Colegio de Enfermería de Bizkaia

"El que todos podamos disfrutar de esta 'nueva normalidad' depende en gran medida de que hagamos nuestro trabajo"

29.06.2020 | 08:56
"El que todos podamos disfrutar de esta 'nueva normalidad' depende en gran medida de que hagamos nuestro trabajo"

Las enfermeras y enfermeros gestores de casos de Osakidetza son uno de los puntos claves en la 'nueva normalidad', tanto para las personas con Covid-19 y sus contactos, como para las que necesitan cuidados.

La pandemia de la Covid-19 ha obligado a los sistemas sanitarios de todo el mundo a adaptarse rápidamente. Un ejemplo claro de esto lo constituyen los 36 enfermeros y enfermeras gestores de casos, incorporados recientemente a Osakidetza para desempeñar, junto a un equipo multidisciplinar formado por profesionales de Epidemiología, Salud Laboral, Unidades de Prevención, Osalan y Atención Primaria, uno de los papeles clave en la pasada desescalada y en la 'nueva normalidad'.
Sobre sus hombros recae buena parte de la responsabilidad de que la 'nueva normalidad' no sufra una involución. Al mismo tiempo, los enfermeros y enfermeras de Atención Primaria y Consultas activan medidas para detectar poblaciones vulnerables y hacer frente a las nuevas necesidades de salud que han surgido durante esta crisis.
La enfermera Janire Portuondo trabaja desde marzo de 2019 en la estrategia de Atención Primaria de Osakidetza. Desde entonces, representa a la profesión en el primer nivel asistencial con la coordinadora, Dra. Susana Martín. Tal y como explica, «las y los especialistas en Enfermería Familiar y Comunitaria cuentan en su formación con asignaturas de Epidemiología y Salud Pública, y su triple enfoque, dirigido al individuo, la familia y la comunidad, les colocaba como un actor ideal para el estudio, gestión y seguimiento de casos de Covid-19 y sus contactos estrechos».
Formación específica Para realizar esta labor, estos enfermeros y enfermeras aplican un protocolo desarrollado por el departamento de Salud del Gobierno Vasco y Osakidetza, con una formación específica y un programa piloto que sirvieron para ratificar el acierto de la apuesta por las y los especialistas en Enfermería Familiar y Comunitaria.
«Cada jornada comienza con un listado de casos Covid-19 confirmados por PCR. Ellas y ellos se ocupan, en primer lugar, de localizar a esa persona y sus contactos estrechos, bien sean éstos en el ámbito familiar, en el domicilio de residencia, así como en los entornos laboral y social, para abordar su estudio por el agente de la red que corresponde en cada uno de los contactos», destaca Janire Portuondo.
A partir de ahí, el personal de enfermería ejerce un rol de promoción y educación para la salud, informando al caso positivo y a sus contactos estrechos de la necesidad social y sanitaria que existe para que efectúen un aislamiento domiciliario estricto. Pero, ¿qué ocurriría con una persona que no estuviese dispuesta a hacerlo? «En casos extremos, y desde un ámbito judicial, se podría llegar a solicitar al juzgado un aislamiento forzado por razones de salud pública».
Pero la labor del personal de enfermería especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria no se acaba ahí. Según explica Marcos de la Fuente, uno de los y las 36 profesionales que se han incorporado a este nuevo rol de enfermería, «no solo rastreamos, sino que hacemos mucho más. A partir de las entrevistas con los casos confirmados y los contactos estrechos, gestionamos las necesidades de todo tipo que puedan presentar, derivadas del aislamiento que deben desarrollar durante los próximos días. Damos apoyo, guías de actuación, nos aseguramos de facilitar y gestionar las distintas pruebas diagnósticas que puedan tener lugar durante el aislamiento e, incluso, damos pautas para controlar la ansiedad que eventualmente pudiera surgir, entre otros aspectos. Por ejemplo, somos capaces de ayudar a personas que puedan precisar soporte domiciliario para las comidas o para bajar la basura, a causa de su situación personal durante el aislamiento. Disponemos de una gran cantidad de recursos, incluidas, en caso necesario, las habitaciones de determinados hoteles que participan en este programa».
Mejorar, no empeorar Janire Portuondo alaba lo bien que la población ha respondido durante el confinamiento. Sin embargo, recuerda Lucía Garate, otra enfermera fuertemente ligada a la gestión de la Atención Primaria, «es previsible que el confinamiento, que tanto nos ha ayudado a controlar la infección, también nos haya traído como consecuencia un aumento de la fragilidad o dependencia, de las necesidades emocionales y sociales o de complicaciones de enfermedades». Es por ello que las enfermeras tienen también un papel fundamental en la valoración y priorización de necesidades de salud y están desarrollando medidas como el triaje telefónico para detectar personas que necesitan cuidados y la planificación de los mismos.
Tanto Janire como Marcos de la Fuente son críticos en cómo una parte de la sociedad está desarrollando la 'nueva normalidad'. «Lo que estamos viendo en calles, bares y playas es algo que se puede y se debe mejorar». Según detalla De la Fuente, «con la desescalada y el fin del estado de alarma, además, nos cuesta más convencer a la gente para que se quede en casa». Sin embargo, admite que su nuevo rol enfermero «es interesante e importante». De hecho, pone de manifiesto que «el que todos podamos disfrutar más de esta 'nueva normalidad' depende en gran medida de que todos y todas hagamos nuestro trabajo». Ayudémosles siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias.

«No hemos de bajar la guardia: el coronavirus sigue ahí»
La profesión de enfermería ha vivido en primera línea, junto a sus compañeras y compañeros de las otras profesiones sanitarias, los momentos más duros de la onda epidémica. Largas jornadas de trabajo luchando contra un enemigo nuevo y desconocido, en un contexto global de escasez de equipos de protección y en contacto constante con la muerte —no solo de pacientes, sino, incluso, de compañeras, como fue el caso de Encarni, enfermera vizcaína que fue la primera profesional fallecida por Covid-19 del Estado— han llevado a muchos de estos profesionales hasta el límite de su resistencia. Tal y como recalca María José García Etxaniz, presidenta del Colegio de Enfermería de Bizkaia, «por este motivo, desde el Colegio de Enfermería de Bizkaia, que no dejó de trabajar durante la pandemia, se habilitó un servicio de apoyo psicológico para los más de 8.500 enfermeros y enfermeras colegiados de nuestro Territorio Histórico. Un servicio de ayuda y prevención, tras un episodio de estrés laboral tan importante». «No hemos de bajar la guardia: el coronavirus todavía está ahí», destaca la presidenta del Colegio. «Por responsabilidad, por inteligencia, y por respeto a los profesionales sanitarios que se han dejado la piel en las residencias, en los hospitales, en los centros de salud, en las UCI€ dando el máximo de sí mismos, es necesario que todos sigamos las pautas de seguridad y prevención que nos indican las autoridades sanitarias, y colaborar con ellas para lograr una 'nueva normalidad' sin sobresaltos».