ezkerraldea

Un sí quiero al euskera

La Euskal Astea abantoarra puso ayer punto final a sus actos con la celebración en Las Carreras de una euskal ezkontza, que sirvió para renovar los votos que Mari Mar Rodríguez e Iñigo Monasterio realizaron hace 25 años en el mismo lugar  

09.02.2020 | 00:36
Una gran multitud se dio cita en la plaza de La Trinidad para escuchar la proclamación de la dote de la pareja. Reportaje fotográfico: E. Zunzunegi

La Euskal Astea abantoarra puso ayer punto final a sus actos con la celebración

CIENTOS de vecinos y vecinas de Abanto-Zierbena y en  especial del barrio de Las Carreras, tomaron parte activa ayer en la representación de la euskal ezkontza, una celebración sacramental que puso el broche popular a los numerosos actos socioculturales que desde el lunes se han venido celebrando en el municipio minero dentro de los actos de la Euskal astea. Una programación que tendrá su colofón definitivo hoy con el desplazamiento masivo de vecinos para participar en el final de la Korrika en Gasteiz. No en vano, a los coches particulares se sumarán las personas que acudan a la capital alavesa en el autobús que se ha puesto a disposición de los vecinos de la mano del Ayuntamiento y de AEK. Muchos acudirán a Gasteiz con el alegre regusto de la euskal ezkontza de ayer que, además de permitir recuperar esta manifestación del folclore que rodeaba el modo de enlace tradicional en la Euskadi rural, sirvió para conmemorar el enlace matrimonial que llevaron a cabo en el mismo emplazamiento, hace 25 años, Mari Mar Rodríguez e Iñigo Monasterio, protagonistas este año  de la euskal ezkontza abantoarra.

"Me he puesto hasta nerviosa", señalaba alborozada Mari Mar Rodríguez, una mujer nacida en Las Carreras que ayer en el atrio erigido en el exterior de la iglesia de San Pedro repitió los votos matrimoniales que hace un cuarto de siglo proclamó a su marido, Iñigo Monasterio. La diferencia es que los votos realizados entonces, correspondidos por su compañero Iñigo, un barakaldarra que está a punto de cumplir 53 años, los hizo delante de un sacerdote como Dios manda y no como ayer que lo hicieron ante Kepa Mielgo, un euskaldun que se reconocía más bien pagano -casi ateo- seguidor de Mari y de Atarrabi y que, no obstante, se sumergió de lleno y con brillantez en su cometido "religioso" para bendecir la unión de los cónyuges. "Nadie tiene tan presente a Dios en su cabeza como un ateo ya que este está constantemente reafirmando su posición frente a la creencia general y por tanto está en debate constante con el altísimo", sostenía este hostelero jubilado de la plaza Haritzalde de Las Carreras que aseguraba que los últimos años en el establecimiento fueron "como una condena a galeras".

Hay quien considera al matrimonio como una condena pero no es el caso de Iñigo y Mari Mar que ayer disfrutaron con la representación en la que también estuvieron arropados por el grupo de danzas Enarak al que ambos pertenecen. "Volveríamos a hacerlo sin dudarlo", sostenían ambos cónyuges cuya vida en común, desde aquel lejano 26 de junio de 1993, ha dado lugar al nacimiento de dos niñas, ahora veinteañeras, Jasone y Maitane.

Los actos de la euskal ezkontza abantoarra comenzaron a las 12.00 horas con la partida de las comitivas de la novia -desde Murrieta- y del novio desde Los Llanos para confluir en la plaza de La Trinidad donde estaban los invitados congregados, incluso Patxi López, el tío rico recién llegado de América.

Dote Allí el notario del municipio, Jon Eritz González dio lectura a la dote que ambos jóvenes aportaban para iniciar su vida en común. Así, Iñigo aportaba el baserri llamado Iturralde, situado al lado de la fuente principal del pueblo, el viñedo anexo al caserío, los castaños que posee en el monte Montaño, cinco vacas y 300 reales. Por su parte Mari Mar acudía a la lectura con un carromato singular tirado por un tractor que portaba una cama con su colchón y las sábanas, una manta de lana, ollas, utensilios de cocina y para hacer café, una máquina de coser, una plancha, una cesta, un espejo de cuerpo entero, una cesta y unas ristras de pimientos. "Este año hemos prescindido de los bueyes ya que el pasado año hubo un pequeño susto en Haritzalde cuando se asustaron y derribaron una farola. No le pasó nada a nadie pero nos dio un buen susto que este año hemos preferido evitar", señalaba el concejal de Barrios, Jon Cuesta. Tras la lectura de la dote matrimonial, los novios abrieron la comitiva nupcial hasta llegar a la iglesia de San Pedro donde se escenificó la boda que estuvo acompañada por las voces del Otxote Muñatones de Muskiz y de la Coral mixta Las Karretako San Pedro Hogeita Lau. Tras la boda y las danzas populares a cargo del grupo Enarak al que ambos pertenecen y en las que participaron, llegó un ágape en la plaza Haritzalde como preludio a la comida popular que en esta ocasión reunió  a más de 200 invitados. "Nos apetecía mucho esta celebración que sin duda ha sido más divertida que hace 25 años, pronto 26", destacaban los novios.