Editorial

El huevo y la gallina

Más que señalar a una responsabilidad que Teherán y Washington se arrojan pero comparten, conviene analizar las consecuencias globales de que la escalada en su enfrentamiento se recrudezca

09.01.2020 | 06:21

EL asesinato el pasado día 3 en Bagdad en una acción extrajudicial de las fuerzas armadas de Estados Unidos del general Qasem Soleimaní, quien desde 1998 dirigía la Fuerza Quds, brazo paramilitar de élite de la Guardia Revolucionaria iraní que lidera la vinculación con Hezbolá en Líbano y con las milicias chiitas iraquíes y afganas, y ahora la respuesta de Teherán con el ataque de misiles balísticos contra las bases estadounidenses de Al Assad e Irbil en Irak supone una vertiginosa escalada de responsabilidad bilateral y consecuencias desconocidas. La primera se remontaría a la salida de EE.UU., ordenada por Donald Trump en mayo de 2018, del acuerdo nuclear con Irán -también firmado por Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania- y las sanciones económicas impuestas por Washington a Teherán, pero también a las violaciones del mismo por el regimen liderado por Ali Jameneí que se habían venido denunciando desde un año antes. El huevo y la gallina. Y el fallecimiento el 27 de diciembre de un contratista de defensa estadounidense en un ataque a una base en Kirkuk atribuido a la milicia chií Kataib Hizbulá, respaldada por Irán, solo fue -junto al acoso a la delegación diplomática de EE.UU. en Bagdad- el desencadenante o, si se considera que Kirkuk, como la mayor parte de Irak, es aún escenario de un conflicto con múltiples agentes involucrados, el pretexto para el asesinato de Soleimaní. El huevo y la gallina. Sin olvidar que en esa responsabilidad compartida, junto a los intereses geoestratégicos y geoeconómicos -EE.UU. se acaba de convertir en exportador neto en el cambiante mercado de crudo-, influyen asimismo las necesidades propias de los ayatolás, cuyo regimen comenzaba a soportar una creciente disidencia, y las personales de Trump, en año electoral y con la inminente amenaza del impeachment. Por tanto, más que señalar responsable es preciso analizar las consecuencias de que la escalada se recrudezca y la acción-reacción haga explotar como guerra de proporciones globales el conflicto de Oriente Próximo. Es todo menos descartable si se contempla el enfrentamiento en Irak y Siria, la situación interna y los intereses de Arabia, Catar, Emiratos, Egipto, Israel, Irán, Líbano, Turquía, Yemen... y las intervenciones unilaterales de Rusia y EE.UU. El huevo y la gallina.