Tribuna abierta

Juventud, divino tesoro

En la Eusadi de hace varias décadas, el compromiso social y nacional de la juventud era más que evidente. Un buen cimiento para la prosperidad de una tierra. A eso es a lo que se le denomina arraigo. Sin embargo, esa realidad está cambiando entre nuestros jóvenes

28.01.2020 | 06:21

COMENZAMOS una década (o la cerramos para los puristas) y existe una realidad entre nosotros que no acapara la actualidad en la dimensión que debiera: ¿Cuál es la edad media del ciudadano que pasea por las calles de Bilbao? ¿Cuál es la salud de la noche bilbaina? ¿Se llena más Ledesma que Pozas? ¿San Mamés ya no es lo que era? ¿Están vacías las calles de nuestras localidades un sábado por la mañana? ¿Cuántos de nuestras cuadrillas han marchado a Madrid o planean hacerlo? Tú, joven, ¿has encontrado aquí alguna salida profesional de tu sector? ¿Piensas opositar porque "no hay otra cosa"? ¿Tienes 25 años y ninguna posibilidad de independizarte? ¿Tu sueldo por 8 horas diarias de trabajo no alcanza o justamente llega a los mil euros? Todas las anteriores preguntas están relacionadas.

El bilbaino es un entorno metropolitano con una de las poblaciones más envejecidas. Hay más habitantes mayores de 65 años que menores de 15. La pirámide demográfica es claramente inversa. La franja principal de nuestra demografía la compone la generación del llamado baby boom, que actualmente se encuentra entre los 50 y 60 años y que, a corto-medio plazo, está llamada a la jubilación. Frente a ello, nos encontramos en una región con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, la segunda más baja de la Unión Europea concretamente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), no hemos parado de perder población durante las últimas décadas. En el periodo de 1996 a 2018, Bilbao ha perdido el 2,5% de su población; Barakaldo, el 1,7%; Portugalete, el 2,7%; Sestao, el 3,1%... y la tendencia se agudizará. Actualmente en el País Vasco se producen 5.663 más muertes que nacimientos cada año. No nacen niños. Y es que este año la tasa de jóvenes emancipados ha alcanzado su mínimo en España desde 2002. Según el INE, solo el 18,6% de las personas entre 16 y 29 años ha podido emanciparse. Y afinando a la franja de 25 a 29 años, no llega al 40%. Es decir, no llega a cuatro de cada diez personas las que, a la edad de entre 25 a 29 años, se encuentran en disposición de poder decidir desarrollar un proyecto familiar. Y digo solo decidir. Muchos preferirán seguir "viviendo". Legítimo. Pero mientras otras urbes antaño menores crecen, Bilbao y su área metropolitana va perdiendo población, perdiendo relevancia en términos demográficos dentro del Estado. Y eso tiene sus efectos también a nivel económico.

Como decía, tenemos una sociedad envejecida en la que no nacen niños y en la que muchos de los pocos (en términos proporcionales) jóvenes se marchan, lo que puede acelerar todo el proceso. ¿A dónde? Solo este último año, Madrid ciudad ganó 80.000 habitantes. Barcelona, 33.000. ¿Quién no tiene un familiar o amigo que se ha ido a Madrid o Barcelona? El flujo de población joven de otras comunidades autónomas hacia estas dos ciudades es inexorable, también afecta a Euskadi y se encuentra en un estado incipiente. Se compone de jóvenes en busca de empleo, sobre todo en el sector servicios porque las economías han ido cambiando hacia este sector a lo que se añade el desarrollo de la movilidad junto a la tendencia mundial de residir alrededor de las ciudades que concentran los núcleos de actividad, donde están las oportunidades. Mientras que el peso relativo de la economía vasca a nivel estatal ha ido decreciendo, Madrid no para de crecer y succionar a su entorno. Y es que, debido a la tercerización de la economía y a la creciente importancia del sector tecnológico, las empresas se organizan en torno a los polos de poder, a los centros de decisión. Así, se van aglutinando las compañías cerca de los nudos de comunicación y del resto de empresas con las que tienen relación comercial y ahí es donde contratan y captan el talento joven. Resultado: nuestros jóvenes encuentran allí las oportunidades que aquí puede que no tengan. Sectores especializados instalados exclusivamente en estas ciudades. El ocaso de las industrias con sus plantas de producción distribuidas por la geografía estatal y el auge del sector tecnológico con sus oficinas centralizadas. ¿Trabajar en Amazon, Google o Apple? A Madrid o Barcelona. Allí donde se encuentran los grandes núcleos poblacionales o los centros de decisión. Porque, a mayor conectividad, mayor movilidad. Toda la red de alta velocidad ferroviaria estatal pasa o desemboca en Madrid. No es casualidad. Y Bilbao se verá en pocos años conectado también a Madrid con la llegada del TAV. Y recordemos: cuando conectas dos puntos en situación de desequilibrio, este aumenta.

Actualmente, la generación del baby boom está en lo alto de la jerarquía social y profesional. Dirigen la sociedad. Son personas que ya atisban en el horizonte la fecha de jubilación y que tienen a sus padres y madres octogenarios. Sus preocupaciones son claras: quieren estabilidad, calma social, buenos servicios públicos y calidad de vida. Sostenibilidad de las pensiones para ese futuro que no es tan lejano y ayudas sociales de primer nivel para aquello que les ocupa tanto tiempo: cuidar a sus mayores en sus últimos años. Precisamente es así como tenemos diseñada nuestra sociedad actual. Un dato: Bilbao se cuela entre los mejores destinos para jubilarse según Forbes. ¿Es este el índice ideal para una ciudad como Bilbao? Depende del receptor de la pregunta, claro. Pero, en este contexto, ¿Qué hay de los jóvenes, llamados a pagar con sus cotizaciones las pensiones de los anteriores?

Pensemos en un chaval de 25 años con su formación cualificada, en un entorno social envejecido, con pocos jóvenes (apreciable en la oferta de ocio, entorno, pulsión social) y en el que no tiene oportunidades profesionales para aquello en lo que se formó. Sin posibilidad de emanciparse, ni de ser independiente. Frustrado, piensa fiar su futuro a opositar a empleo público. No queda otra. O sí: marchar a Madrid, a pocas horas de distancia, excelentemente conectado, su oportunidad de independencia, donde encuentra salidas profesionales en lo que se formó y un entorno eminentemente joven. Allí forma su círculo de amigos, sentimental, echa raíces? y ya no vuelve. Un chaval que, si tiene críos, no será en Bilbao. Un Bilbao que los necesita, más que Madrid. O tal vez marche a Londres, donde por el mismo trabajo que encontró en Madrid y que no había en Bilbao, su salario será tres veces mayor.

Aquí aparece otro aspecto primordial: el arraigo. La tendencia social, especialmente en su franja más joven, es de un carácter más líquido. La globalización supone una evidente amenaza para las sociedades pequeñas. Ahí está la España vaciada.

En la Euskadi de hace varias décadas, el compromiso social y nacional de la juventud era más que evidente. Un buen cimiento para la prosperidad de una tierra. Mientras que en muchas áreas del Estado español la emigración a Madrid se ha visto tradicionalmente como algo natural fruto de su estatus, de ser su capital, en Bilbao la gente se negaba a esa realidad, permanecía aquí y contribuía a la prosperidad de su tierra, de su país. A eso es a lo que se le denomina arraigo. Sin embargo, esa realidad está cambiando. El joven medio bilbaino no tiene ningún reparo en mudarse a Madrid, a la capi, con la misma naturalidad que el joven asturiano o santanderino. Aquello de "un vasco nunca pisa Madrid" quedó en un mal tópico de comedia española. Por ello, seamos conscientes: o profundizamos en nuestra identidad y divulgamos el sentimiento de pertenencia o no seremos más que un terrón de azúcar disolviéndose en una ola que nos arrastra sin remedio.

Esta realidad está en la calle y en las familias. Si queremos que los jóvenes no marchen, que las pensiones puedan pagarse, una ciudad viva y dinámica que mantenga su estatus de metrópoli económica, que no muera demográficamente y que, en definitiva, haya futuro en nuestro botxo, esta cuestión debe acaparar la relevancia que merece. Está bien defender el derecho a decidir, pero antes debe conservarse al titular de la decisión con vida.
* Abogado