Coordinador del equipo de trabajo conjunto de la Fundación Arizmendiarrieta y Euskalit

Jon Emaldi: "Con Euskalit hemos pasado de conceptos genéricos a buenas prácticas para las empresas"

Jon Emaldi confirma que el trabajo realizado con Euskalit ha supuesto un gran empuje para el desarrollo del MIPE de cara a llegar a un modelo de empresa más inclusivo y participativo, que a la vez sea más competitivo y más humano

02.05.2022 | 10:59
Jon Emaldi alaba el avance logrado con Euskalit.

Para el coordinador del equipo conjunto de la Fundación Arizmendiarrieta y Euskalit, el resultado del trabajo ha sido "muy gratificante" y esencial para adaptar el MIPE a la realidad de las empresas de la CAV y Nafarroa, al tiempo que avala que el cambio es posible.

¿Cuáles han sido los frutos de ese trabajo conjunto?

—Recoge los ámbitos de actuación, las orientaciones para su implementación y los indicadores que permiten el seguimiento de dicha implementación del Modelo Inclusivo Participativo de Empresa aprobado por unanimidad de los parlamentos navarro y vasco en 2018. A partir del modelo inicial se ha llegado a un modelo más evaluable, con una metodología de Euskalit-Fundación Vasca para la Calidad. Con su ayuda hemos pasado de unas recomendaciones generales, de conceptos genéricos que tienen que tener las empresas para aunar la competitividad y el reto de hacer una empresa más humana, a unas buenas prácticas y unos indicadores de seguimiento sobre ellas –medidores tanto de rendimiento como de opinión–, aplicados a la realidad de las empresas de la CAV y Nafarroa.

¿Quiénes han compuesto el equipo para este desarrollo?

—El equipo de trabajo ha estado compuesto por miembros de la Fundación Arizmendiarrieta, de Euskalit y personas con gran experiencia en cooperativismo de la Corporación Mondragón y de las universidades de Deusto y Mondragón. Es un equipo multidisciplinar, conocedor de la metodología de cómo hacer modelos de gestión de empresa y prácticamente todos ellos son evaluadores de Euskalit.

¿Este trabajo con Euskalit ha sido fundamental para implementar la filosofía del MIPE?

—Supone una concreción que ofrecemos a las empresas para poder dar el paso de aplicar unas recetas muy concretas, contrastadas con la experiencia de las cooperativas, y que desarrollan esas ideas de mayor participación, mayor colaboración entre las personas, mayor adhesión de estas hacia el proyecto compartido que es el desarrollo de la empresa y mayor participación tanto en las formas de gestionar como en los resultados, incluso con participación en el capital. Hay que pasar de la filosofía a los comportamientos concretos. Además, es un modelo muy modular, que debe aplicarse a cada empresa de forma distinta.

¿Se recogen recomendaciones concretas en 30 ámbitos de la gestión empresarial?

—Sí, agrupados en cuatro ejes, que son la gestión y cultura de empresa, proyecto compartido, participación en gestión, resultados y propiedad, e impacto social.

¿Cómo han trabajado para llegar a ellas?

—Hemos comparado este modelo con otros que existen y hemos visto que está muy alineado con el modelo de empresa avanzada. Si bien Euskalit ha desarrollado en mayor medida la parte relativa a la participación de los trabajadores y trabajadoras en la empresa. También lo hemos comparado con Ekinbarri, que habla de buscar unas nuevas relaciones entre las personas. El MIPE está totalmente alineado con ello, pero desarrolla en mayor medida los temas que tienen que ver con una retribución que no marque demasiadas diferencias salariales y los elementos relativos a la participación de las personas en los procesos de decisión y en los resultados o en el capital.

¿Ha sido un trabajo arduo?

—Sí, pero muy gratificante porque aunque el equipo de trabajo mezclaba orientaciones distintas, todos estábamos muy alineados. Teníamos distintos puntos de vista pero compartíamos que ese modelo de empresa nueva tiene que estar basado en que las personas necesitan empoderarse para avanzar y tener mayor valor añadido en su trabajo. Esa es la única forma de que la empresa resulte en su conjunto más competitiva. Y por otro lado, el estilo de relación dentro de la empresa tiene que ser de igual a igual, debe ser capaz de empujar las aportaciones de cada uno por la vía de la adhesión. Todos los puestos tienen que ir convergiendo, porque todos aportan un elevado valor añadido. Además es una aportación vasca a los cambios en la empresa que son absolutamente necesarios y que se están demandando a nivel europeo de forma generalizada e incluso a nivel mundial.

¿Pero hacer las cosas de una manera diferente requiere un cambio drástico de mentalidad en la empresa?

—Hay una demanda muy clara de ese cambio en las empresas para mejorar su competitividad. Es un clamor. Ekinbarri y las patronales vizcainas hablan de cambiar el estilo de relaciones dentro de la empresa. Ello tiene que cambiar, al igual que el funcionamiento, la forma de dirigir y la convicción de las personas de que tienen que participar en un proyecto común. La competitividad de la empresa se basa en la cooperación, la participación y el desarrollo de las personas, de tal manera que no hay el conflicto de la lucha de clases tradicional sino un proyecto compartido que evidentemente tiene sus tensiones. El MIPE propone avanzar en que la competitividad tiene que estar basada en esa correlación de fuerzas y en ese compartir las formas de gestionar que hasta ahora no era habitual. En las cooperativas ya se había demostrado que tenía un gran valor.

La experiencia previa en las cooperativas vascas avala sobre el terreno que el cambio es factible€

—Esto no es un trabajo académico sino una cuestión muy contrastada en la práctica, y ello en el grupo empresarial más importante del País Vasco, que es el Grupo Cooperativo Mondragón. Por ello tiene todas las garantías. Se ha comprobado cómo las empresas pueden funcionar de forma eficaz, competitiva y exitosa.

Y después del trabajo con Euskalit ¿cuál es el siguiente paso?

—La iniciativa ahora la toma la Fundación Arizmendiarrieta para ir implantando el modelo a nivel de empresas que estén convencidas de su utilidad y lo estamos desarrollando, porque es algo dinámico que se debe ir adaptando a cada entorno.

¿Algún sector empresarial es más sensible hacia el Modelo Inclusivo Participativo de Empresa?

—Las asociaciones de empresarios vascos están más cerca de este modelo. En algunos casos, la participación en la propiedad se ve incluso como una herramienta de fidelización de los profesionales críticos, para retener el talento. Cuanto más cualificada e internacionalizada es la empresa y está compitiendo por calidad e innovación, ve más necesarias estas propuestas. También hemos recogido muchas sugerencias de los propios empresarios.

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