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Tribuna abierta

Trumpismo en estado puro: militarismo y extorsión

La situación internacional no puede ser más descorazonadora. Y no, no me refiero a la reciente acusación contra Julio Iglesias de varias agresiones sexuales, que también, sino porque Trump se ha convertido en el epicentro de una singularidad peligrosa. Un cierto pesimismo recorre los análisis que podamos realizar sobre esta nueva coyuntura dirigida desde la voluntad abusiva y terca del presidente estadounidense. Si fuese otra persona, aún podría justificarse, pero no es así. Su moral y su verdad son las únicas que cuentan para él. Pongamos como ejemplo el caso de Groenlandia. Ha dejado claro que quiere y pretende tomar u ocupar la isla por las buenas o por las malas. ¿Cómo lo ha justificado? Si no lo hace Estados Unidos lo harán Rusia o China antes o después. A lo que ha hecho saltar todas las alarmas en Dinamarca y, por ende, en la Unión Europa (UE), entidad a la que pertenece. Ahí surge la gran cuestión, tanto Dinamarca como los países que integran la UE forman parte de la OTAN con lo cual quedan bajo el amparo de esta organización. En el caso de que Rusia o China quisieran tomar la isla, la OTAN los disuadiría. Por ese mismo motivo, uno se pregunta qué lógica es la de Trump que obvia para qué sirve la Alianza Atlántica. Está claro que es un mera excusa, su interés viene dado por la situación geoestratégica de la isla y por sus ricos recursos naturales. Ahondemos más. 

Antes de que los acontecimientos se acelerasen en Venezuela o Irán, en medio de la guerra arancelaria, el magnate exigió a los países integrantes de la OTAN incrementar su inversión en Defensa al 3% y, luego, al 5%. Denunciaba que Europa incumplía con sus compromisos y que de no enmendarse, dejarían de contar con el respaldo de los Estados Unidos ante una posible agresión externa (o sea Rusia). Así que Europa, ante esta advertencia, decidió dar un paso al frente y aceptar dicho chantaje. De hecho, países como Alemania han impulsado un fuerte programa de rearme con vistas a tener que suplir a Estados Unidos en la defensa del continente y ayudar a Ucrania, en el caso de que dejara de llegar la ayuda estadounidense. Una vez calmadas las aguas, Trump, no contento, se sumergió en otros frentes como Gaza y Ucrania, aunque sin resolverlos bien, al contrario, dejando más dudas que certezas sobre qué papel mediador, y nada neutro, juega Estados Unidos. Ha permitido a Israel actuar con total impunidad en los territorios palestinos (y lo sigue haciendo); y en Ucrania solo se le ha visto entregado al interés comercial, no logrando que su amigo Putin dé su brazo a torcer respecto a sus pretensiones allí. 

Además de no controlar el país, no se ha dado un cambio de régimen, y aun así Trump se jacta de ser el presidente interino de Venezuela. ¿Con qué mandato? El de la coacción

El mandato de la coacción Ahora, en poco tiempo, sin haber conseguido consolidar lo esencialmente importante, la reconstrucción de Gaza y un alto el fuego en el Donbás, se lanza a por Venezuela. Sobre el papel, un éxito. Ha descabezado el régimen chavista con unos cuantos tiros y ninguna baja estadounidense, pero abriéndose a otro mar de incertidumbres, al desvelar su desprecio por la oposición al régimen y dejando claro que su único interés es controlar el crudo venezolano… aunque para ello necesita de una inversión multimillonaria, que no todas las empresas petrolíferas estadounidenses están dispuestas a asumir. Además de no controlar el país, no se ha dado un cambio de régimen, y aun así se jacta de ser el presidente interino de Venezuela. ¿Con qué mandato? El de la coacción. En plena ola de acontecimientos, ha coincidido que en Irán se ha producido un despertar de la población contra la teocracia. Y ahí, cómo no, Trump no ha dudado en señalar que piensa “ayudar” en la “libertad” a Irán y que prepara alguna clase de acción militar. Aunque desde el inicio de las primeras manifestaciones, Trump advirtió a Teherán de que no dudaría en golpear duro al régimen si se producía un baño de sangre en las calles. 

Todavía, a pesar de que se habla de más de 2.000 asesinados y miles de detenidos, en una feroz represión, todo ha quedado en mera palabrería. En resumidas cuentas, la política exterior de Trump se presenta como favorable a la paz y a la garantía de la libertad, pero bajo sus condiciones y en beneficio exclusivo de Estados Unidos. No ha dudado en afirmar que va a hacer grande a Venezuela otra vez y lo mismo ha dicho de Irán, replicando así, de una forma perversa, el mismo lema de la campaña electoral que le devolvió al Despacho Oval. ¿Todos grandes de nuevo? Sí, pero subordinados a los intereses de… Washington. 

La política exterior de Donald Trump se presenta como favorable a la paz y a la garantía de la libertad, pero bajo sus condiciones y en beneficio exclusivo de Estados Unidos

Desde luego, si diseccionamos con un poco más de atención la estrategia trumpista su diplomacia es simple y eficaz, no es sino una mezcla de militarismo y extorsión. Después de todo, el exigir a los países de la OTAN que aumenten su gasto militar no ha sido para que Estados Unidos pueda recortar el suyo, al revés, lo ha incrementado. Piensa que la disuasión debe ser tan contundente como para que nadie se atreva a toserle mínimamente a Estados Unidos. Ese planteamiento se refleja en su billón de dólares dedicados para su nuevo Departamento de Guerra. 

Interés particular de estados Unidos Claro que para encarar tal ingente cantidad de dinero necesita hacer buenos negocios y contar con los ingresos de altos aranceles. Unos aranceles que gravan el bolsillo de los demás, así como contribuyen al enfriamiento del comercio mundial, afectando, y no para bien, a los países más vulnerables. Así mismo, se ha visto que esa ingente cantidad de recursos militares no busca disuadir sino amenazar. Pues las injerencias en Venezuela, en Groenlandia y ahora, pretendidamente, en Irán, no responden a las garantías del derecho internacional, sino simple y llanamente su interés particular. La ONU se ha quedado como un convidado de piedra a todos los efectos. Con ello, los grandes retos de la agenda 2030 han quedado convertidos en papel mojado, puro humo. Y para colmo, la Administración Trump ha abandonado decenas de organizaciones, acuerdos y compromisos vinculados a frenar el cambio climático, la solidaridad o la ayuda al Tercer Mundo. De seguir así, esta deriva neoimperialista agravará más los males que aquejan a este diminuto planeta y veremos.