En un mundo donde las crisis humanitarias suelen quedar sepultadas bajo el peso de la fatiga informativa, existen instituciones que se convierten en el último hilo de esperanza para millones de personas. La Agencia de Naciones Unidas para las y los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) es, sin duda, una de las más emblemáticas de los últimos tiempos.
La historia de la UNRWA es la historia de un pueblo en espera de una solución política que no llega. Creada por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1949, tras la guerra árabe-israelí de 1948, la agencia nació con un mandato temporal. Sin embargo, ante la ausencia de una resolución justa para la cuestión de los refugiados, su labor se ha extendido durante 76 años, convirtiéndose en la columna vertebral de la supervivencia de casi seis millones de personas en Palestina.
Este domingo, Sabino Arana Fundazioa le otorga su galardón, reconociendo una trayectoria de más de siete décadas de compromiso inquebrantable con la justicia, la paz y los derechos humanos. Sin embargo, este reconocimiento llega en el momento más crítico de su historia, cuando la labor humanitaria se enfrenta no solo a la guerra, sino a una campaña sistemática de criminalización y asfixia financiera.
La situación en la Franja de Gaza ha alcanzado niveles de horror difíciles de procesar. Raquel Martí, Directora Ejecutiva de UNRWA, describe un panorama desolador: “Este alto el fuego no ha sido nunca efectivo, pero la población no solamente sigue muriendo por las bombas israelíes…”.
La labor de la agencia en el terreno es una lucha constante contra la precariedad absoluta. Con infraestructuras destruidas, la población improvisa refugios con plásticos mientras Israel obstaculiza la entrada de material de invierno. Las consecuencias son fatales: “Han muerto más de una docena de personas por hipotermia, principalmente bebés, pero también ancianos”.
A pesar de que las escuelas han sido blanco de ataques, UNRWA sigue acogiendo a casi 80.000 personas en sus edificios y ha logrado que 66.000 niños regresen a espacios de aprendizaje. La educación se ha vuelto vital no solo por el conocimiento, sino porque las escuelas suponen un apoyo psicológico fundamental para menores “profundamente traumatizados” y ayudan a llevar el control de la desnutrición aguda –que se espera que afecte a 100.000 nuevos niños para abril de este año– mediante la distribución en las aulas de “suplementos nutricionales para los niños desnutridos”.
Un sistema bajo asedio
La UNRWA opera como un sistema paraestatal que gestiona más de 700 escuelas y una red de centros de salud primaria en Jordania, Líbano, Siria y el territorio palestino ocupado –la franja de Gaza y Cisjordania–. Su labor es insustituible; no existe otra organización con su infraestructura y la confianza de la población local.
No obstante, esta estructura está siendo atacada en todos sus frentes. En Cisjordania, el ejército israelí ha bombardeado los campos de refugiados de Jenin, Tulkarem y Nur Shams, desplazando a 40.000 personas y demoliendo infraestructuras para evitar su regreso.
En Líbano, la población palestina vive bajo el umbral de la pobreza y depende totalmente de UNRWA al tener prohibidas numerosas profesiones y carecer de acceso a servicios públicos de educación y de salud; mientras en Siria la agencia lucha por reconstruir campos destruidos como Yarmouk, uno de los campos de refugiados más grandes de Oriente Medio con 160.000 personas.
La situación se vuelve alarmante también en Jerusalén Este, donde Israel comenzó este pasado diciembre con la aprobación de una ley que prohíbe el trabajo de la UNRWA, cerrando escuelas y clínicas por la fuerza en lo que Martí define como “una violación de la Carta de Naciones Unidas, puesto que la ONU considera que Jerusalén Este sigue siendo parte del territorio palestino ocupado”. Pero esto no fue suficiente. Esta semana, en “un ataque sin precedentes” según la organización, el Ejército israelí inició el derribo del complejo de la UNRWA en el territorio, irrumpiendo en la sede y expulsando a los guardias para introducir las excavadoras.
"La resiliencia que tiene esta población no es comparable con la de ninguna otra sociedad"
Criminalización como arma
Y es que el desafío actual no es solo logístico, sino también político. Desde que sucedieran los ataques del 7 de octubre, Israel mantiene una campaña de criminalización contra la agencia mientras la Corte Internacional de Justicia ha concluido que Tel Aviv “no ha sido capaz de presentar pruebas concluyentes de esa supuesta participación del personal de UNRWA, por lo que tiene la obligación de permitir a la agencia desarrollar su trabajo”.
Sin embargo, a pesar de la falta de pruebas, esta campaña ha provocado que donantes clave como EE.UU. retiren su financiación, dejando a la UNRWA en una situación de extrema vulnerabilidad. La falta de fondos ha obligado a tomar decisiones dolorosas: reducir un 20% la jornada -y por ende los salarios- de sus 30.000 trabajadores. Martí explica que estos empleados que contratan son también refugiados de Palestina que viven en condiciones precarias: “En Gaza tenemos 12.000 trabajadores y viven en tiendas de campaña, o en las ruinas de los edificios, y pasan el mismo hambre y el mismo frío que el resto de la gente”.
Por eso, Martí asegura que “la resiliencia que tiene esta población no es comparable con ninguna otra sociedad” puesto que “son personas tan comprometidas que a pesar de toda esta barbaridad que han sufrido han seguido cada día, en la medida que han podido, incorporándose a sus funciones porque son conscientes de que si no lo hacen no solo la comunidad a la que sirven se queda sin la ayuda, sino que son sus familias, sus vecinos, sus amigos los que se quedan sin salud, sin refugio, sin comida y sin ayuda de emergencia”.
Riesgo de precedente global
A todo esto se le suma un temor de la agencia de que Israel sustituya la UNRWA por actores privados o militares en el proceso de reconstrucción que supone la segunda fase del plan de paz que ha entrado en vigor en los últimos días; como ya se vio cuando se suplió “no solamente a UNRWA, sino a Naciones Unidas con la distribución de alimentos” mediante la contratación de una empresa privada bajo el nombre de Fundación Humanitaria de Gaza (GHF) “que nunca fue tal, fue una empresa de mercenarios que se dedicaron, no a paliar la hambruna, sino a perpetuarla”.
Para Martí, la posible desaparición de la UNRWA pone en juego el multilateralismo de Naciones Unidas, nacido tras la Segunda Guerra Mundial: “Están atacando un sistema basado en un orden internacional, unos principios y unos valores que están desapareciendo y que están siendo sustituidos por la ley de más fuerte”.
Así, la Directora Ejecutiva de la agencia reconoce que este reconocimiento de Sabino Arana Fundazioa supone un alivio moral que les “alienta a seguir trabajando” en medio de la “campaña feroz” por parte de Israel. Es un recordatorio, dice, de que, aunque en lugares como Gaza parezca que “se ha acabado con nuestra humanidad”, la sociedad vasca “apuesta por la humanidad, que debería ser compartida y respetada por todos”, agradece el valor de quienes se niegan a abandonar a los más vulnerables y reconoce que no puede haber paz sin una justicia que comienza por garantizar que ningún ser humano sea privado de comida, salud y una educación digna.