Enkarterri

Balmaseda en América

Desde la época de Colón a los indianos, un libro de la historiadora Julia Gómez Prieto repasa siglos de presencia de la villa al otro lado del Atlántico

10.02.2020 | 06:16

BALMASEDA no solo es la villa más antigua de Bizkaia. Podría haber contribuido al descubrimiento de América en la figura Pedro de Terreros, que muy probablemente fue la primera persona en poner un pie en tierra continental durante el tercer viaje de Cristóbal Colón. Se cuenta que "aquella vez Colón se indispuso y pudo encomendársele a su segundo de a bordo la tarea de descender con la cruz", la imagen tantas veces reproducida en el cine. Así arrancarían siglos de relación entre ambos lados del Atlántico que la historiadora Julia Gómez Prieto recoge en su último libro.

Marinos, comerciantes, religiosos o indianos benefactores construyen Balmaseda en América, un proyecto que se remonta décadas atrás. Ya en 1972 mientras elaboraba su tesis sobre la villa en los siglos XVI y XVII se percató de que "en los archivos gran cantidad de vecinos constaban como fallecidos en América y empecé a anotarlos". En 1992, "me otorgaron una beca y pasé dos veranos entre Sevilla, Cádiz y Madrid". Por fin ha podido dar forma a los datos estructurados en 17 capítulos por orden cronológico y un apéndice documental que suman más de 400 páginas. En ellas "son todos los que están, pero no están todos los que son".

Pese a que no se ha hallado evidencia documental que lo respalde, los eruditos coinciden en la procedencia balmasedana de Pedro de Terreros, "maestresala de Colón". De esta primera época también menciona entre otros "a Diego de Sabugal, marino que murió en la segunda expedición a las Islas Molucas organizada en 1525 por Juan Sebastián Elcano, donde éste también perdió la vida". En Balmaseda, como en tantos lugares, la noticia del hallazgo de tierras inhóspitas supuso "una verdadera conmoción". Quienes cruzaron el charco en un principio se embarcaron en "una empresa militar y después de asentamiento y de colonización. La mayoría nunca regresaron de un viaje "largo y costoso".

Contribuyeron de manera simbólica a través de las obras en beneficio de su lugar natal que promovieron desde América. Juan de la Piedra Verástegui, "mercader en Panamá", fundó el convento de las Clarisas en 1666, pero también pusieron en marcha en su tierra de acogida, "numerosas capellanías y obras Pías, todas de carácter religioso". Sebastián de Antuñano "instituyó el Monasterio de las Nazarenas en Lima, con la devoción al Cristo de los Milagros que aún hoy sigue siendo objeto de gran fervor popular en procesiones religiosas más multitudinarias de Latinoamérica", mientras que religión al margen Severino de Manzaneda, "gobernador de Cuba, que creó la ciudad y el fuerte de Matanzas, al Este de La Habana para proteger la ciudad de los piratas.

Entre mediados del siglo XVIII y principios del XX los emigrados, exhibieron "una notable capacidad de emprendizaje". Así, en la costa del Pacífico mexicano se pusieron en marcha centros comerciales y grandes almacenes en los puertos más importantes, como La Torre de Babel en Mazatlán, Sinaloa, donde descollaron empresarios balmasedanos como Hernández Gorrita Pedro de Cosca, que fundó la segunda Cámara de Comercio del país en el puerto de Guaymas, Sonora".

Redes familiares En el siglo XIX la partida "se concreta a través de las redes familiares". El primogénito permanecía en Enkarterri para velar por los bienes heredados, las hijas "cuidaban de los padres, se casaban o entraban en religión y los hijos segundones se veían empujados a emigrar". Así se constituyeron "auténticas sagas que se perpetúan a través de los hijos nacidos ya allí". Los Bermejillo "se asentaron en Guadalupe, Mexico" y emparentaron matrimonio mediante con los Martínez Negrete de Lanestosa". Los Mendia también prosperaron en banca, navegación o líneas de seguros y quienes retornaron a Balmaseda con la idea de emplear sus propios recursos en mejoras para la villa. Martín Mendia y Pío Bermejillo, que impulsaron sendas escuelas, dan nombre a dos de las calles principales del casco histórico. La estatua de Martín Mendia, -en su honor se nombró también el paseo junto al río Kadagua- el museo Boinas La Encartada a cuya creación contribuyó otro indiano, Marcos Arena Bermejillo oel órgano de la iglesia de San Severino son algunos de los puntos de una ruta por el legado de los indianos que explorará una visita guiada en septiembre.