Tantaka

La demografía de la derrota final

19.12.2021 | 00:30
La demografía de la derrota final

suele pasar que lo inmediato opaca lo importante. Esta semana la noticia más repetida, pasadas las lluvias, ha sido la extensión del pasaporte covid a los bares. Y así los repetitivos y triviales reportajes sobre las peripecias de los clientes accediendo a su café y su pincho han ocupado más espacio que otra noticia a mi juicio mucho más importante.

El Gobierno vasco ha presentado el arranque de una estrategia vasca para el reto demográfico. No se me ocurre otro asunto de mayor envergadura social, económica, cultural y política. Y sin embargo nos cuesta mucho debatir sobre ello abiertamente, sin miedos, basándonos en datos y no en prejuicios, en evidencias y no en lugares comunes.

Los datos demográficos vascos son extremos. La edad en que la mujer que lo desea tiene su primer hijo es en Euskadi de 33 años, frente a los 31 de España y los 29 europeos. Hemos tenido por algunos años el muy poco edificante récord mundial de menos hijos por mujer y aún hoy esta cifra es un 20% inferior a la media comunitaria. El número de nacimientos es de 7,8 por mil habitantes: la segunda más baja de Europa, que tiene una media de 9,9. El 30% de los nacimientos en Euskadi lo son de madre de nacionalidad extranjera, sea cual fuere el significado que usted quiera darle a este hecho. Estos datos amenazan cualquier otro planteamiento de futuro: desde las pensiones o la industria hasta la sanidad, e incluso (y me pongo aquí transcendente para aquellos a los que lo anterior no les parezca suficientemente importante) el futuro del fútbol vasco.

Estos datos no responden a razones coyunturales sino a causas de profundísima raigambre socio-cultural. Los amigos del simplismo nos podrán dar dos o tres recetas concretas, pero nada de eso resolverá el asunto. De hecho, políticas más o menos bien intencionadas pero aisladas y simplistas bien pueden en ocasiones agravar el problema. Si me preguntan por soluciones, les confesaré que no las tengo.

La Unión Europea advierte de que "el cambio demográfico también puede repercutir en la posición de Europa en el mundo. Su cuota de población y de PIB mundiales serán comparativamente menores. Esto hace que la necesidad de que Europa esté unida, sea más fuerte y tenga un mayor peso estratégico sea ahora mucho más importante". No sé por qué motivo adaptar este discurso a los distintos niveles político-culturales inferiores debe resultar incorrecto. Sin embargo es una reflexión que escondemos como si fuera vergonzosa y no se pudiera explicitar.

El Gobierno Vasco ha presentado la propuesta en nombre propio y de las diputaciones (bien podría haberse dado una visibilidad conjunta a la presentación para resaltarlo) y anuncia la inclusión de los ayuntamientos y de organizaciones sociales a este proceso de reflexión. Buena falta hará la inclusión de todos.

Algunas de las 25 iniciativas anunciadas refuerzan políticas ya existentes (vivienda, empleo, conciliación, igualdad de género, integración de inmigrantes, revalorización de lo rural, justicia intergeneracional...) y otras tienen nuevo impulso (ayuda por hijo, ayudas a proyectos de emancipación, gratuidad de la escolarización desde el nacimiento). Todas ellas son necesarias y bienvenidas, ninguna suficiente por sí sola, alguna incluso de efectos potencialmente contraproducentes si no se aplica con mucho tino y bien armonizada.

Sin duda debemos favorecer que los jóvenes que quieran emanciparse antes o que quieran tener hijos antes o que quieran tener más hijos, puedan hacerlo facilitando para ello medidas sociales y económicas. Pero el problema es aún más profundo. Celebro el "principio de humildad y conciencia de limitación" que permea de modo explícito la propuesta del Gobierno vasco.

Me temo que en esto avanzamos todos, desde Europa hasta cualquiera de nuestros pueblos, de medida en medida, de discurso en discurso, hacia atrás. De victoria en victoria, hasta la derrota final, como decía aquél.

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