Mesa de Redacción

El contador

14.05.2021 | 01:05
El contador

DESDE que el pasado abril el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunciara su intención de no prorrogar el estado de alarma sabemos dos cosas: una, que quiere aparentar que está feliz de la vida pese a la bofetada mayúscula que se llevó en las elecciones de Madrid y la segunda que sabemos que asistió a clase el día que enseñaron cómo contar para atrás. Algo es algo. Digo que debe estar feliz de haberse conocido porque de lo contrario no se explica que la misma semana que ha tenido más de 200 muertos en solo 24 horas diga eso de que el estado de alarma es pasado y que el futuro es la vacunación, algo en lo que, por otra parte, todos estamos de acuerdo. Tanto que lleva cuatro días consecutivos contando los días para lograr esa inmunidad de rebaño o, más bien, el 70% de la población vacunada, que no es lo mismo, en esa ansia que le ha llevado a desescalar sin freno. En apenas una semana habremos pasado de un toque de queda y un confinamiento perimetral a la libre movilidad y hasta en algunas comunidades ir a los estadios de fútbol. Ver para creer. Todo ello con un único fin: recuperar el turismo británico y alemán fundamentalmente. El ridículo es tal que el Gobierno Sánchez no exigirá una PCR a los turistas británicos, aunque Boris Johnson no haya mordido el anzuelo y mantenga las cuarentenas. Por cierto, señor Sánchez, efectivamente, la reserva de británicos se ha disparado en la península ibérica... concretamente en Portugal.

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