Inmunóloga de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU)

Begoña Díez: "Preparémonos como si una posible segunda ola del coronavirus fuera segura"

"Vamos a intentar contener la probable segunda oleada de covid, al tiempo que el sistema sanitario debe estar preparado como si llegara seguro", sostiene la experta

08.07.2020 | 00:11
Begoña Díez

El mensaje que desea transmitir Begoña Díez, investigadora del Departamento de Inmunología, Microbiología y Parasitología de la Universidad del País Vasco (UPV), es que la sociedad debe de involucrarse plenamente para frenar los rebrotes de covid-19 y que no se produzcan situaciones en las que sea necesario volver a la fase anterior a la desescalada porque se considere que la transmisión es suficientemente importante y rápida como para poner en riesgo el manejo epidémico. Al mismo tiempo, señala que el sistema sanitario no puede permitirse no estar preparado ante una segunda ola pandémica. "Hay que situarse en el peor escenario posible, porque aunque nadie tenga certezas absolutas sobre lo que vendrá en otoño, si sucede lo que parece más previsible, ha de actuarse con rapidez y medios para que no se desencadene de nuevo otro proceso tan dramático como el vivido".

El responsable en Europa de la OMS pide prepararse ya para un rebrote "muy probable" en otoño.

—Aunque la expectativa hoy de que la transmisión del virus sea cero sea imposible, el escenario actual muestra que la tendencia de transmisión es muy baja, lo que indicaría que vamos bien, aunque ciertamente la tendencia no acabe de asentarse del todo, pues aparecen nuevos brotes que sí son bien contenidos, pero en algunos casos están llevando a nuevas medidas de confinamiento.

A pesar de que la transmisión sea pequeña, los datos indican que la presencia del virus se mantiene

—Sí. Había un estudio matemático de previsión sobre la posibilidad de que en España la transmisión fuera cero en agosto; esto ya no parece que se pueda cumplir. Además, la presencia del virus es constante, lo que apunta a que permanecerá, sí, en pequeños focos, pero estará siempre ahí de continuo.

¿Qué ocurrirá en otoño?

—Lo que estamos aprendiendo con el virus es que la transmisión que pensábamos que era principalmente por contacto indirecto es, según los datos epidemiológicos, por contacto directo y quizás también a través de aerosoles, pero de forma menos importante. Esto nos lo indican los focos que se están produciendo en espacios cerrados, donde hay cercanía entre personas. En invierno nuestra capacidad de estar en el exterior será menor, con lo cual es probable que los contagios vayan de nuevo hacia arriba.

¿Eran previsibles rebrotes como los que se están dando?

—Totalmente, porque nos hemos desconfinado cuando todavía había transmisión elevada; aunque los datos apuntaban a que podía ir diminuyendo, hemos salido antes de tener la transmisión cero. Se ha hecho porque es imposible mantener el confinamiento, por cuestiones psicológicas, laborales, económicas, hasta una situación de covid cero. Nos hemos desescalado cuando el virus era controlable desde el punto de vista de los recursos: test, PCR, hospitalización, UCIs..., cuando podíamos hacerlo sin que supusiera un colapso y un descalabro para el sistema sanitario.

¿El punto crítico en este momento es abordar los brotes por rastreo de contactos?

—Sí. Las autoridades sanitarias están elaborando un Plan de Preparación y Respuesta para la segunda oleada; el Gobierno está realizando una serie de protocolos, ya a punto de aprobarse, para prepararse ante la segunda oleada a través de unos indicadores de alerta temprana que identifiquen rápidamente esos brotes.

Un rastreo rápido y precoz.

—Sí. Con esta estrategia se podrán adoptar acciones que puedan ir desde el aislamiento de personas que resulten infectadas hasta el confinamiento o la cuarentena de quienes hayan estado en contacto con ellas y puedan desarrollar o no la infección. Porque mucha gente cree que la PCR es como la piedra filosofal, pero es una prueba de gran especificidad y sensibilidad cuando el virus está en la persona en el momento adecuado y se detecta bien. Sin embargo, puede haber un contacto de una persona infectada que hasta pasados los siete días no desarrolle los síntomas de la infección que ha contraído por ese caso. Por eso es importante rastrear los contactos y localizarlos para confinarlos y aislarlos.

¿Debemos apelar a la responsabilidad individual en espacios públicos, sobre todo a la de los jóvenes?

—Exacto. Estamos detectando muchos casos de jóvenes asintomáticos que son contactos de casos. Su identificación es mayor de la que teníamos cuando en la pandemia estuvo el virus más activo, porque no eran detectables ya que no estaban enfermos; ahora, por medio del rastreo vemos que los jóvenes son un foco muy importante de transmisión intermediaria, porque ellos pueden no sufrir la enfermedad, pero sí ser fuente irradiadora de transmisión y los tenemos deslocalizados.

¿Se está identificando rápidamente a los posibles contagiados?

—Es precisa la identificación epidemiólogica precoz a través de los laboratorios públicos, pero también de los privados, donde últimamente se están haciendo muchas pruebas; además, tenemos que estar preparados desde el punto de vista de la asistencia hospitalaria ante la posibilidad de la segunda ola como si su llegada fuera segura.

Hasta tener una vacuna, ¿sabemos cómo evitar la transmisión? ¿Se teme que se baje la guardia?

—No podemos pensar que "como llegará la segunda oleada y no podrá evitarse, aprovechemos ahora para vivir como queramos". No podemos bajar la guardia pensando que no podemos hacer nada. Hemos de seguir con las medidas higiénicas, la mascarilla y la distancia física.

¿Este año habrá que potenciar la vacunación frente a la gripe?

—Será indispensable que a las personas de riesgo y quienes interactuamos con muchos individuos nos vacunen; lógicamente, también el personal del ámbito sanitario que, en estas circunstancias, tiene que cuidarse como si fuera oro. Durante el período duro de la pandemia, que se solapó con la gripe, se vio que el cuadro asociado entre gripe y coronavirus tenía consecuencias gravísimas. Hay que vacunarse, no solo porque en la coinfección por ambos virus cada uno agrava al otro, sino también para evitar la transmisión al resto de las personas. Para eso usamos las vacunas.

"Los brotes eran previsibles porque hemos empezado a salir cuando todavía había transmisión del virus"

"La gente debe ser el dique de contención porque en la primera tanda vacunal solo habrá 4 millones de dosis"