En esencia

(R)evolución

En solo doce días, la izquierda abertzale ha actuado y tomado decisiones que ilustran un cambio estratégico innegable e impensable hace no tanto. Otra cosa es que se dude, legítimamente, de su sinceridad

03.12.2021 | 00:16
(R)evolución

EL cambio estratégico experimentado por la izquierda abertzale, sobre todo en la última década, es innegable e impensable hace no tanto tiempo. Otra cosa es que se dude, legítimamente, de la sinceridad de una transformación tan esencial, tan en principio inverosímil, desde el radicalismo antisistema y la inspiración marxista-leninista de los movimientos de liberación nacional latinoamericanos, incluida la lucha armada, a la acción política institucional pragmática propia de la realpolitik. Pero la realidad es la que es. En solo doce días, hemos visto que el 20 de noviembre EH Bildu ha reunido a decenas de miles de personas en Bilbao bajo el ambiguo lema "Lortuko dugu", con la reivindicación de la independencia del Estado opresor; dos días después ha anunciado su voto afirmativo a los Presupuestos de ese Estado opresor, materializado el día 25 en el Congreso de los Diputados; ha puesto fin el día 29 a los homenajes públicos a los expresos de ETA que salen de la cárcel –sin necesidad de mostrarse en contra de esos ongietorris–; y ha alcanzado un acuerdo inédito histórico con el Gobierno vasco para los Presupuestos de la CAV –eso sí, solo absteniéndose: poco a poco–. Los hechos son los hechos.

Hay más. Sortu, el partido hegemónico de EH Bildu y heredero de la izquierda abertzale histórica, ha elegido también estos días, dentro de su Congreso, su estrategia política, en el que sus bases han aprobado con un 71% de apoyo la ponencia oficial Herrigaia, que básicamente planteaba abundar en la vía institucional y la colaboración con los agentes sociales para liderar el país, frente a la alternativa y crítica con esta línea, denominada Lurrari lotuz, de los partidarios de incidir más en la acción popular, la confrontación, la desobediencia, etc. Como curiosidad, el porcentaje de apoyo de ambas ponencias es calcado del que lograron en 1995 la entonces oficial Oldartzen, de infausto recuerdo por su socialización del sufrimiento, e Iratzar, más posibilista. La estrategia es hoy justo la contraria. Toda una evolución sin revolución.

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