Emma Suárez: "Los vascos tenéis sentido del cine y unos guiones muy interesantes"

Estrenada la semana pasada, 'Una ventana al mar' es una película que está siendo noticia profusa estos días, una cinta que tiene su epicentro en Bilbao y que protagoniza una actriz con amplia y larga relación con la tierra vasca. Emma Suárez es una clásica de nuestra escena que no tiene miedo a confesar: "Me siento un poco vasca".

20.10.2020 | 20:10
Emma Suárez, fotografiada en Bilbao.

Emma Suárez ha descubierto un universo diferente a través de María, su personaje en Una ventana al mar, película del madrileño Miguel Ángel Jiménez que desde su mismo estreno hace escasos días está teniendo una excelente acogida por parte del público, pero también de la crítica especializada. El argumento tiene mucho de realidad y los escenarios se dividen entre la isla griega de Nisyros y Bilbao, dos universos distantes y que poco tienen que ver, en principio, pero que trazan la línea de una intensa aventura vital. La actriz se ha enamorado de la historia y ha vuelto a grabar en uno de sus lugares favoritos, Euskadi. María es una mujer madura, tiene un hijo adulto y vive su vida sin riesgos. Es de Portugalete (Bizkaia), trabaja en el Palacio Euskalduna y no tiene ningún interés en llevar sus aventuras más allá de los libros que lee. Un diagnóstico médico le enfrenta a una grave enfermedad y también a sus miedos y a su predecible existencia, así que toma una decisión: viajar con sus amigas a Grecia. Deja atrás su vida cómoda y su trabajo en la capital vizcaína, a la que ya no regresa. La isla de Nisyros y Stefanos, el hombre que cambia su mirada, la retendrán en un punto que no tiene retorno. Una ventana al mar tenía que haberse estrenado en primavera, pero se ha convertido en una historia de otoño por obra de la pandemia. La actriz madrileña tiene una amplia relación con el País Vasco, que muchos intuyen desde que se convirtiera en actriz fetiche para Julio Medem con Vacas (1992), La ardilla roja (1993) y Tierra (1996). Pero todo viene de antes: a Bilbao llegó en 1983 ilusionada ante su primera obra de teatro, El cementerio de los pájaros, obra de Antonio Gala que se vio engullida por las inundaciones extremas que se sufrieron aquel año. En 2018 volvería con una historia de Koldo Serra, 70 binladens. En Barakaldo rodó en 1989 La blanca Paloma, de Juan Miñón, y de ahí hasta el rodaje en Estella de Bajo las estrellas de Félix Viscarret, en 2007, ha pasado un poco de todo. Es más, después de Una ventana al mar, que es de 2019, aún se puso este mismo 2020 a las órdenes de otra directora vasca aunque nacida en Madrid, Gracia Querejeta, con la que ha hecho Invisibles. "Me siento un poco vasca. No he contado las veces que he estado en el Festival de San Sebastián, pero son muchas. Es que los vascos me gustáis mucho", asegura.

¿Cómo es Una ventana al mar?
Una película luminosa, esperanzadora, una historia que en este tiempo que vivimos sirve para que podamos volver al cine. Es algo que tenemos que hacer con Una ventana al mar y con otros tantos proyectos que se están estrenando.

¿Corren malos tiempos para la cultura?
Es lo que nos están vendiendo, pero no es así. Es el momento ideal para que volvamos al cine, al teatro, para que cojamos un libro, para escuchar música, para contemplar una obra de arte en el museo que tú quieras€ Necesitamos más que nunca la cultura para alimentar nuestra mente y nuestro espíritu.

Quizá debiera comentarlo con los políticos.
Con esta confusión y el cacao al que nos tienen sometidos no vamos a ningún lado, más allá de someternos al miedo al que nos están llevando. También nos están llevando hacia la agresividad. ¡Qué horror! Pero esta película es esperanzadora. Parte de un lugar que adoro, el País Vasco, y me lleva a Grecia, a una isla que es un paraíso. Tiene escenarios que me llenan mucho y en los que me he sentido muy a gusto.

Hablemos de María, una bilbaína que resurge en lo personal tras un palo de salud muy duro.
Es un personajazo, una mujer que me gusta mucho. Ella es de Portugalete, trabaja en el Palacio Euskalduna, y es apocada, escondida, guardada, discreta, una mujer que no se quiere a sí misma.

¿Una mujer sin sueños?
Los tiene, pero no los desarrolla. Se refugia en libros de aventuras y en la música, pero es alguien a quien la realidad no le ha permitido vivir en el sentido más romántico de la expresión. A raíz de una noticia tan terrible como es una enfermedad, ella comienza a hacer un proceso y una transformación en la que abre compuertas y territorios íntimos que le van a llevar a un resurgimiento, a la mejor versión de sí misma.

Y se va a Grecia. ¿Es una huida?
Sí y no, depende cómo lo mires. Ella se va a reconocer en este viaje a Grecia con sus amigas y se va a atrever a vivir. Atreverse a vivir no es una huida, es todo lo contrario. Me parece de una dignidad increíble, me parece una mujer tan valiente, tan decidida a dejar atrás una vida protegida por sí misma, que me apasiona.

¿Una aventura personal llevada hasta un límite no concebido?
Ir a Grecia no es hoy en día una aventura. Cuando hablamos de María no estamos hablando de una mujer inquieta, lanzada, sino todo lo contrario, ante los ojos de los demás y posiblemente ante ella misma. Se atreve a romper con los esquemas de su vida, con su pasado y con ciertas actitudes. Decide lanzarse, saltar y se deja llevar, algo que no ha hecho nunca. Toma decisiones con su vida que le llevan a esta preciosa historia de amor con Stefanos.

Parece usted una Emma Suárez totalmente enamorada de María.
Es que este personaje ha sido todo un regalo. Cuando leí el guion, no tuve ninguna duda: sentí inmediatamente la curiosidad de conocer a las personas que habían escrito esta historia, quedé con ellas y me contaron de dónde partía la idea.

Una historia muy personal.
Eso me motivó y me estimuló mucho más. De alguna manera, Miguel Ángel Jiménez (director y creador) ha escrito esta historia haciendo un homenaje a su madre. Me emocionó que los responsables del proyecto hubieran pensado en mí para interpretar al personaje de María. Saber lo que había detrás y de dónde partía la historia fue lo más interesante para convencerme de que yo debía dar vida a una mujer tan valiente y tan dispuesta a vivir.

¿No le comprometía emocionalmente saber el origen de esta historia?
Claro que sí, pero de una forma tan interesante que dudo que una actriz hubiera dicho que no a un personaje de estas características. Resistirse era impensable.

¿Es un personaje introvertido?
Un personaje que mira para dentro, pero que es capaz de sacar lo mejor de sí mismo para darse la oportunidad de vivir. En María había sentimientos personales y reales que formaban parte de la película.

¿Sintió vértigo al involucrarse en una historia tan privada y personal?
Por un lado me daba miedo, por otro sentía pudor, pero era una apuesta personal hacer de María, una mujer que me había conquistado como pocas lo han hecho a lo largo de mi vida. Pensé que la única manera de afrontarla era la honestidad, ser sincera y hacerlo limpiamente. Había que hacerlo de modo transparente, porque todo está en su mirada. Es verdad que la isla, Nisyros, es un personaje más. Su paisaje, el mar Egeo, ese volcán, la arena y la luz de Grecia convierten el lugar en un personaje con el que María se relaciona. De ahí nace su transformación, y también el amor. Esa relación solo podría darse en Nisyros.

¿Un lugar para irse a vivir en cualquier circunstancia?
No lo sé, per sí que espero volver. Esta película es muy especial por muchos detalles, como que yo también descubrí Nisyros, un sitio al que me gustaría regresar y perderme. Esta isla me hace pensar de forma diferente y decirme: Yo aquí podría quedarme, perderme, está lejos y me gusta. Pero es un lugar en el que paradójicamente no te pierdes, sino que te encuentras.

Siempre buscamos, aunque sea mentalmente, un lugar para dejar de lado todo lo que vivimos, ¿no le parece?
Pues sí, y a mí me ha tocado la suerte de hacer esta película y descubrir que existen lugares como esta isla. Vivimos tan entretenidos en esta sociedad, tan convencidos de que tenemos que correr de un sitio a otro para alcanzar no sé qué objetivos, que siempre nos estamos quejando de la falta de tiempo.

Igual siempre nos estamos quejando, en general.
Es cierto, pero veamos si no te reconoces en estas frases: No tengo tiempo para mí. Me gustaría hacer este viaje, pero ahora no puedo. Tengo este proyecto y ahora lo tengo que dejar, no tengo tiempo. Siempre me habría gustado ir a este lugar, pero no tengo tiempo. Quiero hacer un viaje con mis amigas, pero no tenemos tiempo€ Siempre nos estamos quejando de las cosas que queremos hacer y no podemos. Es absurdo.

A lo mejor buscamos la excusa del tiempo para no salir de nuestros mundos llenos de prisas y estrés.
Seguramente. Estamos educados en el capitalismo, en la sociedad de consumo, en pagar las hipotecas, en tener que trabajar al límite para poder hacer frente a un montón de gastos. Estamos preparados para comprarnos un coche, un buen bolso que hemos visto en un escaparate€ Estamos entretenidos en comprarnos un no sé qué y un no sé cuántos. Después de haber hecho el personaje de María, aunque antes también lo pensaba, me he dado cuenta de que estamos entretenidos en cosas superfluas e insustanciales, cosas que solo nos llevan al más absoluto de los vacíos.

Pues lo que describe es el mundo que hemos creado, sobre todo en las últimas décadas, y con el que hemos estado satisfechos acumulando objetos y desechando ilusiones.
Creo que hemos hecho un mundo al revés de nuestras necesidades. Si te das una vuelta por Nisyros te darás cuenta de que no es necesario vivir con todo el consumo que nos rodea, ni tampoco angustiados por la falta de tiempo. La belleza de esa isla, su lujo, es precisamente la ausencia de lujo y de necesidades superfluas, y eso te hace reconciliarte con el tiempo.

Una ventana al mar ya se presentó en el festival de Donostia€
Sí, pero fue hace un año, porque tenía que haberse estrenado en abril, pero la pandemia la sacó de las previsiones de cartelera, como a todo lo demás.

No hace mucho que estrenó otra película centrada en Bilbao.
70 binladens, de Koldo Serra, una película que no tiene nada que ver con esta, que me encantó y que me hizo desear volver a rodar una historia que tuviera relación con el País Vasco. Estoy encantada trabajando con gente vasca. Los vascos tenéis un gran sentido del cine a la hora del rodaje y planteáis guiones muy interesantes. Fue hace dos años y estrenamos en el mismo cine. Además, en Bilbao he hecho mucho teatro. De hecho, mi primera obra la estrené aquí y no se me olvidará nunca, porque se inundó todo.

Pues sería 1983, y ha llovido mucho, nunca mejor dicho.
Y tanto, pero nunca se me olvidará esa obra, El cementerio de los pájaros, de Antonio Gala. Fue impresionante, qué riada. He estado en el País Vasco en sus mejores momentos y también en los peores. Además, recuerdo otra película que hice por estas tierras, La blanca paloma, con Antonio Banderas y Paco Rabal. Como dices, ha llovido mucho desde entonces, Antonio no era tan conocido y mucho menos internacional. Estoy dispuesta a hacer todos los trabajos que quiera la gente de aquí, porque la verdad es que estoy muy a gusto en esta tierra. Conozco Bilbao de antes de las inundaciones, de después, y he venido mucho cuando la ciudad empezaba a transformarse y se convertía en lo que es ahora. La blanca paloma la rodamos en Barakaldo, en Altos Hornos. Le he comentado al dire de Una ventana al mar, a Miguel Ángel, que cada vez que vengo me siento en casa. Es que me siento un poco vasca.

Eso lo dirá usted en todos los lugares que estrena.
No, no siempre lo digo, no sería verdad y a mí me gusta la sinceridad. Siempre que vengo a Bilbao es como que vengo a casa, tengo muchos amigos vascos que viven aquí. Disfruto mucho en esta tierra y la verdad es que los vascos me gustáis mucho.

Gracias. ¿Hay algo que le atrape especialmente de Euskal Herria?
Casi todo: la hospitalidad, la amistad, la gastronomía tan maravillosa... Pero diciendo esto no descubro nada. También diré que haciendo esta película, que parte de Bilbao, he descubierto la gastronomía griega y está muy bien. Recomiendo ir a la isla de la película.

Le van a nombrar embajadora turística de Nisyros.
Me encantaría. Es una isla que te la recorres en 30 minutos en moto. No hay mucho turismo, es de las más desconocidas del mar Egeo, se cierra a finales de octubre y no hay tantos barcos que puedan llegar allí. La gente que se queda a vivir es muy particular, gente que transmite calma total, que tiene pureza en la mirada, la mirada del mar. Tiene esa inocencia que te desarma en una mirada. Había señoras mayores con esas arrugas en la cara que te dejaban hipnotizada. El tiempo pasa de otra manera en esos lugares.

Lugares que no nos ha dado tiempo a contaminar aún.
Lugares que se cierran al tipo de vida que tú y yo vivimos en nuestras ciudades. Son lugares sin prisas, con todo el tiempo del mundo para ti. En sitios como Nisyros debemos aprovechar para pasar el rato, estar, no hacer nada y disfrutar de una mirada al mar.

¿En qué anda metida ahora?
Ahora mismo en nada, está todo parado. El proyecto más importante que tengo es promocionar Una ventana al mar. Me hace mucha ilusión compartir esta historia con la gente, porque es una película que habla de la vida y de la muerte con absoluta sencillez, con normalidad.

¿Qué tiene usted de María?
Esa parte soñadora que muestra, pero también tengo diferencias. Yo soy más arriesgada y de las que se arrepienten de lo que han hecho. Cuando algo me provoca, no dudo, me lanzo, es más, necesito que las cosas me provoquen. Me parece perfecto que me provoquen cierto pánico y cierta dificultad. También tengo cierto instinto solitario y no me gusta el ruido, cada vez menos.

María también arriesga su corazón.
¡Menos mal! De vez en cuando hay que ofrecer el corazón.

¿También es usted de las que arriesga en lo sentimental?
Sí, pero según pasa el tiempo una va cerrándose. Te vas poniendo pequeños candados porque ya conoces el dolor y el amor duele, duele mucho, así que al cabo de los años he buscado un instinto protector a la hora de arriesgar mi corazón. No todas nos encontramos con un Stefanos, como María.

Un hombre que no se atiene a los parámetros estéticos a los que nos ha acostumbrado el cine.
Y eso es lo que de verdad importa. Además él, Akilas (Karafisis), el actor, es un hombre maravilloso. Es un poco como su personaje. En la vida real es director de teatro, actor y profesor de arte dramático, un hombre con una conversación maravillosa, interesante€

Ni que estuviera enamorada de él.
Ja, ja, ja€ Jugábamos mucho con el lenguaje. Él me enseñaba historias, palabras... Ha sido un actor que me ha dado la confianza y la calma perfectas para trabajar a su lado y compartir toda la intimidad que teníamos que compartir. Bueno, llegué hasta a enamorarme de él. Un, día salí del rodaje y le dije al director: "Miguel Ángel, me he enamorado de Akilas". Mis amigas, cuando vieron la película, me decían: "Es un hombre muy normal, no es€". No es el tipo de hombre que enamora a una mujer en una película, pero sí en la realidad. 


PERSONAL
Edad: 56 años (25 de junio de 1964).
Lugar de nacimiento: Madrid.
Familia: Tiene dos hijos.
Trayectoria cinematográfica: La actriz recuerda su primera película como un hecho sustancial en su vida. Solo tenía 14 años y se convirtió en la protagonista de la novela de Rosa Chacel Las  memorias de Leticia Valle. Luego vinieron otros trabajos y pronto fue la actriz deseada por los directores  más importantes. Trabajó con Pilar Miró en El perro del hortelano y en Tu nombre envenena mis sueños; con Julio Medem en Vacas, Tierra y La ardilla roja; fue Julieta con Almodóvar; pasó por Barakaldo para rodar La paloma blanca con Rabal y Banderas; junto a Félix Viscarret grabó Bajo las estrellas€ Otras películas en las que ha tenido papel protagonista han sido La vía láctea, La luna negra, La casa de mi padre,  La próxima piel, 70 binladens, La furias, Una ventana al mar e Invisible (este, de 2020, es el último trabajo que ha rodado, con Gracia Querejeta).
Televisión: Lo último que ha hecho ha sido La zona, Criminal y Néboa
Teatro: Estrenó en Bilbao El cementerio de los pájaros y ha estado en producciones como Bajarse al moro, Las criadas, Antígona, La avería, Viejos tiempos, Deseo o Los hijos de Kennedy, entre otras funciones. 
Premios: Ha ganado tres premios Goya: El perro del hortelano (1996) y Julieta y La próxima piel (2016 ambos).