Bravo por el Supremo, que para los pies al indultador Sánchez

27.05.2021 | 07:12
Los miembros del Tribunal Supremo, con su presidente, Carlos Lesmes

No hay dos sin tres. Hoy también toca ración de indulto. Esta vez, con vítores y tambores ante el informe del Tribunal Supremo que desautoriza la aplicación de la medida de gracia a los condenados por el procés. ABC gana el concurso de estridencias celebratorias con una portada en la que, bajo la foto de los magistrados, se lee un gigantesco "No", acompañado de una apostilla: "El Supremo rechaza los indultos: ni justicia ni equidad no arrepentimiento". Como colofón, en la parte inferior, tres entrecomillados del dictamen del Alto Tribunal.

El editorial, como corresponde, también es tamaño sábana y termina comparando al Supremo con el inquilino de Zarzuela. Lean: "El Supremo ha asumido un liderazgo institucional similar al de Felipe VI el 3 de octubre de 2017, un liderazgo imprescindible para la reafirmación de la independencia judicial y la primacía de la ley como expresión de la superación de la venganza y la revancha. El informe del Supremo es un ejercicio memorable de defensa del Estado, y un documento imprescindible para una opinión pública sometida a la confusión moral provocada por un Gobierno sin escrúpulos que abusa de su poder".

"Indultos: no es no", titula con retranca su suelto Julián Quirós, que ve al presidente español en un aprieto: "La contundencia de la decisión (unánime y demoledora) le crea gravísimos aprietos políticos y reputacionales a Pedro Sánchez, quien un día antes apelaba contra la «revancha y la venganza» como la manera de catalogar preventivamente la resolución de los magistrados; caricaturizándola".

La Razón también apunta en su portada por ahí. "El Supremo pone en un brete a Sánchez: el indulto es inaceptable". En el editorial, una curiosa tesis: las palabras de Sánchez sobre la concordia y la revancha han podido encorajinar más a los firmantes de la decisión. Eso parece desprenderse de estas líneas: "Parece evidente que los magistrados del Tribunal sentenciador se han sentido concernidos por las previas declaraciones gubernamentales, que indicaban una inequívoca proclividad a la concesión de la medida de gracia, para endurecer su postura, abriendo, incluso, la vía para habilitar un recurso, en cualquier caso, problemático, ante el Tribunal Constitucional".

Flaco favor hace esa insinuación a unos magistrados sobre los que el director, Francisco Marhuenda, se desahace en elogios: "La posición de los magistrados, que son algunos de los mejores penalistas de nuestro país, es clara y contundente. No parece razonable que el gobierno siga por esta vía, salvo que quiera asumir un desgaste político tan grande como innecesario. A estas alturas es mejor abandonar la idea y esperar que el independentismo abandone, también, su actitud desafiante". Mucho esperar parece.

Antes de cambiar de cabecera, les copio y pego para su solaz la evacuación al respecto del exministro Jorge Fernández Díaz: "Con este concepto del valor, la justicia y la ley, el Estado se convierte literalmente en «una banda de malhechores», como escribiera san Agustín. El TS se ha manifestado: Se puede decir más alto pero no más claro. Que Sánchez y el PSOE asuman la responsabilidad ante la Historia del rastro que tamaña ignominia dejaría tras su paso por el Consejo de Ministros". Si se lo imaginan con su propia voz, resulta todavía más divertido.

En estas nos hemos plantado en El Mundo, que también acoge con algarabía el informe de Marchena y sus compadres. "El TS desenmascara a Sánchez y denuncia el autoindulto del procés", reza el titular de primera. Como la ocasión lo merece, ahí mismo comienza un editorial titulado "Un ataque a la nación para seguir aferrado al poder". El tono es de fumeral: "Es esta, por desgracia, una triste hora en la que vemos cómo el Gobierno de la Nación, ya sin careta alguna, se muestra dispuesto a asestar una estocada al imperio de la Ley que a todos nos obliga con tal de mantenerse en el poder. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido someter a los españoles a la ignominia que supone la concesión de un indulto a los condenados por el golpe del 1-O pervirtiendo el espíritu y la letra de esta excepcional medida de gracia".

Cínica y/o sardónica, Cristina Losada pide en Libertad Digital que Sánchez haga lo que tenga que hacer, pero sin tanto ruido: "Si el presidente del Gobierno quiere indultar a los separatistas condenados por el golpe de 2017, que lo haga, pero en silencio. No es mucho pedir. Sólo se le pide que lo haga sin intentar justificarlo, sin fingir que la decisión tiene altura moral, sin tratar de persuadir al público de que lo hace con las mejores y más virtuosas intenciones".

El Español le dedica sus dos editoriales al asunto. Bien es cierto que el argumento de ambos es un bucle que se puede resumir con este párrafo: "El Gobierno se enfrenta a una cuestión de Estado. Debe decidir si quiere defender la democracia o a quienes tienen el objetivo claro e indudable de destruirla. La respuesta debería ser evidente. Más aún a la vista del dictamen del Supremo". Nos ha descubierto América.

No prolongamos la fatiga. Termino con la siempre viriosa prosa de Miquel Giménez en Vózpuli. Nada que les vaya a sorprender, porc ierto: "Los nacional separatistas han conseguido trasplantar el cáncer que llevan dentro a la política nacional hasta tal punto que incluso lo más alto de la jurisprudencia ha tenido que pararle los pies al gobierno con los manoseados indultos".

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