Real Madrid 3 - 1 Athletic

Real Madrid-Athletic: Perder con la cabeza muy alta

Notable versión del Athletic que, en inferioridad desde el minuto trece por expulsión de Raúl García, acaricia el empate ante el Madrid

16.12.2020 | 00:25
Gil Manzano muestra la tarjeta roja a Raúl García, que obligó al Athletic a jugar 80 minutos con uno menos y a un ejercicio de coraje que pudo darle el empate.

El relato de la derrota del Athletic pudo haber sido brevísimo, haber constado exactamente de trece minutos y llevar la rúbrica de Raúl García. Ese fue el tiempo que necesitó para autoexpulsarse con dos entradas del todo gratuitas sobre Kroos que significaron sendas e inobjetables tarjetas. El cable cruzado del veterano pareció arruinar prematuramente cualquier opción de puntuar y desde luego condenó a los suyos a realizar un despliegue extra. Si la visita al Madrid entraña una dificultad objetiva elevada, afrontarla con diez hombres es sinónimo de misión imposible. Bueno, pues el Athletic se negó en redondo a aceptar que su suerte estaba echada y ofreció una actuación notable. Se ajustó el mono de trabajo y vendió carísima su piel. Tanto que aspiró seriamente a rascar un punto.

Las mejores imágenes del encuentro. Fotos: EFE y AFP


Muy cerca del final se truncó la hazaña, pero si un día cabe hacer una lectura positiva de un revés es para valorar lo vivido anoche en Valdebebas. En el sabroso regusto fue capital la implicación, el espíritu combativo del grupo, pero a la hora de enunciar la clave de la sugerente imagen que dejó el Athletic se ha de resaltar su modo de reaccionar a cada uno de los goles recibidos. Si meritoria fue la réplica al derechazo de Kroos en la última acción del primer período, con un arranque de segundo acto impulsivo, muy valiente, que valió para que Capa lograse en empate; qué decir del genio exhibido a raíz del primero de los goles de Benzema, a un cuarto de hora de la conclusión.

Unai Simón se lamenta con los brazos abiertos tras encajar tres goles.

El acierto del letal futbolista galo se antojaba el cierre de la contienda. Acumulaba el Athletic para entonces una hora larga de sacrificio y desgaste, nadie le hubiera reprochado que se dejara ir, sin embargo volvió a tirar de casta y ambición para hacerle pasar un malísimo trago a la tropa de Zidane. Iniciado el tiempo añadido, Vesga tuvo en su bota derecha la igualada, pero se encontró con la parada de la noche. Courtois, vencido, sacó instintivamente un brazo hacia arriba y evitó el bombazo. En la siguiente acción, una contra que pilló a los rojiblancos volcados arriba, Benzema, quién si no, amplió la ventaja y estableció un marcador que sugiere una superioridad que en absoluto se plasmó sobre el césped.

En ese remate franco de Vesga estuvo el desenlace al que opositó un Athletic que eligió el peor escenario posible para reivindicarse y enseñar cuál es su verdadero potencial. Lo del martes no guarda relación alguna con los sucesivos patinazos que ha coleccionado desde septiembre y tan mal ambiente han generado, sobre todo en torno a la figura de Garitano, cuyas decisiones sobre la marcha también se han de ponderar porque sirvieron para preservar la solidez de la estructura hasta el último segundo.

El clásico suele justificar decisiones orientadas a protegerse del guantazo de peso pesado de los blancos y de la dificultad añadida que plantea la vigilancia de Benzema, un falso ariete experto en generar desequilibrios que además llega con puntualidad al remate. Por si hubiese dudas, ahí queda ese par de goles que engordan su cuenta personal. Hace un año Garitano se inclinó por la fórmula de los tres centrales, una variante sin estrenar en el presente curso, que valió un sufrido empate a cero; anoche mantuvo su dibujo habitual, pero con novedades. Emparejó por vez primera a Dani García y Vencedor, los medios más estáticos de que dispone, reforzó el ala derecha con De Marcos (partidazo del capitán, por cierto) unos metros por delante de Capa y un mes después devolvió la titularidad a Raúl García, sacrificando a Muniain. Arriba Williams ocupó la posición de Villalibre.

Sobre el papel un once capaz de asumir mucho trabajo sin balón, un bien escaso en el feudo del Madrid. Y a ello se aplicó de salida, con eficacia, robos y llegadas, una puesta en escena interesante y lógicamente imposible de sostener en inferioridad. La desproporcionada agresividad de Raúl García condenó a su equipo a padecer un monólogo madridista. Durante muchos minutos la penitencia resultó llevadera, el Athletic se amoldó al repliegue tirando de orden y solidaridad, sin renunciar a mirar el área contraria. Largo rato permaneció inédito Simón, tal era la incomodidad del Madrid, de lo que dejó constancia con una circulación al ralentí, insuficiente para hallar resquicios.

En realidad los problemas del Athletic se concentraron en los cinco minutos previos al descanso. El primer apuro gordo vino en un remate a bocajarro de Vinicius, en flagrante fuera de juego, repelido por el portero. Seguido hubo otra de Valverde, precedida de mano propia. El VAR no intervino en ninguna de estas acciones porque la pelota no alcanzó la red. Eran el preludio al conocido derechazo de Kroos, un desatascador muy fiable cuando a Benzema le falta suministro. El principio del fin no fue tal atendiendo al desarrollo cronológico del duelo. El Athletic, refractario a la resignación, forzó la máquina consciente de que el paso de los minutos iba en su contra, obtuvo premio y siguió compacto, firme hasta que Benzema le sorprendió en una acción a balón parado. Antes, mantuvo a raya al Madrid, preocupado Zidane tuvo que agitar su formación, mientras que Garitano iba refrescando sus líneas. Todo discurría bajo control, pero el enorme sacrificio invertido resultó vano. Detalles, una jornada más, sentenciaron a un Athletic que en realidad quedó abocado a la derrota en el minuto trece y no quiso darse por aludido.