Un verano sin adrenalina

27.08.2020 | 00:32
Diego Millán, en una de las casetas que ahora está cobijada en una nave industrial.

Para muchos feriantes esta es su primera Aste Nagusia sin pisar Bilbao. Este hecho, triste de por sí, lo es aún más si se suma a una temporada perdida. Prácticamente ningún ayuntamiento les ha permitido instalar sus atracciones

Cada año por estas fechas, uno de los pulmones verdes de Bilbao, el Parque Etxebarria, se convierte en un carrusel de emociones con estímulos de luces y sirenas que atrapan, sobre todo, a los más pequeños. Sin embargo, como ha ocurrido en la gran mayoría de localidades de Euskadi, la cancelación de Aste Nagusia, este año, viene de la mano de la ausencia de las barracas en la ciudad. No hay rastro del Ratón Vacilón, los autos de choque, la noria o la tómbola, que deberán esperar al menos un año más. Los feriantes no entienden que no les permitan montar sus atracciones: "Se puede subir a un metro abarrotado pero no a una barraca con distancias de seguridad", evidencian.

Diego Millán es un feriante bilbaino que vive con vistas al Parque Etxebarria. Su bingo y su tómbola de jamones no han faltado ni una sola Aste Nagusia en más de veinte años. "Después de tanto tiempo encontrarte con esta situación es complicado. Me dedico en exclusiva a mi labor como feriante", asegura Millán, que se las ingenia para trabajar la mayor parte del año. "También tengo un negocio de pesca de patitos que suelo montar en el PIN o en Carnaval. Al final, entre una cosa y otra, trabajo unos ocho meses al año", explica este feriante que limita su radio de acción a Bizkaia. "Las únicas fiestas a las que voy en Gipuzkoa son a las de Beasain, que son en mayo, el resto del tiempo me muevo por aquí: Sestao, Mungia, Santurtzi... Duermo siempre en casa, no tengo caravana; en realidad soy un feriante atípico", relata.

En las casetas trabaja junto a su mujer y su hijo. "Como intuíamos que la situación iba a ser difícil, mi hijo, que nos solía ayudar, se ha tenido que buscar trabajo", revela Millán. Tampoco ha podido contratar a las dos o tres personas que suele emplear habitualmente. "No podemos trabajar, no hay ni fiestas ni ninguna posibilidad", expone este bilbaino, quien indica que no les permiten trabajar ni aún habiendo presentado un protocolo de seguridad e higiene. "En Euskadi, la temporada empieza en junio y acaba en octubre, en Sanfaustos de Basauri. Son los cuatro meses más fuertes del año", apunta, dando a entender que la temporada ya está perdida. "Pero el problema no es este año, sino 2021. ¿Qué va a pasar? No sabemos si habrá tratamiento o vacuna. Ese es el miedo que tenemos ahora", confiesa.

El mismo desasosiego manifiesta Álvaro Martínez, un feriante riojano que no se ha perdido ni una Aste Nagusia. "Mi padre estuvo viniendo a Bilbao más de sesenta años. Hemos conocido todas las ubicaciones en las que se ponían las atracciones. Tengo 49 años y he nacido en la feria", revela sin poder creer aún lo que está ocurriendo este año. "Parece una película", afirma el propietario de un péndulo que se eleva y gira 360 grados y un dragón tipo montaña rusa, llamado Stratosfere. "Lo primero es la salud de las personas, pero ahora que funciona prácticamente todo, incluso los parques de atracciones, que tienen un protocolo idéntico al que hemos presentado, no tiene sentido que no nos dejen trabajar", afirma Martínez.

La situación es similar en todo el Estado, con algunas salvedades. "En Valencia, por ejemplo, hay un grupo al que le han dejado funcionar. No han recibido ninguna queja", expone este feriante riojano, quien indica que pueden aguantar tres o cuatro meses sin trabajar, pero no el año entero. ¿La última vez que trabajó? En las fiestas del Pilar, en Zaragoza, en octubre del año pasado. "En La Rioja hemos hablado con todos los partidos políticos, todo son buenas palabras, pero nadie te da una solución", afirma. Uno de los aspectos que más lamentan los feriantes es el abandono de las instituciones. "Hay ayuntamientos que no se han dignado ni a darnos una respuesta, aunque las adjudicaciones estuvieran hechas. Es como si no existiéramos", afirma Martínez. "Este año he hecho el pago para poner mis atracciones en Sevilla, Palma de Mallorca y Castellón teniendo que volver a casa. Todavía no nos han devuelto el pago de alguna feria", concreta.

Como autónomos, su mujer y él cobran una prestación de 600 euros, pero temen qué ocurrirá cuando las ayudas acaben. Su hijo, que también vive del negocio familiar, está en ERTE. "Aquí no hay futuro. De mi generación quedamos una decena. La mayoría ha decidido cambiar de aires porque no es nada estable", afirma Martínez, que ahora ocupa sus días haciendo pequeños arreglos en sus atracciones, que permanecen en unas naves industriales, a la espera de que puedan suscitar el mismo chute de adrenalina que años atrás.

Como secretario general de la Asociación de Feriantes de Euskadi (Afade), Alberto Domínguez considera que la desatención de las instituciones es el resultado de que nadie se quiera mojar. "¿Estamos luchando contra una pandemia o contra las barracas?", pregunta, de forma retórica, tras comprobar que ninguna de las alternativas que proporcionaban para reiniciar la actividad contó con el beneplácito de los ayuntamientos. El responsable de la asociación relata que cuando comenzó la pandemia enviaron a los ayuntamientos un documento en el que se detallaba el protocolo de seguridad que pretendían poner en marcha. "Al no haber fiestas propusimos instalarnos en recintos cerrados, con vallas y con vigilancia. Evidentemente las mascarillas serían obligatorias. Cuando la atracción terminara y la gente bajara, se pulverizaría cada asiento. Además, cada hora se desalojaría el recinto para limpiarlo todo. Y lo más importante: se garantizarían las distancias de seguridad en todo momento", relata Domínguez.

Aunque considera que son medidas que podrían servir "desde Aste Nagusia hasta las fiestas de los pueblos más pequeños", su propuesta cayó en saco roto. El responsable de la asociación considera que como no hay fiestas, automáticamente se da por hecho que tampoco iba a haber barracas, sin pensar en todas las familias que viven de la feria. "El Gobierno vasco no las ha prohibido. Ha sido una decisión de los ayuntamientos, a través de Eudel. Algunos dicen que en el espacio público no se atreven. Pero la rueda de caballitos de Donostia han hecho que funcionen. ¿La explicación legal? Tienen concesión", apunta Domínguez, quien habla en nombre de un sector que se siente discriminado. "Todavía nadie me ha contestado si el metro se limpia cuando se termina su recorrido", afirma.

"No entendemos que no nos dejen de ninguna manera. En Basauri, donde se celebran las fiestas en octubre, hace dos meses que nos dijeron que no. Y eso que nos ponemos en un aparcamiento de camiones a dos kilómetros del núcleo urbano", desvela Domínguez, quien concreta que uno de los pocos ayuntamientos que ha permitido la instalación de barracas ha sido el de Zarautz. "En muchas fiestas los feriantes montamos una semana antes y después nos quedamos otra. Se hacen muchas inversiones que solo se pueden amortizar en verano", expone. "Hay gente que ya está en Cáritas, al borde de la desesperación", concluye el responsable de Afade.

imágenes que no se repetirán en este año

Un foco de atracción en las fiestas. Miles de personas se acercan cada Aste Nagusia hasta el Parque Etxebarria para disfrutar de las barracas que se instalan días antes de las fiestas. Una colosal noria capitanea las atracciones que están rodeadas de tómbolas, bingos y casetas de comida.

"El problema no es este año, sino 2021. ¿Qué va a pasar? No sabemos si habrá tratamiento o vacuna"

"Como intuíamos que la situación iba a ser difícil, mi hijo se ha tenido que buscar otro trabajo"

Diego Millán

Feriante bilbaino

"Lo primero es la salud de las personas, pero ahora que funciona todo no tiene sentido que no nos dejen trabajar"

"Aquí no hay futuro, de mi generación quedamos una decena; esto no es estable"

Álvaro Martínez

Feriante riojano