redes de trata y prostitución

“Comprar el cuerpo de una mujer es la forma máxima de explotación y violencia”

Desirée Bozzeta trabaja en la Casa de la Mujer, en Perú, ayudando a víctimas de las redes de trata y prostitución y se ha convertido en una referencia en el país

08.02.2020 | 17:33
Desirée Bozetta trabaja en la Casa de la Mujer Santa María Micaela, financiada por Manos Unidas, con víctimas de trata.

Desirée Bozzeta trabaja en la Casa de la Mujer, en Perú, y se ha convertido en una referencia en el país

Bilbao - La mujer del siglo XXI en la mayoría de los lugares del mundo no es ni independiente, ni está segura, ni tiene voz. Una de cada tres mujeres de hoy no es como te la imaginas en este occidente. En estos momentos las cifras de la pobreza son escandalosas: 1.300 millones de seres humanos. Y los principales rostros de la pobreza siguen siendo los mismos: rostros de niños y niñas, jóvenes desempleados; indígenas y campesinos expulsados de sus territorios

Como cada año cuando nos acercamos al segundo domingo de febrero, Manos Unidas lanza su campaña anual. Este es el primer año del trienio dedicado a los derechos humanos. Por ello, la campaña de 2019 se centra en la mujer. En este marco, la organización eclesial invitó a Euskadi a Desirée Bozzeta, trabajadora social en la Congregación de las Religiosas Adoratrices en Lima (Perú) acompañando a mujeres en situación de prostitución, explotación sexual y víctimas de trata de personas.

Desirée ofreció su testimonio sobre la dura realidad de su labor diaria apoyando a las mujeres en situación de vulnerabilidad extrema a empoderarse, "porque las mafias se aprovechan de su pobreza, falta de formación, salud... para comerciar con ellas y explotarlas sexualmente", relata. La colecta de las parroquias de este fin de semana será para financiar proyectos como la Casa de la Mujer Santa María Micaela, en Lima.

La mayoría de las mujeres a las que asisten proceden de asentamientos humanos e invasiones de la ciudad de Lima y con carencias de los servicios básicos como agua. Es importante resaltar que el 90% son hijas de personas migrantes de la sierra y la selva del país, caracterizadas por ser familias con un bajo nivel de educación y patrones culturales hegemónicamente machistas.

La Casa, abierta en 2015 en principio para 12 mujeres -en la actualidad acoge a 52 peruanas, venezolanas, españolas y ecuatorianas- fue un proyecto piloto y se ha convertido en una referencia del país para el empoderamiento de las víctimas de trata y explotación sexual. "Nuestro proyecto estaba pensado para mujeres de 18 a 25 años que son rescatadas de las mafias que las explotan, pero la situación del país nos ha obligado a aceptar también a menores que son atendidas en situación de urgencias ante la falta de centros del Estado", explica Desirée.

El proyecto en el que está inmersa busca el empoderamiento y el desarrollo económico y la autonomía de las mujeres. "Tenemos casos exitosos como el de las últimas ocho mujeres que han emprendido su propio negocio; otras 15 se han reinsertado laboralmente. Pero donde hemos visto que resulta más exitosa nuestra actuación es con las mujeres que pasan por la Casa de forma ambulatoria", añade.

Las jóvenes de Mujer Santa María Micaela se forman, se capacitan, y para ello "tenemos talleres técnicos ocupacionales; la idea es que termine el módulo de formación y a los seis meses puedan tener una capacitación del Ministerio de Educación. Esto les abre las puertas ante las empresas, porque muchas de ellas no tienen ni la secundaria terminada; es una gran limitación", sostiene

Casos como el de soralinda Jóvenes como Soralinda, de 19 años víctima de trata pura, que siempre quiso estudiar, pero no tuvo oportunidades. Vio la necesidad de trabajar y creyó en la oportunidad que le ofreció una señora. "Fue engañada, captada y trasladada a un lugar cerca de la selva. Allí la prostituyeron, la obligaron a abortar y gracias a un rescate policial fue liberada". Soralinda cumple ahora sus sueños porque estudia y trabaja. "Para nosotros es un caso grande", afirma.

Como lo es la situación extrema de Rosana, quemada viva, o el de la española Patricia, captada por la secta del Príncipe que abusaba de sus tres mujeres en la selva con sus respectivos hijos en situaciones infrahumanas. "Cuando la joven española escapó de su captor, con el que estaba voluntariamente, también pasó por la Casa. Estos son casos mediáticos, pero cada día vemos otros peores que pasan desapercibidos", reconoce la trabajadora social, quien agradece el apoyo de Manos Unidas para mantener el proyecto. "Sin su ayuda no podríamos sostener la Casa", reconoce.

alternativas Desirée es consciente de la difícil solución a la prostitución, y por lo tanto la trata de personas con fines sexuales, por ser uno de los negocios junto al tráfico de armas, más lucrativos del planeta. "Cada vez aparecen nuevas formas de prostitución y hay que dejar claro que nadie llega a esa situación de forma voluntaria; siempre hay una causa, incluidas las emocionales. Por esto, si encuentran alternativas, todas las mujeres quieren abandonar esa forma de explotación. No acabaremos con la prostitución, pero sí podemos sensibilizar a los potenciales clientes para que sean conscientes de que cada vez que compran el cuerpo de una mujer la explotan y es la mayor forma de violencia contra ellas".

Desirée Bozetta sabe lo duro que es luchar contra las grandes mafias o redes que someten de manera consciente e inmisericorde a las adolescentes y jóvenes, utilizando a individuos adultos que se aprovechan de su vulnerabilidad y de su ignorancia.

"Por eso es importante ofrecerles una asistencia integral, que es en lo que nos ocupamos en la Casa en Lima. Porque desde sus inicios, hace 60 años, trabajar para los derechos humanos ha formado parte de la misión de Manos Unidas y uno de sus mayores empeños, el empoderamiento de las mujeres como uno de los grupos mas vulnerables, sin que ello suponga excluir a ninguno de los otros colectivos con los que trabajan. De ahí el lema de este año, Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas".