería en España arrastraba un retraso con respecto a Francia de quince años, país que había introducido en 1905 la organización de grandes fábricas de harinas a semejanza de Inglaterra, EE.UU., Alemania, Austria y Hungría.

En la construcción de la fábrica se reutilizaron varias instalaciones del antiguo Astillero Real de Zorroza, uno de los principales de la costa vasca, que había estado en funcionamiento desde el siglo XV. De aquel uso primitivo como factoría naval se conserva también el edificio llamado La Cordelería, de finales del XVIII, donde se fabricaban las jarcias para los buques mediante el trenzado e hilado del cáñamo.

Grandes Molinos Vascos, S.A. se subastó en 1946. En la década de los 60 el edificio pasó a manos de Almacenes Comerciales S.A., su actual propietario, que durante años alquiló sus pabellones hasta que el edificio cayó el ruina por falta de intereses y dejadez de la propiedad. Desde la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública se proclama que se trata de uno de los mayores monumentos industriales de Bizkaia. Tiene el honor de ser, además, el primer edificio industrial construido con estructura de hormigón y cuenta con los silos más antiguos de España. Los sucesivos intentos de levantar allí un museo industrial que recoja una buena parte del pasado de la Bizkaia más fabril han caído en saco roto.

La conjunción entre funcionalidad y tradición presente en todo el planteamiento del edificio apareció en los materiales elegidos. Al igual que sucediera en la otra fábrica harinera de la época, La Ceres, los materiales empleados no determinan las formas arquitectónicas, sino que se adaptan a ellas, utilizándose el hormigón como un mero sustituto de los aparejos tradicionales de piedra y ladrillo.

Con estas formas, Grandes Molinos Vascos entroncó con los modelos de fábricas harineras en los que cada industria adopta el estilo propio de su región, como sucede en los ejemplos franceses y alemanes de la época. De este modo, al trasladar al ámbito bilbaino lo que ya se había ensayado en otras factorías europeas, Federico de Ugalde demostró que su conocimiento del sector iba más allá de la mera lectura constructiva, aplicando los parámetros de economía y necesidades reales de esta rama de la industria.

El edificio de Zorrotza no se limitó a repetir una tipología seriada, sino que buscaba una individualidad que le distinguiese en el paisaje fabril de la Ría del Nervión, asumiendo un tratamiento arquitectónico propio que consiguiese desligarse de la tradicional visión de la arquitectura regionalista como estilo vinculado a las mansiones y las casas baratas, consiguiendo además una factoría que se relacionase con el paisaje donde hoy languidece.