Hay días que por razones diferentes pesan. Días en los que una se da cuenta de lo mucho que desgasta rodearse de energías negativas, de conversaciones que en vez de sumar, restan, y de ambientes que por mucho que intentes abstraerte centrándote en lo importante, no te dejan avanzar. Y entonces, casi sin avisar, llegan días que lo cambian todo y consigues llegar a casa feliz.

Hace una semana tuve la suerte de participar en el desfile Moda para todos que se celebra en el Palacio Euskalduna junto a los chicos y chicas de la Fundación Síndrome de Down. Y ahí, en medio de risas, nervios, bailes y canciones, todo volvió a colocarse en su sitio. Porque hay personas que suman sin esfuerzo, que te miran de verdad, que te contagian alegría sin filtros, sin cuestionarte y sin reproches. Personas que te recuerdan lo que es realmente importante.

Rodearme de ellas es, sin duda, para mí todo un regalo. Nombrar a todo el mundo sería imposible (y seguro que me dejaría a alguien y no quiero), pero no puedo no mencionar a mi pequeño gran equipo con las que desfilé: Ainhoa, Patricia, Nagore, Laura y Lucía.

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Y a Ari, de Fashiom Galería, que nos llenó a sus modelos particulares de mucho color con sus pañuelos, bolsos y kimonos llenos de personalidad. Una semana después, me quedo con una idea clara: la vida ya es suficientemente compleja como para elegir quedarnos donde no se nos cuidan.

Por eso, lo tengo más claro que nunca: menos negatividad, más empatía y más personas que me hacen la vida más fácil. ¿Es mucho pedir?