Colaboración

La edad del micelio

17.10.2020 | 01:05
La edad del micelio

NOS gustan las fechas y las épocas. El siglo XXI empezó el 11 de septiembre del año 2001. La Gran Recesión comenzó el 15 de septiembre del año 2008 con la caída de Lehman Brothers. Esta nueva normalidad es, sin duda, otra época. Todo está supeditado al dichoso virus. La salud, la educación y la economía. Por esa razón las personas, instituciones públicas o empresas afinan los protocolos para poder seguir, en la medida de lo posible, con sus actividades cotidianas.

¿Qué fecha es la adecuada para iniciar esta época? Podría ser el 1 de diciembre del 2019, día en el que, según la revista médica The Lancet, se registró el primer contagio conocido. La otra opción es el 11 de marzo de 2020, día en el que Tedros Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de Salud, declaró el brote de coronavirus como pandemia global. Nos quedamos con este día; al fin y al cabo, lo más normal es que el primer contagio conocido no sea el primer contagio real.

¿Cómo denominar a esta época? La cuestión es más compleja. ¿Por qué no la edad del micelio? Los cuerpos vegetativos de los hongos se forman a partir de unos filamentos pluricelulares (hifas). Estos filamentos, que se encuentran bajo tierra y cuya función principal es proveer al hongo de nutrientes, constituyen el micelio.

La cuestión es que se crean ramificaciones enormes que interaccionan con más hifas o con las raíces de otras plantas. Y para muchos investigadores se crea una red gigantesca que, en realidad, configuraría una World Wide Web subterránea. En otras palabras, sería el Internet de la naturaleza.

Estos descubrimientos científicos son muy recientes y por esa razón son desconocidos para el gran público. Pasamos a conocer diferentes posibilidades.

Así, un árbol talado tiene la ayuda de sus compañeros, que alargan sus raíces para mandar agua, azúcar y otros nutrientes. Las acacias se defienden de las jirafas estropeando el sabor de sus hojas. Una madre pino da sombra al árbol joven para que no crezca abruptamente. Eso es algo que también ocurre en la especie humana. En el caso de los pinos tiene la siguiente lógica: crecer con rapidez implica que las células tienen más aire y en el futuro el pobre árbol tendría problemas para defenderse de vientos muy fuertes o de depredadores hambrientos. El roble tiene mecanismos de defensa ante los ataques de las orugas, si bien la transmisión interna de las órdenes para cumplir ese objetivo es mucho más lenta que en otras especies animales.

Estos sucesos son asombrosos. Para muchos científicos, el micelio es el mayor organismo vivo de nuestro planeta. Si las personas están unidas por Internet y la naturaleza por el micelio, ¿no es original denominar así esta nueva época?

Hiro Onoda fue un oficial japonés que se perdió en el año 1944 en la selva de Filipinas. En esa época, su país estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial. Y ahí se quedó, entre escondido y luchando (no está muy claro contra quién) para defender a su patria y a su emperador. Hasta ahí, todo normal.

Lo curioso es que los años comenzaron a pasar. Y pasaron, pasaron, pasaron. Onoda pensaba que la guerra continuaba. Hasta el año 1974 no se convenció de que todo había terminado. El encargado de informarle fue su superior Yoshimi Taniguchi. Nos sorprende que una persona pase tanto tiempo perdido en la selva luchando contra un enemigo inexistente. Sin embargo, ideas que ya no sirven o se han revelado como inútiles (proteccionismo, nacionalismo o comunismo) persisten en las mentes de muchas personas de la misma forma que Onoda continuó con su lucha imaginaria.

Se ha demostrado que el tema del virus va muy en serio. En lugar de realizar una competencia nacional para ver quién saca antes la vacuna, ¿cómo se puede mejorar la colaboración entre los científicos de los países?

Instituciones como la OMS, con todos sus defectos, son imprescindibles. Va Estados Unidos y decide retirar su financiación. ¿Cómo puede ser?

Los Bancos Centrales siempre se han dedicado a controlar la cantidad de dinero en el sistema. ¿Por qué no financiar bonos sociales a tipo de interés negativo?

Los paraísos fiscales siguen campando a sus anchas. ¿Para cuándo una conferencia internacional para modularlos?

El cambio climático puede dejar el coronavirus como una broma. ¿Cómo gestionar palos y zanahorias para generar en los diferentes agentes económicos los incentivos adecuados?

Los científicos admiten sus limitaciones. ¿Por qué los políticos no lo hacen?

La transparencia pública es imprescindible. ¿No es hora ya?

La conclusión más repetida: hay que construir una economía verde y digital; hay que reconstruir y ayudar. Está claro: el hayqueismo no sirve para nada.

Es el momento de pasar del qué hacer al cómo hacer para, efectivamente, hacer.

Hagámoslo.

* Profesor de Economía de la Conducta de la UNED