Más que palabras

Diario del covid-19 (IV)

17.03.2020 | 00:25

NO sé si ha sido maldad o casualidad. En algún sitio informan sobre el cierre de fronteras decretado por el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, con una foto del susodicho a pie de pancarta el 8 de marzo. Para mí, que estoy obsesionado con lo relativo del tiempo desde que se aceleró todo esto, es una prueba irrefutable de la elasticidad del calendario. Como me tengo por un ciudadano concienciado y responsable, acataré las órdenes que lleguen, desde el toque de queda al confinamiento domiciliario obligatorio, pero no aceptaré lecciones de quienes no tuvieron el cuajo de actuar cuando ya era un clamor que teníamos los cuernos asesinos del bicho en nuestro culo. Y ojo, que no lo digo solo por las manis. No puede ser que un domingo te llamen a bañarte en una masa y al siguiente persigan a un runner solitario. O bueno, sí, claro que puede ser. De hecho, es. Uno de los aprendizajes de estas jornadas es que la capacidad de sorpresa resulta superada en décimas de segundo. ¿O acaso se habían imaginado dirigiendo una mirada asesina a un congénere que se les acerca demasiado en el pasillo del supermercado con los anaqueles llenos de calvas? Por no hablar de la necesidad de circular con salvoconducto y el temor a ser requerido a enseñarlo. Brutal. Y aun así, ya verán cómo lo superaremos.